La campana sumergida 89 Cazalla de la Sierra, 17 de noviembre, 1100
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89 Cazalla de la Sierra, 17 de noviembre, 1100

La cuenta era limpia como una factura.

Onésimo Bocanegra necesitaba que la muerte de su guarda fuera un accidente sin culpable identificado. Un culpable identificado significaba juicio, peritos, y peritos significaba preguntar por qué había muerto Fermín Terrón.

Necesitaba a un hombre que creyera haberlo hecho y que callara. Y por callar se le paga con lo único que en la sierra vale más que el dinero: tierra.

Treinta años de pasto barato a cambio de treinta años de culpa.

—Y el hijo no sabe nada —dijo Sonia.

Adela no contestó.