La criminalista Capítulo 4
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Capítulo 4

Pasaron varias semanas. A pesar de que cualquiera hubiera pensado que Montserrat se pondría manos a la obra con la USB, la realidad era otra: «nunca la abrió, ni una vez, ni por accidente».

Entre el ajetreo del trabajo en ArkanTech, equipos fallando, las calibraciones fastidiosas, los reportes urgentes y una racha inesperada de viajes al extranjero para capacitaciones y congresos, simplemente no tenía tiempo para distraer su mente con algo que no fuera trabajo…

o al menos eso decía ella.

La verdad era más sencilla y más difícil a la vez: Montserrat llevaba meses con burnout14 silencioso, un cansancio que no grita, pero que consume la estabilidad mental, y Montse, en su vieja costumbre de sobreviviente institucional, se distraía con más trabajo, más pendientes, más vuelos,

más manuales, más demostraciones técnicas. Más horas.

Hasta que, en uno de esos viajes al extranjero —en un hotel demasiado blanco, con sábanas que olían a desinfectante caro—, algo la rompió desde un lugar inesperado.

Mientras Montse se preparaba para dormir después de un día largo de trabajo, encendió la televisión, un acto mecánico que se sentía como una costumbre olvidada.

Ella ya no veía televisión, había dejado de hacerlo hacía años, pero esa noche, en ese hotel frío, el control remoto estaba en su mano antes de que su conciencia lo notara.

Un clic. Otro. Y, de pronto, ahí estaba:

«El noticiero extranjero narrando uno de tantos asesinatos en México. Un caso extraño, confuso, narrado con la torpeza habitual de los medios».

El reportero hablaba rápido, sin precisión técnica, mezclando datos que no cuadraban, repitiendo versiones contradictorias sin cuestionarlas.

Las imágenes en la pantalla mostraban una escena acordonada de forma mediocre, con policías moviendo cosas que no deberían tocar.

El objetivo de la nota era alertar a los ciudadanos de tomar precauciones en caso de que fueran a viajar a México.

Una punzada antigua se encendió en su pecho.

Y en ese instante, en ese cuarto de hotel demasiado lejos de casa, se dio cuenta: «No solo estaba cansada del trabajo, también estaba cansada de evitar lo que realmente le apasionaba».

Su mirada forense seguía encendida, dormida, sí, pero ahí estaba presente, curiosa como un niño de tres años que todo preguntaba.

Montserrat recordó que tenía aquella memoria USB dorada, la sostuvo entre los dedos y, por primera vez, el peso le resultó incómodo. La USB brilló en su mano, por segunda vez desde que la recibió… tuvo ganas de abrirla.

Apagó la televisión. Se preparó como siempre: un café y puso música de fondo, muy tenue —esa que determina el estado de ánimo sin pedir permiso—. Montserrat comenzó a abrir la USB.

Y entonces vio lo que contenía.

Más de treinta y dos carpetas. Cada carpeta tenía un nombre asignado: Estado de Cosío, Estado de California, Estado de Caliora… y así continuaban todas, en orden alfabético.

Se quedó inmóvil.

—Mmm, qué extraño —susurró.

Eso no tenía ningún sentido. ¿Por qué Oliver, un agente del Ministerio Público de la Ciudad Federal, le entregaría expedientes de otros estados de la República?

En México «no hay comunicación real entre estados, al menos no en intervenciones periciales. Y, si las hay, son pocas y torpes».

Los sistemas de bases de datos «no están interconectados como uno imagina», o como a un ciudadano que paga impuestos le gustaría que estuvieran.

Cada Fiscalía trabaja con lo suyo, con su propio desastre, su propio caos y tiene su propia estructura, cada fiscalía es un ente separado de las del resto del país.

Y la FGR no hace revisión de casos, no es como la “mamá” de las demás fiscalías; es fuero federal, es decir, tiene sus propios delitos que perseguir…

En pocas palabras: no existe un instituto a nivel nacional que ponga orden, al menos no en el ámbito operativo.

Se podría pensar en los protocolos, como la Guía Nacional de Cadena de Custodia,15 pero Montse sabía que había quedado como un intento fallido; o en los dichosos acuerdos que se citaban en cada dictamen o informe.

Para ella, solo eran palabrerías sin sentido, faltas de interpretación, y se notaba que fueron hechos por gente de gabinete.

Que estén «oficializados» no significa que estén bien hechos o que aseguren que estén bien realizados…

Es decir «no existe una revisión nacional real de investigaciones».

Entonces…

¿Cómo fue que Oliver obtuvo información de casos de todo el país?

Montserrat inclinó la cabeza frente a la pantalla.

Eso no era normal.

Montserrat volvió a mirar las carpetas: Estado de Minería, Xaliscia, Estado de Bravía, Estado de la Cruz… demasiados estados…

Oliver no tenía forma oficial de tener todo eso. A menos que…

A menos que hubiera estado hablando con gente. Pidiendo expedientes, solicitando copias, intercambiando favores. Oliver siempre había tenido una habilidad particular: hacer aliados.

En un sistema fragmentado como el mexicano, la información rara vez viaja por canales oficiales. Viaja por personas.

Montse exhaló lentamente.

Si Oliver había reunido todo esto, no había sido por casualidad. Había estado buscando algo. Con la mano firme, Montse abrió una carpeta al azar: la carpeta de «Estado de Minería». Y entonces una historia comenzó a contarse…

* * *

14 El burnout es un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por el estrés laboral crónico, que se manifiesta con cansancio extremo, distanciamiento emocional del trabajo y disminución del rendimiento.

15 La cadena de custodia es el conjunto de procedimientos que garantizan el control, registro, resguardo y conservación de los indicios desde su localización hasta su presentación ante la autoridad, con el fin de asegurar su integridad y autenticidad.