13. Salvadora
Salvadora
Me desperté con el olor de la colonia de Brett. Abrí los ojos y lo vi a él y a Treth cerniéndose sobre mí. Mi propio comité de bienvenida.
Sonreí, con debilidad. —Hola, chicos.
Brett sonrió; en su mirada se mezclaban el alivio y la preocupación. Me rodeó con sus brazos y me sujetó, sin decir palabra, durante una eternidad. Yo le rodeé a él y le apreté.
Al final, el abrazo terminó y dejó que me recostara de nuevo.
Miré alrededor de la habitación. Era mi cuarto.
—¿Dónde está Cindy? —pregunté.
—Está en su dormitorio. Sigue enferma.
—¿Qué? —intenté levantarme. Brett me detuvo.
—¡Lo detuve! —insistí.
Brett sacudió la cabeza con tristeza. —Esa casa… solo era una casa. Pero, aun así, deberías haberme llamado. Lo habría dejado todo para venir. ¿Y por qué no traernos a todos? Cuando llegamos aquí después de tu mensaje, te habías ido.
—Lo siento —dije, agarrándole la mano y apretándola—. Es algo que tenía que hacer sola. Cindy me lo dijo.
—¿Por qué? —Brett enarcó una ceja.
—Mi conexión con Treth. Me otorga algún tipo de inmunidad. Al menos eso cree ella.
Pero aquello no había evitado el horror de esa noche.
Debí de estremecerme, o mostrar alguna otra señal de angustia, porque Brett me miró con más atención.
—¿Qué ha pasado, Kats?
—Cindy me envió a esa dirección —dije—. Me encontré con el bogle allí, pero…
Todavía me sabía la boca a serrín e insectos.
Brett me abrazó de nuevo y me retuvo. Yo me dejé.
—¿Estás seguro de que nada ha cambiado? —pregunté.
—No —dijo—. Te sigo queriendo.
Eso me reconfortó, pero no era mi pregunta. —Yo también te quiero, pero me refiero a la Gripe Férica. ¿No ha habido progresos?
Brett me soltó y sacudió la cabeza con tristeza.
—Joder —maldije, y empecé a salir de la cama. Brett empezó a inquietarse.
—¡No eres mi madre! —discutí—. Y me encuentro bien.
Casi se me doblaron las piernas, pero Brett me sujetó.
—Estoy bien —mentí.
Me ayudó a sentarme en el borde de la cama.
—¿Puedes decirme qué ha pasado? —pregunté—. ¿Qué hora es? ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
—No demasiado. Te localizamos alrededor de las doce de la noche pasada. Estabas desmayada, pero el mago sanador de la clínica dijo que estabas bien. No era Gripe Férica. Despertarías a tiempo. No te dejamos allí porque no había sitio. Y, al parecer, no tenías heridas.
Yo me sentía herida.
Brett frunció el ceño. —No tienes que decirme qué ha pasado. Pero estoy aquí para ti… y todas esas otras cursilerías.
Sonreí. —Gracias.
No sabía qué era aquello de la noche pasada. Pero por lo que había dicho, tenía que tener algo que ver con la enfermedad. Aunque, tal vez, no era la fuente. Solo una parte. Pero ¿cuál era la causa? ¿El Cónclave?
No lo sabía.
—¡Kat! —chilló una figura pequeña mientras entraba volando por la puerta y prácticamente se abalanzaba contra mi pecho en un abrazo.
—Me alegro de verte a ti también, Duer —dije, dándole palmaditas en la espalda. Sus alas de mariposa reanudaron su aleteo y se alejó un poco.
—Anoche apestabas a podredumbre, Maddy. Pero ya estás mejor.
Resplandecía intensamente de alegría. No me había dado cuenta de lo mucho que significaba para Duer. Era bueno sentirse querida.
Brett estaba en silencio. Me giré hacia él. Estaba mirando a la pared.
Abrí la boca para hablar y él levantó un dedo para mandarme callar. A Duer, sin embargo, no le importaban esas cosas.
