30
Jess
Todavía caminaba de forma extraña cuando Vincent me dejó en casa. Incluso me acompañó hasta la puerta, volviendo a ser un caballero ahora que había terminado de torturarme hasta gritar.
Nos detuvimos en la entrada y se inclinó sobre mí, agarrándome de la cara, apretándome las mejillas y obligándome a mirarlo.
—Vas a portarte bien hasta el viernes, ¿verdad?
El viernes era cuando iría a su casa para completar mi tarea para Lucas. Aparecería como un juguete con accesorios para que Jason jugara conmigo a su antojo. Todavía no sabía qué tenía Vincent en esa caja exactamente, pero cuando llegara el viernes, estaba segura de que lo descubriría.
—Quizá sea más fácil ser buena si me envías ese vídeo del que me hablaste —sugerí, atreviéndome a tentar a la suerte.
—¿El vídeo? ¿De cuándo Lucas se hizo el piercing ?
—Vincent se rio—. Si voy a arriesgarme a que me mate para que tú te rías, vas a tener que aguantar más que un par de calambrazos de nada.
—Lo miré boquiabierta, ofendida, a punto de protestar por su valoración de lo que me había hecho como «un par de calambrazos de nada», pero él me interrumpió antes de que pudiera hacerlo—.
Haz que Jason se lo pase bien y lo consideraré más seriamente.
Gruñí, pero él no iba a ceder. Aun así, estaba dispuesta a intentar comportarme si eso significaba ver a Lucas en su momento más vulnerable. Una parte de mí ni siquiera creía que un hombre como él tuviera miedos.
Vincent me dejó con un beso voraz, empujándome contra la puerta mientras su lengua se deslizaba más allá de mis labios.
—Nos vemos pronto —se despidió prometiendo recogerme el viernes, aunque le dije que podía llevar el coche de mi madre—. Ah, y una cosa más…
Volvió al coche y regresó con algo dentro de una bolsa de plástico negra.
—Llevaré el resto de tus juguetes nuevos a casa, pero esto lo tendrás que llevar puesto cuando te recoja.
—¿Qué es? —pregunté con cautela.
—Qué curiosa. —Me acarició la mejilla como si fuera una cosita estúpida haciendo preguntitas estúpidas—. No te preocupes. Estarás sexy . Jason se volverá loco.
El hecho de que no me dijera simplemente que era lencería me preocupaba. Era casi como si… no fuera… lencería. En cuanto se dio la vuelta, eché un vistazo a la bolsa, pero lo único que pude ver fue tela de encaje negro.
Bueno, quizá no era tan malo.
Era malo. Oh, Dios, era vergonzoso, era muy malo.
Mi reflejo me devolvía la mirada desde el espejo de mi habitación y mis ojos furiosos me hacían parecer aún más ridícula.
Acababa de terminar de trabajar y Vincent vendría a recogerme pronto, así que me había puesto el uniforme que me había dado.
Después de luchar durante varios minutos para pasármelo por el culo, ahora llevaba un traje de sirvienta negro con volantes.
El vestido apenas me tapaba. Tenía las tetas apretadas en el corpiño, y si me inclinaba un poco, se me veían las bragas. No era solo un vestido diminuto y sexy , oh, no. Eso no habría sido lo suficientemente cruel.
Llevaba un collar con una campanilla plateada que tintineaba cada vez que me movía.
Pero eso no era todo. No. También había orejas.
Unas orejas mullidas blancas y negras sujetas a una diadema.
Cuando me las puse sobre el pelo, me hicieron parecer una especie de chica gato.
Cogí mi móvil de la mesita de noche y envié un mensaje a los cabrones responsables de esto.
¿A vosotros qué coño os pasa?
Casi al instante aparecieron tres puntos parpadeantes.
LUCAS
Demasiadas cosas como para enumerarlas. ¿O te refieres a algo en concreto?
Sabes perfectamente a qué me refiero. No voy a ponerme orejas de gato.
Mientras esperaba una respuesta, volví a mirarme en el espejo. El vestido me quedaba bien por detrás, eso tenía que reconocerlo. Estaba ridícula, pero ¿mona aunque fuese raro? ¿Quizá incluso sexy?
