Capítulo 23
—¿Por qué no me dijiste que Xav se había encargado de arreglar mi coche?
Ollie levantó la vista del rodapié que estaba pintando y dejó caer un poco los hombros al ver a su hermana en el umbral de su antiguo dormitorio, con las manos en las caderas, como si estuviera deseando volver a discutir.
Las palabras de Lana la noche del atropello le habían hecho abrir los ojos, obligándolo a comprender hasta qué punto se había estado comportando mal.
Era culpa de haber vuelto a aquella casa. En el fondo, lo sabía. La muerte de Camille le había afectado más de lo que le gustaba admitir y había intentado ocultarlo fingiendo ante el mundo que lo había superado. Y ahora casi había perdido a Lana.
La idea de que ella también pudiera morir lo aterrorizaba.
Además, era su gemela, lo que de algún modo lo hacía aún peor.
No importaba que se hubieran distanciado.
Siempre había sabido que ella estaba ahí y que seguiría estándolo, pasara lo que pasase.
Comprender que se había equivocado lo había obligado a replanteárselo todo.
Por supuesto, no había compartido aquellos pensamientos con ella.
Le daba demasiada vergüenza admitir la verdad.
Pero ahora intentaba compensarla por la forma en que la había tratado.
Se había mostrado más considerado y había intentado que Elise también pusiera de su parte.
Había pensado en Lana al pedir comida, además de las dos veces que había cocinado, y había estado ayudando en la casa.
También hacía todo lo posible por protegerla de Xavier Landry.
Ollie no sabía qué había ocurrido aquella noche en la playa entre ellos ni por qué habían estado juntos, pero no le gustaba que Xav hubiera estado allí por casualidad justo cuando Lana había estado a punto de perder la vida.
Había algo raro en toda aquella situación y no se fiaba ni un pelo de Xav ni de sus intenciones.
Entendía que lo del coche era una maniobra para acercarse a ella, pero no tenía claro cuál era el objetivo final de Xav.
Lo único que sabía era que ya había perdido a una hermana por culpa de un Landry.
No estaba dispuesto a perder también a Lana.
Y, por supuesto, ella no veía más allá cuando se trataba de Xav. Siempre había sido así. No entendería que Ollie solo intentaba protegerla. Se daba cuenta por la actitud hostil que mostraba en ese momento.
—Pienso devolvérselo —le dijo, dejando el pincel sobre el borde del bote y poniéndose en pie. No pensaba deberle nada a Xav. En otro tiempo habían sido los mejores amigos y Ollie lo había querido como a un hermano. Cuánto habían cambiado las cosas. Ahora solo sentía rabia y amargura.
—¿También lo ha pagado él?
De acuerdo, al parecer ella tampoco sabía eso. Ollie se dio una patada mental.
Cuando el coche había aparecido de repente en Mead House al día siguiente del atropello, había sacado la cartera, esperando tener que pagar la factura, y se había quedado sorprendido al descubrir que ya estaba todo pagado. Por Xav Landry, nada menos.
Había reconocido a Bree McCarthy y recordaba que era amiga de Seb, y que seguía siéndolo, a juzgar por el gesto ceñudo que lucía.
No quería estar allí y estaba claro que lo hacía a regañadientes.
Aunque no había admitido abiertamente que Xav la hubiera presionado para reparar el coche y cambiar los neumáticos rajados, a Ollie no le había costado unir las piezas.
Mientras veía a Bree subir al asiento del copiloto del coche que la había seguido hasta la casa, Ollie había comprendido que Xav tramaba algo, y no le gustaba ni un pelo.
No pensaba contárselo a Lana bajo ningún concepto.
O al menos esa había sido su intención.
Trudy Palmer debía de haber abierto su bocaza. Era la única forma en que Lana podía haberse enterado.
Ollie maldijo a aquella mujer y deseó haberla mandado de vuelta en vez de dejarla entrar en la casa.
Por desgracia, ahora no le quedaba más remedio que sincerarse.
—Está tramando algo, Lana, y no me gusta.
—¿Qué? No digas tonterías.
—¿Así que resulta que estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado cuando alguien te rajó los neumáticos y que seguía por la zona cuando ese coche te atropelló? Es todo un poco conveniente, ¿no crees?
—No, la verdad es que no. —Los ojos de Lana relampagueaban de furia y tenía las mejillas encendidas. Durante los últimos días había parecido la sombra de sí misma. Aunque su enfado iba dirigido contra él, Ollie se alegraba de ver que había recuperado su chispa.
—¿Y ahora paga para que te arreglen el coche? ¿Por qué iba a hacer eso?
—No sé por qué, pero él estaba primero en aquella playa. Fui yo quien se lo encontró, no al revés.
—¿Sabías que iba a estar allí? —preguntó Ollie, con tirantez. ¿Había ido Lana a buscar a Xav a propósito? ¿Por qué iba a hacerlo, sabiendo el terrible vínculo que existía entre sus familias?
Lana tardó un poco más de lo que a él le habría gustado en responder.
—No, no lo sabía.
¿Le estaba diciendo la verdad? Mucho tiempo atrás lo habría sabido. Ahora ya no estaba seguro.
—Quiero que te mantengas alejada de él. Solo te traerá problemas.
—¿Quieres que lo haga o me lo estás ordenando? Tú no eres mi guardián, Ollie. De hecho, que yo recuerde, no tenías demasiado interés en formar parte de mi vida.
Ay. Aquello le dolió. —¿De verdad es eso lo que piensas?