—Cindy está durmiendo fatal, Maddy. Sé que debería estar escondido, pero la línea wey necesita una limpieza…
Antes de que pudiera mandar callar a Duer, Brett se puso en pie, echando mano a su funda. Yo también me levanté de un salto, olvidada ya toda debilidad, cuando la puerta principal se abrió de un golpe. Los gritos llenaron la casa.
Me lancé a por Ithalen y Brett apuntó con su pistola a la puerta mientras esta también se abría de sopetón, seguida de un destello de luz.
—¡Al suelo! ¡Saneamiento! Entreguen al ser féerico.
Mi visión se aclaró a tiempo para ver a Duer debatiéndose en una red, sostenida por un hombre con un traje de protección contra materiales peligrosos.
«¡¿Cómo?!», quise preguntar. Pero ya lo había deducido. La felicidad y la alegría de Duer al verme habían enviado una descarga a través de la línea wey. Lo habían rastreado usando eso.
Brett agarró la máscara del oficial de Saneamiento y la arrancó. La tela se rasgó como si Brett fuera un hombre lobo desgarrando carne. El hombre palideció cuando Brett le asestó un puñetazo en la nariz, rompiéndosela.
Nivelé a Ithalen hacia el otro tipo con traje y cargué. Mi hoja se detuvo a centímetros de su garganta cuando una voz gritó.
—¡Alto!
Sujeté mi espada, perforando la tela del traje y a punto de atravesar la carne. Brett parecía dispuesto a romper algo más que la nariz del hombre, incluso mientras lo sujetaba desde su posición en el suelo.
—¡Jane! —gruñí. Estaba justo detrás de los oficiales de Saneamiento. Habían entrado dos más. Nos apuntaban a la cabeza con rifles de asalto.
—Kat, puedo explicarlo…
—¡Teníamos un puto trato, Jane!
—¡Y se mantiene! Hombres, bajen sus armas.
—Esto es una redada de Saneamiento, Concejal. Déjenos hacer nuestro trabajo.
—Y yo estoy en el Comité Interino para la Policía. Puedo votar para disolver vuestro puto departamento entero —gritó Jane. Eso lo silenció. Me miró a los ojos. Yo no retiré mi hoja de la garganta del hombre.
—Kat, puedo conseguirte la amnistía por resistirte a ellos. Incluso por la agresión…
—Voy a poner una puta demanda… —dijo el hombre de la nariz rota, con la voz amortiguada por la fractura.
—Si demandas, más te valdría estar muerto —le gritó Jane. Vi por su postura que estaba considerando darle una patada mientras estaba en el suelo.
—¿Por qué estás aquí? —siseé.
—Escuché las líneas. Vine aquí tan rápido como pude. Detectaron a tu pixie y estaban asaltando este lugar más rápido que un draco persiguiendo palomas.
—Haz que se larguen a la mierda.
Ella sacudió la cabeza. —No puedo. Solo puedo evitar que presenten cargos. Lo siento, Kat. Pero tendrás que dejar que se lleven al pixie. Seguiré su evolución. Me aseguraré de que no sea…—.
Las temidas palabras quedaron sin pronunciar.
—Kat… —chilló Duer.
—¡No dejaré que te lleven! —gruñí de nuevo, presionando más mi hoja en el cuello del hombre. Saqué sangre.
—Kat —chilló de nuevo. Sentí su mirada suplicante sobre mí—. No hagas ninguna tontería. Estaré bien. Solo… ven a buscarme.
Quería derrumbarme. Quería matar a cada piojo de Saneamiento de esta puta ciudad. Pero no podía hacer eso.
Miré a Brett a los ojos. Él estaba esperando mi señal. Si yo le cortaba la cabeza a este hombre, él estaba preparado para abrir fuego. Caería en un estallido de gloria.
Y no podía permitir que eso ocurriera.
Bajé a Ithalen a mi costado. El tipo de Saneamiento cayó al suelo, jadeando por aire.
—Haré todo lo que pueda, Kat —insistió Jane, siguiendo a los cabrones de los trajes mientras se llevaban a mi pixie. No pude evitar mirar cómo su brillo se desvanecía. Y desaparecía.