La casa de verano Capítulo 38
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Capítulo 38

El plan para Derek era sencillo.

La chica había dicho que iba a seducirlo y quería que George la grabara mientras lo hacía.

George no acababa de entender cómo seducir a alguien podía considerarse una venganza. Derek iba a disfrutarlo: una chica que estaba a años luz de su alcance coqueteando con él. ¿Y por qué demonios iba George a querer grabarlo? Preferiría ser él quien recibiera la seducción.

No es que fuera a ocurrir. Era un quinceañero bajito y virgen, con unas gafas que le quedaban grandes y la cara llena de granos. La chica nunca lo miraría de esa manera.

—Confía en mí —le había asegurado cuando él pareció mostrarse reacio—. Lo tengo todo bajo control.

George siguió adelante con su plan, en parte por curiosidad, pero sobre todo porque disfrutaba formando parte de algo.

Estaba acostumbrado a quedarse fuera, mirando desde la barrera, y a menudo eso era peor, más aislante incluso, que sufrir acoso.

La chica le había pedido ayuda. Lo quería en su equipo.

Aunque no aprobara su plan, al menos lo estaba incluyendo. También confiaba en él.

Al principio, le hizo muchas preguntas. Cosas sobre Derek, el tipo de chicas con las que había salido, los lugares donde le gustaba pasar el rato, qué clase de música escuchaba y si tenía alguna afición.

Eran preguntas bastante anodinas que obligaban a George a concentrarse en la persona que más desgracias le había causado, y él no entendía muy bien para qué servían.

¿Por qué iba a importarle que a Derek le gustaran las chicas fáciles y estuviera obsesionado con Nickelback?

Aun así, le siguió el juego y, un viernes por la noche, la chica le dijo que había llegado el momento.

Había quedado con George en el pueblo y, cuando apareció en el punto de encuentro, él ni siquiera la reconoció.

Vestía de una manera completamente distinta, con la falda más corta y ceñida y el escote al descubierto.

Llevaba el pelo suelto sobre los hombros, cuando normalmente lo recogía, y se había maquillado mucho más.

—¿Qué te parece? —preguntó con una sonrisa mientras daba una vuelta sobre sí misma—. No va a poder resistirse a mí.

George se aclaró la garganta.

—Vaya, estás muy diferente.

—¿Solo diferente?

—En el buen sentido —añadió él, nervioso, al darse cuenta de que se suponía que debía haberla halagado—. Estás guapísima.

Seguía siendo bonita, pero ahora también resultaba sexy; parecía mucho mayor y a George se le hizo un nudo de celos en la garganta al pensar que Derek iba a ser quien disfrutara de ella.

Mientras caminaban hacia el pub donde solía pasar el rato su hermano, ella le explicó su plan de seducción. Cuando llegaran, George tendría que esperar fuera. Le había entregado una cámara de vídeo, le había enseñado a usarla y le había explicado exactamente qué quería que hiciera.

—No te dejes ver. Cuando salgamos del bar y bajemos hacia el parque, quiero que nos sigas.

Pase lo que pase, no te acerques demasiado y asegúrate de permanecer escondido.

Empieza a grabar y, veas lo que veas, no pares hasta que todo haya terminado y yo diga que voy a llamar a la policía.

Esa será la palabra clave para que dejes de grabar. Policía. ¿Vale?

El plan no le hacía ninguna gracia. Todo aquello parecía bastante arriesgado. Pero ¿qué otra opción tenía?

Cuando llegaron al pub, la chica desapareció en el interior y, mientras esperaba, George pasó del aburrimiento a la paranoia y de ahí al enfado.

Quizá la broma fuera a costa de él. La chica había dicho que quería ayudarlo a vengarse, pero ¿y si le había mentido?

¿Y si había querido toda aquella información sobre Derek porque le gustaba y quería conocerlo mejor?

A George le parecía inconcebible que las chicas se sintieran atraídas por su hermanastro.

Era feísimo, con aquella nariz puntiaguda, la papada y los ojos demasiado juntos.

Tenía que ser una cuestión de confianza.

Derek se adoraba a sí mismo y sabía coquetear.

Se creía un regalo de Dios y se le daba bien convencer a los demás de que también lo era.

O quizá la chica no estaba interesada en él y aquello formaba parte de una broma cruel. George podía imaginarse a su hermanastro y a sus amigos dentro del pub, riéndose de él con la chica. Pensó en cómo habían conseguido atraerlo hasta allí para que se pasara la noche sentado en un aparcamiento.

Estaba aburrido y abatido, y empezaba a tener frío. Además, necesitaba hacer pis.

Como no había nadie cerca, se escabulló por el lateral del pub y se alivió entre los arbustos.

Mientras se abrochaba los vaqueros comprendió lo cerca que había estado de perdérselos.

Oyó la risa cantarina de la chica y el ruido de unos pasos y, al entrecerrar los ojos para mirar en la oscuridad, vio que estaba con Derek. Se encontraban en la carretera, alejándose del pub.

