Capítulo 62
Helicóptero. Una sensación tan familiar que no podía decir dónde terminaba la realidad y empezaba el flashback.
Los rostros se inclinaron sobre mí. No encajaban.
—Dile a Top que lo siento —dije—. Los perdí. Los perdí a todos. Lo siento, Top.
—Lo que dices no tiene sentido, querida. —Jen, preocupada. Cara pálida.
¿Había estado hablando en voz alta? ¿Dónde estábamos? No en Sudamérica.
«Debería preguntar.»
En cambio, la besé. Me perdí en la sensación. Alex y Jen me aplastaban entre ellos. Sus corazones latían al ritmo del mío. No importaba a dónde fuera en mi cabeza. El latido de sus corazones era como un faro en la inmensidad de la noche. Siempre encontraría el camino a casa.
«Atesora este momento. Guárdalo. Es precioso.»
El estruendo de las aspas del helicóptero se desvanece bajo el zumbido de las turbinas que bajan.
Voces airadas. Urgencia. Olor a gas de aviación.
Giré la cabeza y respiré el aroma de Alex. Lobo. Manada. Calma.
Una forma amenazante. Un jet.
Intentaron atarme.
«¡No! ¡No! ¡No! Estoy gritando. Nunca saldré de aquí.»
Volví a cerrar de golpe la puerta de mi eukori.
Acabé en el suelo, apretujada entre mis parientes, temblando violentamente.
«Nunca lo dejes salir.»
Las puertas se cierran. La presión cambia. Los motores se ponen en marcha.
Las luces se atenúan.
El avión olía a cuero nuevo y a ambientadores.
No podía cerrar los ojos. No podía. Había pesadillas esperando. Pesadillas. Sí importaba a dónde iba en mi cabeza, porque había lugares de los que no podía regresar.
—Descansa —susurró Jen.
«Estamos volando.»
Flotando...
Flotando por el río de la noche hacia la ciudad de los sueños.