117 Puesto de Cazalla, 1 de diciembre, 1740
Kiko Herruzo se echó hacia delante y se agarró la cabeza con las dos manos.
—Yo puse los cebos —dijo—. Del catorce al dieciséis. Ocho, en cuatro sitios distintos. Con un saco viejo que había en el almacén de arriba.
—¿Por qué?
—Porque me lo mandaron.
—¿Quién?
—El guarda. Tano.
—¿Y usted por qué le hace caso al guarda?
Kiko levantó la cara.
—Porque Tano no manda nada. Tano dice lo que le dicen que diga.