George cogió la videocámara y salió tras ellos.

Intentó mantener las distancias mientras los seguía hacia el parque, sin querer que Derek mirase atrás y lo descubriese. Al llegar a la entrada, oyó más risas y un eructo de borracho de su hermanastro.

Las farolas que rodeaban el parque, sumadas a la luna casi llena, aumentaban el riesgo de que lo vieran.

George no apartaba los ojos de los dos mientras avanzaba sigilosamente detrás de los arbustos, buscando una posición desde la que pudiera verlos, pero bastante seguro de que ellos no lo descubrirían.

Ambos estaban en el suelo y se besaban. A la luz plateada, George alcanzó a ver la mano de Derek sobre el pecho de la chica.

Ignorando el pinchazo de celos, puso la cámara a grabar.

Durante unos minutos no pasó gran cosa y a George empezaron a dolerle las piernas por permanecer agachado. El aburrimiento se apoderó de él mientras volvía a preguntarse qué sentido tenía todo aquello.

La chica susurró algo al oído de Derek y una nueva oleada de paranoia le recorrió la espalda. Seguía temiendo que aquello fuera una trampa.

¿Qué era lo peor que podía pasar si se marchaba en ese momento?

No te detengas hasta que yo te lo diga.

Las palabras de la chica resonaron en su cabeza. Ella había insistido en que siguiera grabando pasara lo que pasase, y una pequeña alarma se encendió en la mente de George, advirtiéndole que haría bien en no decepcionarla. Era alguien con quien no le convenía enemistarse.

Así que se quedó donde estaba, intentó acomodarse un poco y siguió observando.

El grito de la chica, cuando llegó, estuvo a punto de hacerle soltar la cámara.

Derek lo acalló enseguida al cubrirle la boca con la suya y hacerla retorcerse mientras sus manos le subían la falda. Ella pataleó y agitó los brazos, pero él no le hizo caso y tiró de sus bragas.

—Te gusta, ¿verdad, pequeña zorra?

La chica respondió arañándole la mejilla, lo que le arrancó un chillido.

—Serás zorra. Eso me ha dolido.

Le cruzó la cara de una bofetada y el chasquido hizo que George se estremeciera.

—¿Es lo bastante duro para ti, zorra asquerosa?

Esto no está bien. No se suponía que debía hacerle daño. George tenía que detenerlo.

Pero ¿cómo? No era rival para Derek.

¿Debía salir corriendo en busca de ayuda?

Bajó la cámara. La escena que tenía delante le revolvía el estómago.

Fue entonces cuando la chica miró hacia los arbustos.

Derek ya se había bajado los pantalones y los calzoncillos, y estaba penetrándola; su trasero blanco y fofo quedaba expuesto a la luz de la luna.

Ella, sin embargo, no le prestó atención.

Su cuerpo no era más que un recipiente en el que él podía derramar su semen.

Y aunque no dijo nada ni reconoció que lo había visto, algo en la mente de George le indicó que aquello formaba parte del plan.

Recordó sus palabras.

Empieza a grabar y, pase lo que pase, no te detengas.

¿Ella quería aquello?

Lo había planeado desde el principio. Quería que pareciera que él la estaba violando.

Aquello era demasiado extremo. Solo tenía quince años. ¿Por qué haría algo así?

La chica volvió a apartar la mirada, con el rostro retorcido por la angustia, mientras empujaba a Derek.

—Para. Quítate de encima. ¡He dicho que no!

Aunque resultaba incómodo verlo, George siguió grabando.

Cuando por fin su hermano se apartó de la chica, se puso en pie y se subió los vaqueros, ella empezó a sollozar. Por un momento, George volvió a preguntarse si se había equivocado. ¿Debería haber intentado detenerlo?

Observó la expresión confusa de su hermanastro.

—¿Por qué lloras? Has conseguido lo que querías.

La chica estaba hecha un desastre, con la falda todavía arremangada alrededor de la cintura y el maquillaje corrido por toda la cara. George vio que llevaba el escote de la blusa desgarrado.

—¡Me has violado! —siseó.

—¿Qué? —Los ojos de Derek se desorbitaron—. No lo he hecho.

—Te he dicho que parases, pero no me has hecho caso.

—Lo has disfrutado, zorrita asquerosa. No finjas que no.

—Tú… me has obligado.

Ahora sonaba histérica. Se tambaleó mientras buscaba sus bragas destrozadas.

Derek se llevó las manos a la cabeza, con los ojos llenos de pánico.

—Pensaba que te gustaba hacerlo a lo bruto.

—Deberías haber parado. Me estabas haciendo daño. Solo tengo quince años.

—¿Que tienes qué? —El ojo de Derek se abrió desmesuradamente—. Creía que eras mayor.

Mientras se secaba los ojos, la chica miró hacia los arbustos.

