123 Dehesa de la Umbría, 3 de diciembre, 0700
Entraron a las siete de la mañana con veintidós guardias, dos peritos del SEPRONA, un perro de detección de restos y una excavadora pequeña.
Reyes Bocanegra los recibió en bata, tranquilísima, y les ofreció café mientras leía la orden con las gafas en la punta de la nariz.
—Está usted cometiendo un error grande, teniente —dijo, sin levantar la voz.
—Puede ser.
—Y caro.
—Los míos siempre son baratos —dijo Adela—. Cobro poco.