La campana sumergida 10 Cerro del Hierro, 15 de octubre, 1130
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10 Cerro del Hierro, 15 de octubre, 1130

Lo que miraba era el suelo. Aquel barro guardaba la huella de sus propias botas como cera. No guardaba nada más. Ni una pisada, ni una marca de arrastre, ni el desorden que hace un cuerpo al llegar de golpe.

Y las hojas secas no estaban aplastadas debajo del cuerpo. Estaban encima, como si alguien las hubiera echado luego con la mano abierta.

Llamó a Bermejo.

—Que no baje nadie más. Y avisa a la comisión judicial. Esto no es un accidente de escalada.