9 Cerro del Hierro, 15 de octubre, 1105
El karst del Cerro del Hierro era un laberinto de callejones de caliza comida por el agua y por ciento veinte años de minería. Las paredes tenían la costra rojiza del hierro; el suelo, un barro de polvo y hojarasca.
Adela bajó por la rampa del antiguo lavadero. Abajo, en el fondo de la dolina, el cuerpo estaba boca abajo, con un brazo debajo del pecho y la cabeza vuelta hacia la pared.
—Se ha caído desde arriba —dijo el guardia que custodiaba—. Hay ocho metros.
—Puede ser —dijo Adela, que ya estaba mirando otra cosa.