La campana sumergida 37 Universidad de Sevilla, 26 de octubre, 1000
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37 Universidad de Sevilla, 26 de octubre, 1000

El doctor Casimiro Tinoco tenía sesenta y un años, una bata con dos manchas antiguas y un laboratorio que olía a hígado de cerdo y a formol.

—Siéntese ahí, teniente, pero no toque las cajas.

En las cajas había carne pudriéndose a temperatura controlada. Tinoco lo dijo con el orgullo de otros al enseñar un jardín.

—Su mosca me ha alegrado el mes —añadió—. Y le va a arruinar a usted la hipótesis, que es lo bonito de mi oficio.