6 Puesto de Cazalla, 13 de octubre, 0930
—Yo no denuncio nada, sólo lo digo —dijo Gaspar, de pie, con la gorra en la mano—. El coche lleva ahí desde anoche por lo menos.
Adela levantó la vista del ordenador. Un hombre de cuarenta y tantos, moreno de sol hasta la mitad de la frente, con esa manera de estar quieto que tiene la gente que trabaja sola.
—¿Y usted es?
—Gaspar Marín. Tengo ganado en la Cañada de las Ánimas y colmenas en el Huéznar. Ella trabajaba conmigo. Bueno, en mi finca.
—¿Ella?
—Marisol Cabezas. La del lince.