MANSON
Creo que necesitamos una referencia visual.
VINCENT
Sí, señorita Kitty. Veamos cómo te queda.
Leí el mensaje con la voz de Vincent, llena de humor.
Resoplando de frustración, le respondí.
Ridícula. Estoy muy ridícula.
Abrí la cámara y me miré. Vale, sí que estaba un poco sexy. El vestido era ridículo, pero me favorecía. Justo cuando mi dedo se cernía sobre el botón para hacer la foto, apareció otro mensaje.
LUCAS
No nos hagas ir hasta allí, nena. Foto. Ya.
Noté un cosquilleo en el vientre. Me hice una foto y luego unas cuantas más para asegurarme de que saliera una buena.
Envié la foto.
LUCAS
Joder, me están entrando ganas de una segunda ronda contigo.
MANSON
Necesitas una correa a juego con ese collar.
VINCENT
Y unas cuantas tareas para tenerte a cuatro patas.
Es una pena. Hoy solo voy a servir a Jason.
Era hora de quitarme ese vestido y ponerme algo normal antes de que llegara Vincent. De ninguna manera iba a arriesgarme a que alguien me viera en público con eso puesto, aunque solo fuera un trayecto corto en coche entre nuestras casas.
El vestido me quedaba un poco pequeño, me apretaba en todos los sitios en los que tenía que hacerlo. Quedaba tan ceñido que sacar los brazos de las mangas era casi imposible sin desgarrar el vestido.
Después de unos minutos de forcejeo cada vez más desesperado, cogí mi móvil y envié un mensaje furioso.
NO ME PUEDO QUITAR EL VESTIDO, ¿QUÉ HAGO AHORA?
Si os reís de mí, no volveré a hablaros nunca más.
VINCENT
Entonces más te vale mantener la boca cerrada, porque eso es muy gracioso.
¡Menudo cabrón, menudos cabrones todos!
VINCENT
Creo que has matado a Manson. No puede dejar de reírse.
Gruñí. Al menos podía quitarme las orejas y el collar.
El vestido en sí no estaba tan mal. Quizá era un poco excesivo para un viernes cualquiera, pero daba igual.
Mi reputación en este lugar ya estaba lejos de ser impecable.
Teniendo en cuenta que había vídeos en Internet en los que aparecía gateando vestida como un ángel sexy , dudaba que el hecho de que alguien que me viera así fuera a causar mucho daño.
VINCENT
Estoy seguro de que Jason te ayudará a quitarte el vestido. Estaré allí en quince minutos.
Hacía años que no esperaba una cita con tantos nervios.
Aunque no era exactamente una cita. No sabía cómo demonios llamar a esto, porque realmente los cinco no estábamos juntos.
Pero, entonces, ¿qué demonios estaba haciendo?
Era raro esperar a que un hombre me viniera a buscar con la intención de entregarme a su novio a cambio de favores sexuales, en nombre de sus otros amigos, que también me estaban follando…
Joder, si antes no era una puta, ahora sí que lo era.
Vincent llegó con el volumen tan alto que se oía desde dentro de la casa.
Salí antes incluso de que él bajara del coche y cerré rápidamente la puerta con llave.
Todavía no se me había ocurrido una buena excusa para contarles a mis padres lo del sistema de seguridad.
Quizá se lo tragarían si me hacía la ignorante.
Vincent bajó la ventanilla del copiloto mientras yo cruzaba el césped hacia él.
—¡Joder, nena, mírate! ¡Ayyy! —gritó, tan fuerte que nuestra vecina de al lado, Carol, asomó la cabeza por encima de sus rosales.
Hicimos un incómodo contacto visual y yo la saludé con la mano.
—Hola, señora Fischer. Hace un día estupendo.
—Oh, sí. Precioso. —Intentó sonreír, pero no pudo fingirlo mientras me miraba—. Supongo que estás… disfrutando del sol.
Logré esbozar una sonrisa dolorosamente avergonzada antes de salir corriendo. Me hundí en el asiento del copiloto y me encogí después de abrocharme el cinturón para evitar que me vieran más vecinos.
