La campana sumergida 141 Cazalla de la Sierra, 13 de diciembre, 1400
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141 Cazalla de la Sierra, 13 de diciembre, 1400

Y entonces, como pasa siempre que se va a ganar algo, se perdió otra cosa.

Trinidad Marín entró en el puesto sin cita, con los ojos rojos y la barbilla temblando, y no vino a declarar.

—Se lo he contado a mi hermano —dijo—. Anoche. Lo de mi padre. Ya no podía más.

Adela cerró los ojos un segundo.

—¿Cómo se lo ha tomado?

—Se ha ido a la finca y no me coge el teléfono. —Trini tragó saliva—. Y me ha preguntado si usted lo sabía.

—¿Y usted qué le ha dicho?

—La verdad.