El vínculo prohibido #3
—No es precisamente tranquilizador.
—No pretendía serlo. Ella lo miró.
—Siempre hablas así.
—¿Así cómo?
—Como alguien que espera lo peor.
Kaelan permaneció en silencio durante un momento.
—La experiencia enseña precaución.
—O miedo.
Sus ojos se encontraron.
—¿Crees que tengo miedo?
—Creo que sí.
Las palabras lo sorprendieron. No porque fueran crueles.
Sino porque eran sinceras. Lyra apartó la mirada.
—Vi tu rostro cuando leíste el mensaje. Kaelan no respondió.
—No tenías miedo de un ejército.
—No.
—Entonces, ¿de qué?
La pregunta quedó sin respuesta. En su lugar, abrió otro libro.
—Encontré algo. Lyra se acercó.
Las páginas estaban dañadas, pero los símbolos eran claros.
El mismo símbolo plateado y negro que habían encontrado antes. Debajo había palabras escritas en un idioma antiguo.
Kaelan tradujo lentamente.
—Dos linajes fueron creados a partir de una misma fuente. Lyra frunció el ceño.
—¿Una misma fuente?
—Antes de que existieran los reinos. Continuó leyendo.
—La sombra fue creada para contener aquello que no podía ser destruido. La plata fue creada para guiar aquello que no podía ser controlado.
Lyra lo miró.
—¿Qué significa eso? Kaelan pasó otra página.
Su expresión cambió.
—Creo que significa que nuestros poderes nunca fueron enemi-gos.
La revelación quedó entre ellos. Su conexión no era un accidente. No era un error.
Era algo planeado siglos atrás. Lyra retrocedió.
—No.
Kaelan la miró.
—No lo crees.
—No creo que mi vida haya sido decidida antes de que yo naciera. Su voz se volvió más firme.
—Pasé años obedeciendo órdenes porque me dijeron que ese era mi propósito.
Hizo una pausa.
—No aceptaré que otra persona me diga que tengo un destino.
Kaelan la estudió.
Y en lugar de discutir, asintió.
—Lo entiendo.
La respuesta la desarmó.
—¿Lo entiendes?
—Sí.
Miró la marca en su brazo.
—Porque pasé toda mi vida creyendo que nací únicamente para cargar con una maldición.
Durante un momento, ninguno habló.
Dos personas moldeadas por expectativas que nunca eligieron.
Dos vidas controladas por fuerzas más antiguas que ellos mis-mos.
Lyra volvió a mirar el libro.
—¿Qué dice la profecía? Kaelan dudó.
Después leyó el fragmento.
—Cuando la sombra abrace a la plata… Las velas parpadearon.
—Dos poderes divididos se convertirán en uno. Su voz bajó.
—El vínculo restaurará aquello que fue roto… Hizo una pausa.
—O despertará aquello que fue enterrado. La habitación quedó inmóvil.
Lyra miró la última línea.
—¿Qué fue enterrado? Kaelan cerró el libro.
—No lo sé.
Pero ella sabía que estaba ocultando algo. No una mentira.
Un miedo.
Antes de que pudiera preguntarle más, la marca en el brazo de
Kaelan se oscureció de repente. Él retrocedió.
Las sombras a su alrededor se elevaron. Lyra reaccionó al instante.
—Kaelan.
Él no respondió.
Su respiración se volvió irregular.
La oscuridad recorrió su piel como si buscara una forma de escapar.
Lyra recordó lo que había visto durante la batalla. Su control.
Su resistencia.
Su miedo.
Sin pensarlo, extendió la mano hacia él.
En el instante en que sus dedos tocaron su brazo, todo se detuvo. La oscuridad quedó congelada.
Una luz plateada se extendió entre ellos. Entonces Lyra estuvo en otro lugar.
No en los archivos. No en Vareth.
En un recuerdo.
Vio a un Kaelan más joven de pie en un campo de batalla. Un niño con una corona demasiado pesada para él.
Vio cuerpos.
Fuego.
Una mujer llorando.
Una voz susurrando palabras antiguas. Después vio la oscuridad entrar en él. No como un regalo.
Como una prisión.
Lyra apartó la mano bruscamente.
Kaelan se sostuvo contra la mesa para no caer.
Sus ojos se encontraron.
—Lo viste.
Ella no pudo hablar. Porque era cierto.
Había visto la verdad detrás del monstruo.
Había visto al niño que se convirtió en el Príncipe de las Sombras.
—No lo sabía —susurró. Kaelan apartó la mirada.
—Por eso lo mantuve oculto.
—¿De todos?
—Sí.
—¿Por qué?
Su respuesta fue baja.
—Porque cuando las personas ven lo que hay dentro de mí, dejan de verme a mí.
Por una vez, Lyra no tuvo una defensa.
Ni una respuesta cortante. Ni un argumento.
Porque lo entendía.
Más de lo que quería admitir.
—-
A la mañana siguiente, Vareth recibió otro mensaje. Esta vez de un espía cerca de la Corte de Plata.
Cael lo entregó personalmente.
—La Corte está movilizando sus fuerzas. Kaelan miró el informe.
—¿Cuántos?
—Los suficientes para iniciar una guerra. Lyra lo miró.
—¿Por qué ahora?
La expresión de Kaelan se endureció.
—Porque saben que el vínculo ha despertado.
El silencio llenó la habitación. La profecía.
La magia.
La antigua prisión. Todo estaba conectado.
La Corte de Plata no temía su poder. Lo quería.
Kaelan dobló el mensaje.
—El próximo ataque no será para derrotar a Vareth. Lyra ya conocía la respuesta.
—¿Entonces para qué será?
Kaelan miró hacia el horizonte distante.
—Vienen por aquello que hay dentro de mí. Las sombras a su alrededor se movieron.
Y por primera vez, Lyra comprendió el verdadero peligro.
Kaelan Vareth no era el arma que el mundo temía.
Era la cerradura.
Y algo antiguo estaba intentando romperla.