—Le he vendido marihuana a esa señora alguna vez —me contó Vincent—. Solía quedar con su marido y con ella después del servicio dominical para que recogieran su pedido. Una vez intentaron convencerme para hacer un trío.
Casi se me salieron los ojos de las órbitas.
—¿El señor y la señora Fischer intentaron…? ¿Qué? Ni de puta coña.
—Hay más personas con fetiches de las que crees, Jess —dijo mientras salía de mi barrio—. La gente se comporta de forma altiva y prepotente en público, pero ¿a puerta cerrada? Todo el mundo tiene sus cosas.
—Y ¿supongo que esto es lo que le gusta a Jason? —pregunté, sacando las orejas de gato de mi bolso—. No vi nada de esto en su lista. ¡Jugar a hacer de mascota solo tenía un dos en su escala de intereses! Y en la mía tampoco tenía más. Si espera que empiece a maullar como un gato…
—En primer lugar, estás tremendamente sexy , así que relájate —dijo, acercándose y dándome un pequeño golpecito en la barbilla con los nudillos—. En segundo lugar, te daré un consejo sobre Jason de parte de alguien que lo conoce incluso mejor que él mismo.
Lo miré con expresión seria y los labios apretados en una fina línea.
—Así que tu consejo, ¿eh? Teniendo en cuenta…
—¿Teniendo en cuenta que soy yo el que le tiene loco desde primero? —Me dedicó una amplia sonrisa—. ¿Teniendo en cuenta que le saqué de su caparazón y lo ayudé a descubrir todo un mundo de pecaminosa perversión? Mi consejo es exactamente lo que deberías escuchar.
—Muy bien, pues —cedí, cruzando los brazos y las piernas—. Enséñame lo que sabes, señor Volkov.
Exhaló lentamente y negó con la cabeza.
—Oh, lo siento, me has hecho pensar en lo divertido que sería un juego de rol con una profesora guarra…
—¡Vamos, concéntrate, cabeza de chorlito! ¡Dímelo!
Frenó con tanta brusquedad que me quedé sin aliento. Por suerte, no había nadie más en la larga carretera rural que teníamos delante cuando Vincent se inclinó hacia mi asiento y me agarró de la mandíbula con sus largos dedos.
—Creo que estás olvidando algunas reglas —dijo, con un tono tan diferente al habitual que me provocó un cosquilleo de miedo en el vientre—.
Todo es diversión y juegos, Jess, pero no me hagas recordarte que debes mostrarme el debido respeto.
Si crees que solo porque fumo voy a dejar que te salgas con la tuya con esa actitud de listilla, te espera un despertar muy incómodo.
A menos que quieras pasar un rato colgada de los tobillos y familiarizándote con un látigo de serpiente, te sugiero que cambies de tono.
—Oh, mierda. —Apenas me di cuenta de que lo había dicho en voz alta hasta que sonrió—. Sí, señor, cambiaré mi tono.
—Eso está mejor.
Me besó antes de soltarme y siguió conduciendo como si nada hubiera pasado. Excepto que ahora el corazón me latía más rápido, sudaba aún más y apretaba con torpeza mis muslos desnudos.
—Lo que pasa es esto, Jess —dijo—. No se trata de las orejas. Ni siquiera se trata del disfraz. Se trata de la sumisión.
—¿La sumisión? ¿Qué, como si quisiera que le sirviera? ¿Que sea su esclava? Eso me resulta familiar.
Me contuve para no decir algo sarcástico. Tenía que controlar mi lengua, desesperadamente.
—Confía en mí, porque sé que no es algo que se te dé bien. —Me lanzó una mirada pícara mientras giraba hacia el camino de tierra que llevaba a su casa—. Sé una buena chica con él. ¿De acuerdo?
—¿Eso es todo? —pregunté—. ¿Solo tengo ser buena? Que no sea una descarada, ¿no? —Él asintió y yo suspiré con suavidad—. Tienes razón. Eso no se me da bien.
—Él seguiría disfrutando de tu compañía aunque fueras tan descarada como siempre —dijo, conduciendo hacia la puerta principal, que ya estaba abierta así que pudo entrar directamente al patio—.
