La deuda (Losers 1) 52 #3
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52 #3

—No te lo digo lo suficiente, pero pienso en ello a todas horas. Te miro… —Lo miré de reojo, fijándome en el sudor que tenía en la piel y en la expresión de felicidad que se reflejaba en su rostro—. Y pienso en lo mucho que te quiero, pero no te lo digo, joder.

Tenía los ojos entrecerrados bajo la luz tenue.

—Sé que lo intentas.

—Tengo que esforzarme más. Sé que no siempre lo hago bien. Ni contigo, ni con Jess, ni con Vincent, ni con Jason. Pero lo intento. Y seguiré intentándolo. Quiero que lo sepas.

Antes me asustaba lo mucho que lo quería, igual que me asustaba querer a Jason y a Vincent. Podía perder mucho, demasiado. Y ahora…

Ahora estaba Jessica.

Dios, me aterrorizaba.

Nos tumbamos uno al lado del otro, acurrucados, mientras nos encendíamos otro cigarrillo y nos lo pasábamos. El sol se había puesto y los grillos cantaban entre la hierba alta. El aire se estaba enfriando, el calor por fin empezaba a remitir.

—Creo que ella también te quiere —dije de repente, y él se movió a mi lado.

—¿Jess? Lo dudo.

—No deberías. Deberías haber visto lo preocupada que estaba por ti cuando te fuiste de casa. —Tenía la cabeza apoyada en su brazo y él me abrazó más—. Creo que, si me hubiera peleado con tu padre, ella se habría unido a mí.

Al principio no había esperado mucho de ella. No sería prudente que un tipo como yo esperara algo de una mujer como ella. Pero nunca dejó de sorprenderme. Era feroz, una fuerza que no podías ignorar, pero ahora podía ver las grietas en su armadura, las inseguridades, las preocupaciones, el miedo.

No éramos tan distintos como había pensado. Quizá por eso me hacía sentir así, como si quisiera aferrarme a ella y alejarla al mismo tiempo.

—A mí no creo que pueda amarme —dije, y Manson se burló.

—Si de verdad piensas eso, entonces ojalá pudieras ver cómo te mira —dijo—. Los dos sois demasiado orgullosos.

—No vale la pena darle vueltas —dije, aceptando el cigarrillo cuando me lo ofreció—. No la tendremos con nosotros mucho más tiempo.

No me gustaba nada pensar en eso. De hecho, odiaba tanto la idea de que volviera a desaparecer de nuestras vidas que me temblaban los dedos por la rabia. Tenía que quedarse y darnos la oportunidad de resolver esta mierda.

—¿Recuerdas lo que solía decirte? —preguntó Manson—. Cuando éramos adolescentes y veníamos aquí en coche para hablar de cosas… Me decías que no querías ver otro día…

Lo recordaba, por supuesto que lo recordaba. Recordaba la desesperación que sentía, el dolor que compartíamos, lo desesperanzado que estaba.

—Si consigues superar la noche, volverás a ver el sol —dije, repitiendo las palabras que me había dicho entonces—. Sigue persiguiendo el próximo amanecer. —Cerré los ojos mientras exhalaba—. La noche parece jodidamente oscura, Manson, pero sigo persiguiendo amaneceres.

Me dio un apretón en el brazo y apoyó la cabeza contra la mía.

—Sí. Últimamente estas mierdas se han vuelto un poco más oscuras de lo que me gustaría.

Pasaron unos minutos de silencio hasta que volvió a hablar.

—Tenemos que irnos del pueblo unos días —dijo—. Ir a otro sitio, darnos un respiro. Darle a mi padre la oportunidad de irse a la mierda.

—¿Sí? Me parece bien. Los padres de Vincent pueden encargarse de los perros.

No recordaba cuándo fue la última vez que nos fuimos de vacaciones, ni siquiera unas cortas. Parecía que nos habíamos mudado a esa gran casa y desde entonces no habíamos parado de trabajar.

—¿Y Jess? Me da pena dejarla sola.

—Nos la llevaremos —dijo con tono pensativo, mientras esbozaba una sonrisa—. Tengo planes para ella.

—Me encanta cuando sonríes así —comenté al ver esa sonrisa sádica en su rostro, que solo podía significar problemas y yo estaba más que preparado—. ¿Cuál es el plan?

—Me contó cuál era su mayor fantasía —dijo, rascándose la barbilla con el dedo pulgar—. Me habló de que quería que la secuestraran, que la sometieran, que todas sus preocupaciones y problemas desaparecieran. Yo digo que hagamos esa fantasía realidad.

Un escalofrío me recorrió la espalda al pensarlo.

—Joder, sí. ¿Secuestrar a nuestra preciosa muñequita y llevárnosla para nosotros solos? Suena justo a las vacaciones que necesito.

No era solo la lujuria lo que me excitaba.

La necesidad de atraer a Jess hacia mí y no dejarla marchar nunca, por mucho que me volviera loco, era cada día más intensa.

Tenía unos problemas de abandono complicados y no sabía qué coño sentía Jess por nosotros, pero saber que esa era su mayor fantasía hizo que una ridícula explosión de esperanza estallara en mi pecho.

Quería algo que podíamos darle: una salida, una válvula de escape para su oscuridad, un lugar seguro donde pudiera satisfacer todos sus deseos obscenos. Y yo quería darle justo eso. Quería demostrarle que, más allá de sus miedos, podía tener todo lo que quisiese y más.

Esta vez tenía que ser diferente. Rompería todas las putas reglas que hicieran falta para ganar, para conseguir un premio que llevábamos años viendo delante de nuestras narices.

Este era nuestro juego y no me importaba lo que tuviera que hacer para que al final fuera nuestra.

Continuará…