La chica de pelo rojo en Chicago y en el mundo entero Epílogo. Sara
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Epílogo. Sara

Epílogo

Sara

Dos años después…

Han pasado dos años desde aquella boda inolvidable.

Y parece que fue ayer. Ahora lo veo concentrado en el despacho, terminando un proyecto para entregar antes de que salgamos hacia Escocia a pasar las Navidades con su familia —nuestra familia— en el castillo que Archie ha heredado.

Un castillo que aún no ha tenido tiempo de restaurar, pero sí de dibujar en planos llenos de sueños y esperanzas. Sé que Charles estaría orgulloso de él.

Durante estos dos años, mientras construíamos en Ibiza nuestra casa y la de mi familia, Archie también ha seguido adelante con el campo de golf, supervisando cada detalle para que sea perfecto.

Ha viajado mucho, trabajando duro para hacer realidad mi sueño y el de mi padre.

Pero al fin estamos a punto de poder dormir en nuestra nueva casa, ese refugio que por fin será solo nuestro.

Archie sigue obteniendo matrículas de honor en su carrera de Arquitectura, con un futuro brillante que se abre ante nosotros, y estoy muy orgullosa de lo que está logrando, siendo él mismo y tomando sus propias decisiones.

Yo continúo dando clases, integrada y valorada como una profesora del centro.

Volamos a Escocia o a Ibiza cada vez que podemos, viviendo esa vida que hemos construido juntos.

—Sara, ya termino, lo juro.

—Tranquilo, vamos bien de hora. Voy a terminar una cosa y así te dejo espacio.

Aprovecho que está distraído para escabullirme al baño con la prueba de embarazo que llevo días queriendo hacer. La tengo delante con el corazón en un puño y, entonces, aparece ese símbolo que tanto esperaba: positivo.

Estoy embarazada. No puedo contener la emoción y suelto un grito de felicidad que llena el baño.

—Sara, ¿qué pasa? —pregunta Archie con la voz entre sorprendida y preocupada, entrando al baño.

—Mira esto —le digo temblando y con lágrimas en los ojos mientras sostengo la prueba de embarazo—. Vamos a ser padres.

Archie se queda inmóvil con la mirada fija en el pequeño papel, como si necesitara tiempo para procesar lo que ve.

—¿De verdad? —susurra con una sonrisa que se ensancha hasta contagiarme.

—Sí. Dos líneas que cambian toda nuestra vida —le respondo emocionada—. Ha sido un camino largo y, ahora, este regalo.

Él me abraza con fuerza, como si quisiera que este momento durara para siempre.

—Has sido valiente, hemos sido valientes —dice—. Hemos crecido juntos, hemos luchado y ahora vamos a formar una familia. No puedo imaginar nada mejor.

—Ni yo —confieso, apoyando mi cabeza en su pecho—. Somos independientes, pero somos un equipo. Tú, yo y, ahora…, nuestro bebé.

—Prometo que voy a estar aquí para ti y para los dos —dice con convicción—. Que este sea solo el comienzo de una vida llena de amor y felicidad.

Nos miramos a los ojos sabiendo que hemos recorrido mucho para llegar hasta aquí.

Con los sueños realizados, con las heridas sanadas y con el amor fortalecido.

Y así, en ese baño pequeño, en un momento íntimo y eterno, sellamos un nuevo capítulo de nuestra historia, uno que solo acaba de comenzar.

Mirando hacia el futuro con la certeza de que la vida nos traerá nuevos retos, pero también nuevas alegrías.

Y mientras él dibuja los sueños de mañana, yo los escribiré con el corazón, porque esta es nuestra historia: una mezcla perfecta de viento, mar, sueños y promesas que seguirá navegando siempre.

FIN