—Bueno, es verdad, ¿no? Lana parecía algo azorada, como si se hubiera dado cuenta de que quizá había ido demasiado lejos, pero, tan tozuda como Ollie, continuó—. Últimamente solo sé de ti cuando quieres algo, y fuiste tú quien se puso hecho una furia cuando dije que iba a volver aquí para ayudarte.
—¡Pero volví! Y te equivocas. Me importas. Te quiero. Eres mi hermana gemela.
Ella no tenía ni idea de lo difícil que había sido para él regresar.
De que se había jurado no volver allí jamás.
Bajar a la casa de verano y encontrar el cuerpo de su hermana lo había traumatizado; la escena con la que se había topado se repetía sin cesar en su cabeza.
Lana no lo entendía; nunca había tenido que enfrentarse a algo así ni cargar con el peso que él llevaba sobre los hombros.
—Pero tú te lo estás tomando como si fueran vacaciones. ¡Hemos venido a ocuparnos de la casa!
—¿Y qué te crees que estoy haciendo? —Señaló la lata de pintura—. ¿Esto es lo que hace la gente en unas jodidas vacaciones?
—Vale, de acuerdo. Llevas unos días ayudando un poco —concedió—. Pero estaría bien que tu prometida dejara de tratar este sitio como un hotel. ¿Y tanto le costaría ser un poco más amable conmigo? Va a ser mi cuñada. Ni siquiera me dijiste que os habíais comprometido.
Ahí tenía razón. Debería habérselo contado. La verdad era que todo había sucedido tan deprisa que apenas había tenido tiempo de asimilarlo él mismo, mucho menos de anunciarlo a los demás. Y, si era completamente sincero, tampoco sabía gran cosa sobre Elise Gladstone.
Se habían conocido una noche que salieron y, para variar, ella había dado el primer paso.
Él había caído tontamente rendido ante su escote revelador y al enterarse de que era modelo.
Después, solo habían hecho falta unos días para que ella se instalara en su piso y empezara a presionarlo para que le pusiera un anillo en el dedo.
Ollie estaba tan embelesado con su nueva novia despampanante y obsesionada con el sexo que no se había tomado la molestia de conocerla de verdad, y todavía no había conocido a ninguno de sus familiares.
Y Lana tenía razón. Elise se había mostrado distante con ella, y él no tenía ni idea de cuál era su problema.
Había sacado el tema un par de veces, pero en ambas ocasiones Elise lo había convertido en una gran pelea y, en el fondo, aquello le hacía preguntarse si estaba cometiendo un error. Siempre había sido un poco impulsivo.
Pero, a su manera habitual, Ollie estaba apartando el problema de su mente. En ese momento, aquello iba de él y Lana, y de lo que demonios estuviera pasando con Xav.
—Estás desviando la conversación —le dijo, adoptando una actitud defensiva—. Esto no va de Elise. Va de que te mantengas alejada de Xav Landry. Lo que pienses de mí es irrelevante. Solo intento protegerte. No confío en él.
—¿Porque es un Landry?
—Porque su hermano mató a nuestra hermana. Ollie estaba a punto de perder los estribos. ¿Qué parte de aquello no entendía?
—¿Y si no lo hizo?
Las palabras de Lana lo dejaron paralizado, pensando por un instante que la había oído mal.
—¿Qué has dicho?
Esta vez ella habló despacio. —He dicho que ¿y si no lo hizo?
Ollie no sabía muy bien cómo responder, así que soltó una risita incómoda. —Claro que lo hizo —dijo al cabo—. La expresión atormentada del rostro de Lana lo estaba poniendo nervioso.
—He estado leyendo el diario de Camille. El que estaba escondido. ¿Sabías que veía a otra persona a espaldas de Seb?
—¿Qué? ¿A quién? Ollie tenía la boca seca y, de repente, le costaba tragar.
—Solo lo llama G. Estaba obsesionada con él. Creo que nos ocultó muchos secretos. A nosotros y a Sebastian.
¿Era verdad? Camille y Sebastian siempre habían estado juntos.
—Entonces, ¿qué estás insinuando? ¿Que esa persona llamada G la mató?
—No lo sé. Lana se echó hacia atrás el pelo con gesto frustrado—. Puede.
—¿Pero cómo? —Ollie entrecerró los ojos—. Tú viste a Sebastian. Estaba allí.
Lana no le respondió de inmediato y él vio el conflicto en su rostro, cómo luchaba por encontrar las palabras. Cuando habló, lo hizo en un susurro.
—¿Y si me equivocaba?
En serio, ¿ahora también estaba dudando de sí misma?
Siempre había estado completamente segura de que había visto a Sebastian Landry. Y, por supuesto, Seb lo había negado, pero mentía. Ollie estaba convencido.
Había sido Xav. Él le estaba metiendo ideas en la cabeza a Lana, manipulándola para que creyera que su hermano era inocente. Se estaba confundiendo al leer el diario.
Ella había intentado que Ollie lo leyera, pero él no había sido capaz de enfrentarse a las palabras de Camille, a aquel recordatorio del último verano. La sola idea le revolvía el estómago y se había negado a hablar del tema, cortando a Lana cada vez que lo mencionaba.
—Sebastian Landry mató a Camille. Estás dudando de ti misma por culpa de un estúpido libro y de una conversación con tu exnovio.
Por eso no deberías verlo. Está intentando liarte la cabeza.
Levantó un dedo en señal de advertencia—.
Lo digo en serio, Lana. Mantente alejada. No pienso perder a otra hermana.
No le dio tiempo a responder. Salió de la habitación hecho una furia, dejándola con la boca abierta.
Cuanto antes pudieran poner aquella maldita casa a la venta y marcharse de allí, mejor sería para los dos.