40. Fuga
La Bestia se despertó y vio al sanitario y al policía. Le habían puesto suero y algún calmante.
No quería terminar en una cárcel. Pensó en sus posibilidades y después comenzó a simular que se asfixiaba. Cuando el sanitario se agachó para atenderlo, lo agarró por el cuello y se lo partió.
El policía intentó sacar su arma, pero antes de que pudiera hacerlo, el asesino lo agarró, lo levantó en el aire y lo lanzó contra la pared de la ambulancia.
El agente intentó levantarse de nuevo, pero el asesino le dio una patada en el cuello y le destrozó la nuez.
Escuchó cómo frenaba la ambulancia. Entonces propinó una nueva patada a la puerta, que se abrió de par en par, y La Bestia saltó al exterior y comenzó a correr calle abajo.