30 Dehesa de la Umbría, 21 de octubre, 1100
Les enseñó las instalaciones sin que se lo pidieran: los comederos, el vallado nuevo, el cartel del convenio con la Junta, la placa de la certificación de gestión cinegética sostenible.
—Cobramos ayudas por conservar —dijo—. Sesenta y cuatro mil euros al año. Y estamos en trámite de vender la finca a un fondo que quiere hacer turismo de naturaleza. ¿Sabe usted qué es lo último que necesito yo aquí, teniente? Un cebo envenenado con mi nombre encima.
Era, pensó Adela mientras volvían al coche, un argumento excelente.
Demasiado bien preparado para diez y media de la mañana de un miércoles.