LA CORONA DE CENIZAS (SAGA ZENITH & NADIR nº 2) El Círculo en el Correo
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El Círculo en el Correo

El correo llegó un martes por la mañana. Laura estaba en la pequeña oficina de la galería, cuadrando las cuentas del mes. La mayoría de los emails eran facturas, newsletters de museos, consultas de clientes. Pero uno destacó.

No tenía remitente, solo un símbolo: un círculo perfecto, un Ouroboros sin la serpiente. El asunto era una declaración, no una pregunta:

Asunto: Os he encontrado. Y tengo una propuesta de negocios.

Un escalofrío helado le recorrió la espalda. Abrió el correo con el corazón latiendo desbocado.

El texto estaba escrito en un español impecable, formal y elegante.

«Estimados David y Laura:

Permitidme prescindir de las formalidades.

Mi nombre no es importante por ahora. Llamadme Silas.

He seguido vuestro trabajo desde el principio.

Fui uno de vuestros primeros suscriptores, cuando aún os llamabais Zenith y Nadir.

Vi vuestra evolución, vuestro dominio de la narrativa y la tensión psicológica, vuestra capacidad para convertir un acto crudo en algo que rozaba el arte.

Vuestra repentina desaparición dejó un vacío en el mercado que nadie ha logrado llenar.

Sé por qué os fuisteis: el chantaje, el miedo.

Bastó con rastrear los registros mercantiles del distrito de Lisboa y cruzar la titularidad del arrendamiento de vuestra galería en Alfama con vuestros nombres reales para confirmar lo que vuestras miradas ya gritaban en la pantalla.

Un talento como el vuestro no merece operar en las sombras de un dormitorio, amenazado por parásitos.

He comprado recientemente una productora de cine erótico de autor aquí en Lisboa: «Círculo Produções».

Mi objetivo es simple: elevar el género, llevarlo a festivales, darle la legitimidad que merece.

Busco directores creativos. Socios. No actores.

Gente que entienda que la pasión es un negocio, y que el negocio puede ser una pasión.

Sé quiénes sois, David y Laura. Sé dónde vivís y sé de vuestra galería.

A diferencia de otros, no me interesan vuestros secretos pasados, sino vuestro talento futuro.

Os ofrezco un control creativo total. Presupuestos sin límite.

Los mejores actores, los mejores equipos, las mejores localizaciones de Europa. Vuestra única tarea será crear.

Si estáis interesados en continuar la conversación, y en crear algo verdaderamente grande, sin máscaras y con el poder de vuestro lado, sabéis dónde encontrarme.

Estaré en el bar de vuestra calle mañana a las cinco de la tarde.

Reconoceréis mi mesa por la copa de vino tinto y el círculo grabado en un posavasos de cuero.

La decisión, como siempre, es vuestra».

Laura leyó el mensaje tres veces. Cada palabra estaba calculada para desarmarla y seducirla. «Arte». «Legitimidad». «Control total». Eran las palabras que, sin saberlo, había estado anhelando. Este Silas no era un matón. Era un estratega. No la estaba amenazando; la estaba tentando.