IV. El regreso al norte
Jules voló de regreso a Donostia al día siguiente, con el expediente de la fundación Helder en el portátil, con la ruta de la tumba en el mapa y con la certeza de que la investigación, por fin, tenía la pieza que faltaba: la ruta de la donación, la subasta, la compra,
el perito y la bóveda del señor Zabala.
En el aeropuerto de Donostia, con la luz de octubre encendiendo el Cantábrico, encontró a Irati esperándolo en la salida, con el abrigo y la sonrisa que no se le borró cuando lo vio llegar, y se quedaron un momento en el vestíbulo,
con la maleta en el suelo y la certeza de que la distancia de los dos días se cerraba con el beso de la noche de la cueva en el pecho.
—Ámsterdam —dijo Irati, con voz firme—. La ciudad del enterrador. Y el mapa, Jules, la ruta de la tumba, el que has traído de vuelta, es el que va a cerrar la investigación.
Jules asintió, con la maleta en el suelo y la certeza de que el mapa de la ruta, el de Ámsterdam, era el que iba a cerrar la investigación.
—La ruta —dijo, con voz firme—. la donación, la subasta, la compra, el perito y la bóveda.
Y la bóveda, Irati, el señor Zabala, la familia, la de Mutriku, es la tumba privada de la ruta del norte.
La tumba donde el circuito lleva décadas enterrando las piezas del pecio.
La tumba donde la Dama del Norte guarda los nombres de los que el mar no devuelve. Y la tumba, Irati, la vamos a abrir.
Se quedaron un momento en el vestíbulo del aeropuerto, con la maleta en el suelo y la certeza de la ruta instalada en el pecho de los dos, y después salieron al aire de octubre, con el mar al fondo y la ciudad de Donostia abriéndose ante ellos, y caminaron hasta el coche,
con el mapa de la ruta de la tumba y la estrategia del caso completa en la cabeza de los dos.
—El plan —dijo Irati, con el coche en marcha y la carretera de la costa al fondo—.
la luna llena, la cueva, la redada. El plan, Jules, la trampa final, tiene que cerrarse con la ruta.
Primero, la pluma: el restaurador Aranburu, el perito de la ruta, el que certificaba las piezas falsas para el señor Zabala.
Cuando la pluma se rompa, cuando Aranburu confiese, la bóveda de la familia se va a abrir.
Y cuando la bóveda se abra, Jules, con las piezas de décadas dentro, la cadena completa de la familia Alkorta Zabala se va a cerrar sobre la ruta.
Y después, Jules, después de cerrar la ruta, la cueva de la luna llena se va a convertir en la trampa final.
El señor Zabala bajará a la cueva a por la pieza madre, y se va a encontrar con la redada de la policía en lugar de la pieza.
Y el topo, el que no supo nada, el que no pudo avisar, va a quedar expuesto delante del señor del norte.
Jules condujo un momento en silencio, con la carretera de la costa al fondo y la estrategia del caso instalada en el pecho.
—Y el topo —dijo, con voz firme—. la comisaría, el móvil institucional, el mando de la unidad de patrimonio.
El topo, Irati, el que avisó al circuito de que la pieza madre había salido del fondo, sigue en la unidad.
Y el topo, Irati, sigue teniendo acceso a los informes, a las horas, a los movimientos.
Si el topo conoce la redada de la luna llena, el señor Zabala no va a bajar a la cueva: va a mandar a la trampa.
La redada, Irati, se prepara en el compartimento.
Sin informes, sin reuniones, sin el topo.
Y cuando el señor Zabala baje a la cueva, pensando que la pieza madre le espera, se va a encontrar con la policía en lugar de la pieza.
Y el topo, el que no supo nada, el que no pudo avisar, va a quedar expuesto delante del señor del norte.
Irati asintió, con el coche en marcha y la carretera de la costa al fondo.
—El compartimento —repitió—. la redada, la luna llena, la cueva.
Y el compartimento, Jules, no es un sitio: es una lista.
Una lista de nombres de confianza, de policías que no pasan por la unidad, de buzos que no dependen de la comisaría.
La lista, Jules, la he ido construyendo desde el principio: Idoia, el laboratorio, la que tiene la cadena de la pieza madre; Eneko, el Geoparkea, el que conoce la cueva como su propia mano; Ainhoa, la inmersión, la que conoce la bajamar; y los míos, los de la unidad de elite,
los que no dependen de la comisaría.
La lista, Jules, el compartimento, es la que va a rodear la cueva en la luna llena sin que el topo se entere.
Jules se quedó mirando la carretera un momento, con el mar al fondo y la certeza de que la lista del compartimento, los nombres de confianza, era la que iba a cerrar la trampa.
—La lista —repitió—. los nombres, la cueva, la luna llena.
Y cuando la lista esté cerrada, Irati, cuando la redada de la cueva esté lista sin que el topo se entere, el señor Zabala va a bajar a por la pieza madre y se va a encontrar con la redada.
Pero primero, Irati, primero la pluma: el restaurador Aranburu, el perito de la ruta, el que certificaba las piezas falsas para el señor Zabala.
Cuando la pluma se rompa, cuando Aranburu confiese, la bóveda de la familia se va a abrir con la cadena de los certificados.
Y después, Irati, después de romper la pluma y abrir la bóveda, la cueva de la luna llena se va a convertir en la trampa final.
Y el topo, Irati, el que no supo nada, el que no pudo avisar, va a quedar expuesto delante del señor del norte.
Irati asintió, con el coche en marcha y la carretera de la costa al fondo.
—La pluma —repitió—. el restaurador, el perito, los certificados.
Mañana, Jules, mañana voy a ver al restaurador Aranburu.
Voy a sentarme en su taller, con el expediente de la ruta y la firma de la sal de laboratorio en las piezas, y voy a darle la oportunidad de confesar.
Y si el restaurador Aranburu confiesa, Jules, si la pluma de la ruta se rompe, la bóveda del señor Zabala se va a abrir.
Y cuando la bóveda se abra, con las piezas de décadas dentro, la cadena completa de la familia Alkorta Zabala se va a cerrar sobre la ruta del norte.
Jules se quedó mirando la carretera un momento, con el mar al fondo y la certeza de que la estrategia del caso, por fin, estaba completa.
—Mañana —repitió—. La pluma. Y yo, Irati, mañana voy a cerrar el resto del mapa: voy a verificar la ruta de la fundación, las donaciones de la familia, los certificados del perito.
Y cuando el mapa de la ruta esté cerrado, Irati, cuando la pluma se haya roto y la bóveda se haya abierto, la cueva de la luna llena se va a convertir en la trampa final del caso del norte.
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