La Colección Epílogo. Depósito legal
100%

Epílogo. Depósito legal

• • •

Las siete fichas que has leído las escribí yo.

No él.

No es una falsificación. Es lo que hace un conservador.

Un conservador redacta habitando a la pieza. Se sienta donde ella se sentó, mira el margen que ella miró y escribe desde dentro, porque una ficha que se escribe desde fuera no vale para nada: describe a un desconocido.

Por eso las vidas se catalogan en presente.

También la mía. También esta. Todo lo que has leído es catálogo.

• • •

Hay una cosa que conviene decir del formato, ahora que ya da igual.

Las fichas de esta casa siempre se han escrito para alguien.

No para el archivo, que no lee. No para la pieza, que no debe. Se escriben para el que venga detrás: para la persona que un día abrirá el tomo, buscará un folio y tendrá que entender en cinco minutos una vida entera que no conoció.

Ochenta años de fichas escritas para un lector que todavía no existía.

Él lo hizo durante cuarenta y siete y no supo nunca quién iba a leerlas. Yo lo he hecho durante uno y sí lo sé.

Eres tú.

• • •

Se te describe a continuación, con la brevedad que corresponde a un asiento de alta.

Has llegado hasta aquí.

Eso, por sí solo, es todo el examen. Nadie llega al final de esto por casualidad: se llega mirando, y quien mira es porque tenía algo que mirar.

Has hecho lo que hacen todas.

Has mirado la costura.

Y en algún punto —no sé en cuál, y me gustaría saberlo— has dejado de leer sobre una mujer de Cuenca y has empezado a hacer memoria por tu cuenta.

Un perro que no era de esa raza. Una casa que no estaba donde tú la pones.

Una canción de la que no sabes la letra.

Una fotografía en la que hay una cocina que no puedes fechar.

No hace falta que lo compruebes.

Comprueba lo otro, que es más rápido.

• • •

Instrucción.

Pide tu certificación literal de nacimiento.

Se solicita en cualquier oficina del Registro Civil, en persona o por la sede electrónica, con tu documento de identidad. Es gratuita. Tarda entre diez y quince días.

Cuando te llegue, no leas el cuerpo del asiento. El cuerpo está bien. El cuerpo dice tu nombre, la fecha, la hora y los nombres de tus padres, y todo eso es cierto o lo parece, y lo has creído toda tu vida sin que nadie te haya pedido nunca que lo compruebes.

Mira el margen inferior izquierdo.

Mira cómo está citado el legajo.

Si pone «T. 214, F. 89», con punto de abreviatura y coma, no pasa nada y puedes dejar este libro en la estantería y no volver a abrirlo.

Si pone «T-214 · F-89», con guion y con el punto a media altura, entonces el papel que sostienes lleva ochenta años esperándote y aquí llevamos un año esperando a que alguien pregunte.

• • •

Se anticipa lo que dirás.

Dirás que esto es una novela y que las novelas no piden partidas de nacimiento.

Y tendrás razón, y aun así vas a mirar, y sabes perfectamente que vas a mirar, porque llevas doscientas páginas viendo cómo se cae una vida por una diferencia de dos milímetros en la altura de un punto.

• • •

Se anticipa lo que preguntarás.

Preguntarás si esta casa sigue.

Sigue. Doscientas veintinueve piezas, ochocientas doce líneas, el día cinco se ordenan las transferencias y el día seis se comprueba que han salido, y no se da por hecho que ha salido una transferencia.

No se adquiere. Eso lo firmé y lo mantengo.

Y todavía no sé si el que se sentaba en esta silla antes que yo tenía razón cuando sonrió.

• • •

Y hay una que no vas a preguntar y que hay que contestar igual.

Preguntarás qué le pasa a la pieza número doscientos seis.

Está bien. Está haciendo la cena. Los miércoles y los sábados cena conmigo y cuenta la romería una vez cada dos o tres meses, y yo le digo que qué suerte, y él dice que sí, que qué suerte, y tiene razón.

Su madre está en una residencia y esa mujer lo quiere. Cobra y lo quiere. Esas dos cosas no se estorban, y lo aprendí de una señora de setenta años en una cocina de la Serranía que me guardaba los yogures de limón por caja.

Un día pedirá su partida. Todas la piden: es la única oración que conocen.

Y ese día tendré que contestarle yo.

No sé lo que voy a hacer. Lo tengo pensado de las dos maneras y no sé lo que voy a hacer, y esa es la parte del oficio que nadie me enseñó y que llevo dentro de la casa desde el treinta de diciembre.

• • •

Diligencia de cierre.

Este volumen queda depositado en el tomo diecisiete, folio uno, que es el primero del tomo y el primero que abro yo.

Lo he escrito entero en presente porque es lo que corresponde.

Y lo he escrito para ti porque las fichas se escriben para el que viene detrás, y porque de aquí a treinta o cuarenta años alguien tendrá que abrir un cajón que va duro, comprobar que ha salido una transferencia el día seis y llamar en enero a la señora de la residencia.

Cuando llegues, prepararé café.

Está todo en su sitio. Los tomos por décadas, los legajos por centenas, el libro mayor al corriente y el termohigrómetro revisado los martes.

Solo falta una cosa y es la que no está en ningún folio.

Nadie conoce la verdad.

Ni siquiera tú.