—No, tengo quince años. Eres un violador asqueroso y un peligro para las mujeres. Espera a que le cuente a la policía lo que has hecho.

Aquella era la señal de George para detenerse. Hizo lo que le había pedido y bajó la cámara.

—¡Zorra loca! Me has provocado. Dijiste que tenías diecisiete años.

La chica ya no escuchaba a Derek. Seguía mirando hacia los arbustos y, cuando habló, se dirigió a George.

—Ya puedes salir.

—¿Qué? —Derek parecía confundido.

A George le latía el corazón con fuerza cuando salió de entre los arbustos.

Los ojos de Derek se abrieron de par en par.

—¿Qué coño haces aquí? —exigió.

—George tenía un trabajo muy importante que hacer —dijo la chica mientras le quitaba la cámara y comprobaba las imágenes para asegurarse de que se habían grabado bien.

—¿Por qué tienes esa cámara? —Derek parecía muy preocupado ahora.

—Una póliza de seguro.

Guardó silencio unos instantes, asimilando sus palabras.

—Me has tendido una trampa.

La chica le guiñó un ojo a George.

—Creía que habías dicho que era idiota. A mí me parece que lo está pillando bastante rápido.

—¿Tú has hecho esto? —Derek se volvió hacia George, que retrocedió enseguida, con la ansiedad disparada. Podía ver las manchas rojas en las mejillas de su hermanastro y sabía que estaba furioso. No quería recibir una paliza.

—Quieto ahí —ordenó la chica. Aunque George se encogió un poco por dentro, agradeció que ella se interpusiera entre Derek y él.

—¿Qué quieres de mí?

Derek no apartaba la vista de la cámara y George temió que intentara arrebatársela.

La chica también se había dado cuenta.

—Si intentas quitármela, empiezo a gritar que me has violado. Hay un montón de casas cerca. ¿Cómo crees que quedará la cosa si te pillan con esa grabación? Diré que hiciste que uno de tus amigos grabara lo que me hiciste.

La amenaza hizo que vacilara.

—¿Y si no la cojo, qué? Has dicho que vas a contárselo a la policía.

—Supongo que eso depende. Quiero ciertas garantías.

—¿Garantías de qué? —Su tono era cauteloso.

—Te marchas de aquí y no le cuentas a nadie lo que ha pasado esta noche. No vuelves a hacerle daño a George. No vuelves a insultarlo ni a burlarte de él. No vuelves a sabotear sus deberes, no permites que tus amigos lo toquen ni se rían de él y, si lo hacen, les obligas a parar. ¿Lo entiendes?

Como Derek permaneció en silencio, mirándola fijamente, ella lo tomó como una confirmación para continuar.

—Si aceptas, nunca le contaré a nadie lo que ha pasado aquí esta noche y nadie verá este vídeo. Pero si le sucede algo a George, o si me dice que lo has insultado o incluso que lo has mirado mal, haré público que me violaste y me aseguraré de que todo el mundo vea lo que hay en esta cinta.

—Estás como una puta cabra. —Derek estaba enfadado, pero George percibió el pánico subyacente en su voz.

La chica sonrió con suficiencia.

—¿Tenemos un trato?

—¿Por qué él? ¿Por qué coño quieres ayudar a este enano?

—George y yo somos amigos y yo lo respaldo.

¿De verdad? George supuso que acababa de demostrar que era cierto. Y había cumplido su promesa, aunque sus métodos fueran extremos y poco convencionales.

Le dio vueltas mientras Derek abandonaba el parque con la cabeza gacha, avergonzado o compadeciéndose de sí mismo. A George no le importaba cuál de las dos cosas fuera. Solo se alegraba de que su hermanastro hubiera aceptado dejarlo en paz. Aunque ¿cumpliría realmente su parte del trato?

—No me gustó verte hacerle daño —le dijo a la chica mientras regresaban a la carretera—. Podríamos haber encontrado otra manera de deshacernos de él.

La chica se encogió de hombros, como si lo ocurrido no tuviera importancia.

—Solo es sexo, George. Y le dije que me pegara y que lo hiciera de forma brusca. El muy idiota no tenía ni idea del lío en el que se estaba metiendo. —Lo miró de reojo—. Ya ves, te prometí que te ayudaría.

Y lo había hecho.

—Gracias.

—Así que te he ayudado. Ahora tengo que empezar a tramar mi propia venganza.

George había estado tan concentrado en Derek que se había olvidado por completo de que tenían un trato. La chica aún no le había dicho contra quién quería vengarse, y a él se le revolvió el estómago de nervios.

—No estoy seguro de qué puedo hacer para ayudarte. No puedo llevar a cabo nada parecido a lo que acabas de hacer.

Debió de notar el pánico en su voz, porque sonrió para tranquilizarlo.

—Relájate y no te preocupes. Sé exactamente qué necesito que hagas. —Sus ojos se encontraron con los de él y mantuvo la mirada mientras hablaba—. Te elegí como compañero por una razón, George.