148 Casa del guarda, 16 de diciembre, 0730
A Tano Escamilla lo detuvieron veinte minutos después, sentado en la cocina con los dos podencos a los pies y la lumbre encendida desde las cinco de la mañana.
No preguntó por qué. Sólo dijo:
—¿Me da usted tiempo de dejarle los perros a mi sobrina?
—Se lo doy —dijo Adela.