La campana sumergida 113 El Pedroso, 1 de diciembre, 0640
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113 El Pedroso, 1 de diciembre, 0640

Lo detuvieron a las seis y cuarenta de la mañana, en el portal, con el termo del café en la mano.

No corrió. No dijo nada. Le dio el termo a su madre y puso las muñecas juntas sin que se lo pidieran.

—¿Sabe usted por qué está detenido? —le preguntó Adela en el coche.

Kiko miró por la ventanilla la carretera de Cazalla, gris de amanecer.

—Por lo de los bichos —dijo.

—Entre otras cosas.

—Yo a esa mujer no la he tocado. —Se le rompió la voz en la última palabra—. Se lo juro por mi madre.