Capítulo 4 #3
Nora abrió la puerta lo justo para que Bruno entrara. Él miró la carpeta en la pantalla sin acercarse demasiado.
—¿Cuándo se creó? —preguntó.
—No lo sé —dije.
—Botón derecho. Propiedades. Sin abrir.
Lo hice. La fecha de creación era de esa misma mañana, 10:14.
La misma hora del acceso falso del día anterior.
—Joder —dije.
Martina se llevó una mano al cuello.
—¿Quién más tiene acceso a este ordenador?
—Oficialmente, The Lookout y supervisión de prensa —dijo Celia.
—Y ahora convivencia —añadió Inés—. Por el nuevo protocolo.
—Arriaga —dije.
—No saltemos —dijo Martina, aunque sonó como si ella misma quisiera saltar.
Nora señaló la pantalla.
—Tamaño: cero bytes.
—Está vacía —dijo Bruno.
—O lo parece —dijo Amina.
—No. Cero bytes es cero bytes. Pero la carpeta existe. Eso basta.
Claro que bastaba. Una carpeta llamada RUTA_03 creada en The Lookout a la misma hora que mi credencial había decidido pasearse por una galería.
No contenía nada, pero contenía muchísimo.
Contenía intención. Contenía fecha. Contenía mi presencia digital.
Contenía una forma estupenda de decir después que The Lookout había empezado a organizar algo llamado Ruta 03 antes de que nadie nos acusara de nada.
Celia sacó el móvil.
—Foto. Pantalla completa. Hora visible.
Amina ya estaba fotografiando.
Nora se acercó al tablón.
—Eh.
Su voz cambió. No gritó. Por eso nos asustó más.
En el tablón de artículos, alguien había clavado una hoja nueva con una chincheta negra.
No estaba ahí cuando entramos. O yo no la había visto.
O nadie la había visto porque estaba colocada entre dos borradores de entrevistas, perfectamente alineada con el resto de papeles.
La hoja parecía un artículo en formato de The Lookout.
Título, entradilla, espacio para fotografía, firma.
El título decía:
LOS INTOCABLES DEL AURORA: LA RUTA QUE NADIE DEBE RECORRER
Debajo, en el campo de firma:
Alma Vera García
No era mi letra. No era mi estilo. Ni siquiera era un buen título mío, cosa que me ofendió por encima del terror, porque una puede intentar incriminarme, vale, pero al menos que respete la calidad.
Martina arrancó la hoja del tablón con cuidado y la dejó sobre la mesa.
—No la hemos escrito.
—Gracias por aclararlo —dijo Laura—. Estaba dudando si Alma había perdido toda sutileza.
—Me preocupa que “los intocables” aparezca ya —dijo Celia.
Amina miró la hoja.
—No es una amenaza. Es un borrador plantado.
—Para que parezca que íbamos a publicar acusaciones —dijo Inés.
—Y que ya habíamos elegido el término —añadió Martina—. Los intocables.
Me senté muy despacio. No porque me mareara exactamente, sino porque las piezas empezaban a colocarse en una figura demasiado clara.
La nota en el bolsillo. Mi credencial en la galería oeste.
La puerta de la sala de faroles. El mensaje.
La carpeta RUTA_03. El falso artículo con mi firma.
No eran ataques sueltos. Eran párrafos. Alguien estaba escribiendo un relato sobre mí con una paciencia asquerosa.
—Quieren que parezca que yo estoy obsesionada con una ruta —dije.
—Y con una supuesta red de alumnos protegidos —dijo Celia.
—Antes de que tengamos pruebas —añadió Martina.
—Así, cuando aparezcan pruebas reales, ya estarán contaminadas —dijo Bruno.
Nadie habló durante un momento.
Era brillante, en realidad. Horrible, pero brillante.
Si The Lookout publicaba, éramos irresponsables.
Si no publicaba, ya había pruebas de que preparábamos algo.
Si yo investigaba, confirmaba la obsesión.
Si no investigaba, seguían usando mi nombre.
Si hablaba, era impulsiva. Si callaba, dejaba que el relato creciera solo.
Nora rompió el silencio.
—Vale. Primero: alguien nos está escribiendo fatal. Segundo: tengo hambre de rabia. Tercero: esto no se queda aquí.
Martina miró la hoja.
—No podemos publicar nada de esto.
—Lo sé —dijo Nora—. Pero podemos hacer lo contrario.
—¿Qué es lo contrario?
Nora sonrió. Eso siempre era peligroso.
—Publicar algo impecable.
Celia levantó la vista.
—Un artículo sobre la Vigilia sin mencionar incidencias, pero preguntando por criterios de seguridad, rutas históricas, supervisión y memoria institucional.
—Y firmado por todo The Lookout —dijo Martina—. No por Alma.
—Exacto —dijo Nora—. Si quieren convertir a Alma en una loca con columna propia, les damos una redacción colectiva con más fuentes que una tesis de Celia.
—No metas mi nombre en vano —dijo Celia.
—Lo meteré en bibliografía.
Empezamos a trabajar.
Aquello fue, curiosamente, una de las cosas más bonitas y más tensas que habíamos hecho en mucho tiempo.
Martina redactaba con calma, eligiendo palabras que pasaran filtros sin perder filo.
Celia verificaba datos de archivo y fechas antiguas de la Vigilia.
Amina revisaba fotografías de faroles, pasillos y marcas en la galería oeste.
Nora proponía frases más peligrosas de lo permitido y luego aceptaba recortarlas a cambio de meter alguna puñalada escondida.
Inés y Nuria buscaban antecedentes en anuarios disponibles.
Laura aportaba nombres de familias vinculadas a la recuperación de los Juegos, dejando caer información como quien no quiere mancharse demasiado pero ya se ha arremangado.
Irene, al principio, solo observaba. Luego empezó a comparar el mapa oficial con su mapa plastificado y descubrió que una de las rutas marcadas en el plano nuevo no coincidía con la orientación real de la galería oeste.
—Aquí falta un tramo —dijo.
Todos nos giramos.
Irene se puso roja, pero esta vez no retiró el mapa.
—No digo que falte en plan misterio. Digo que, si sigues la escala, el pasillo debería ser más largo. O hay un cuarto entre la galería y la sala exterior de faroles, o el plano está simplificado.
Bruno se acercó.
—Déjame ver.
Irene le tendió el mapa. Él lo comparó con la foto del plano oficial en la pantalla.
—Tiene razón.
Irene abrió mucho los ojos, como si no estuviera acostumbrada a que alguien dijera eso en voz alta.
—Hay un espacio intermedio —dijo Bruno—. No aparece como sala. Podría ser un hueco técnico, almacén o pasillo cegado.
—O la razón por la que la puerta se abrió solo un centímetro —dije.
Bruno me miró.
—¿Qué?
—Si la sala interior no era el verdadero destino. Si querían que miráramos esa puerta, pero la ruta pasa por otro tramo. Una puerta visible para tapar una invisible.
Amina escribió en la pizarra:
HUECO ENTRE GALERÍA OESTE / FAROLES
Luego añadió:
NO PUBLICAR
—Gracias por la confianza —dije.
—No era por ti. Era por Nora.
—Eh —protestó Nora—. Yo publico con responsabilidad cuando me vigilan.
—Eso no mejora la frase.