Pero te lo digo por tu bien. Jason tiene una paleta en su habitación con la que no estoy seguro de que quieras tener un encuentro íntimo.
Aunque sí sé que él estará encantado de presentártela.
—Creía que habías dicho que Jason era un niñato —dije, quitándome el arnés mientras Vincent aparcaba en el garaje.
El Z blanco estaba justo a nuestro lado y los daños que había sufrido ya estaban reparados. Por otro lado, el Mustang y el Chevrolet El Camino, aún tenían algunas abolladuras grandes, pero les habían cambiado las ventanas y los neumáticos.
—Sinceramente —dije—, ¿quién usa más esa paleta: tú o él?
—Yo, pero eso solo significa que él estará deseando usarla —dijo Vincent—. Asegúrate de ponerte las orejas y el collar antes de entrar. Esperarán que vayas completamente vestida.
Hice lo que me dijo y el collar tintineó con cada paso que di por el jardín. Al entrar en la casa, me recibió una ráfaga de aire fresco y unos perros muy emocionados.
Esperaba que Manson y Lucas estuvieran en el garaje, pero Manson me llamó desde el salón mientras me arrodillaba para darles mimos a Jojo y Haribo.
—¡Déjanos ver ese vestidito que llevas puesto, Jess!
Fruncí los labios al oír lo divertido que le parecía.
Entré en el salón con Vincent justo detrás de mí y vi a Manson y Lucas tumbados en el sofá modular. Lucas tenía una pierna sobre la de Manson y ambos sujetaban mandos de videojuegos en las manos. La televisión mostraba el menú de un juego con personajes brillantes y armas grandes.
—Vaya, joder… —Manson se puso de pie y me rodeó lentamente—. Antes no entendía el atractivo de las orejas, pero ahora creo que lo entiendo.
—¿He desbloqueado un nuevo fetiche, Manson? —pregunté.
Hoy iba informal, con unos pantalones de chándal negros y una camiseta interior blanca de canalé, pero ni siquiera esa ropa informal podía impedir que lo mirara fijamente.
Enganchó el dedo en mi collar y me atrajo hacia él.
—Quizá hayas desbloqueado uno nuevo… —comentó—. Pero, sin duda, has complacido uno antiguo. Me gusta cómo te queda este collar. Debería ponerte este tipo de collares más a menudo.
—Da una vuelta, déjame ver la parte de atrás —pidió Lucas, inclinándose hacia delante sin levantarse del sofá.
Obedecí, incapaz de reprimir una sonrisa descarada mientras daba una vuelta y me inclinaba un poco hacia delante, ofreciéndole una mejor vista de mi culo bajo la minifalda. Exhaló agresivamente, como un toro resoplando antes de embestir.
—Alguien va a tener que arrancarte esa cosa —dijo, y su tono grave me indicó que prefería ser él quien lo hiciera.
—Y esa persona está justo arriba —le recordó Vincent—. No va a llegar a Jason sana y salva si vosotros, pervertidos, seguís babeando.
Dicho eso, me sacó de la habitación y me llevó de vuelta al pasillo mientras Lucas levantaba las manos en señal de protesta.
—¡Yo decidiré cuándo dejo de babear, gilipollas!
Vincent lo ignoró, abrió una puerta en el pasillo y rebuscó en el armario del trastero y sacó una bolsa grande.
—Aquí están los juguetes de Satin. Te acuerdas de dónde está su habitación, ¿verdad?
Asentí con la cabeza mientras cogía la bolsa.
Los nervios me revolvían el estómago como si fuera una lata de refresco agitada, pero ¿por qué tenía que estar nerviosa?
Solo era Jason… Jason, con su mirada penetrante y su aire modesto, que me miraba como si pudiera ver mi interior, que me había devorado hasta que me temblaron las piernas, que estaba tan bien dotado…
Sí. No había nada por lo que estar nerviosa.
Subí las escaleras, consciente de que Vincent me observaba todo el tiempo.
—Date prisa y métete en Discord. Jason va a ponerse los cascos. —Oí que le decía Manson a Lucas, aunque no miré hacia atrás.