172 Constantina, 23 de diciembre, 2000
A Loli Cansino y a Rosario Terrón se lo contaron juntas, en la cocina de Constantina, porque llevaban treinta años esperando lo mismo y ninguna de las dos quería enterarse sola.
Loli leyó el auto tres veces.
—Aquí no pone que vaya a la cárcel nadie —dijo.
—No. Está prescrito.
—Treinta años.
—Sí.
Rosario Terrón puso la mano encima de la de su cuñada.
—Pero pone su nombre, Loli. Pone «asesinato». Y hasta hoy ponía «accidente».
Loli se quedó callada un momento largo.
—Es verdad —dijo—. Eso es otra cosa.