7 Cazalla de la Sierra, 13 de octubre, 1120
La madre no cogía el teléfono porque estaba en misa. La llamaron a las once y veinte y a las once y media Rosario Terrón Pinto estaba en el puesto, sesenta y ocho años y la espalda muy recta, sin llorar.
—Mi hija duerme en el campo cuando toca —dijo—. Pero llama. Siempre llama. Anoche no llamó.
Adela le puso un café delante.
—¿Le dijo adónde iba?
—Al Pintado. A la ensenada de La Umbría. —Rosario cerró la mano alrededor del vaso—. Llevaba dos semanas sin hablar de otra cosa.