157 Puesto de Cazalla, 16 de diciembre, 1640
—Descríbame lo que vio.
—La cogió del cuello con las dos manos y no la soltó. Yo le dije que la dejara. Se lo dije dos veces. Se lo dije con estas palabras: doña Reyes, déjelo ya.
—Y usted, ¿qué hizo?
Silencio.
—Nada —dijo Tano—. Setenta y seis años y no hice nada. Me quedé mirando como un pasmarote hasta que dejó de moverse.
Se tapó la cara con las dos manos, y aquel hombre que había matado a un compañero en 1996 lloró por primera vez en la sala.