LA CAÍDA DE SERAPHINE CAPÍTULO 42
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CAPÍTULO 42

Sera corrió a través de los corredores ahora caóticos del Dominio Celestial, cada paso cargando terror creciente mientras los sonidos de combate se intensificaban.

Encontró a Malakai exactamente donde temía —en el centro del enfrentamiento más intenso, luchando codo a codo con ejecutores que, días atrás, habrían sido sus enemigos jurados, ahora unidos temporalmente contra la amenaza común que Voss representaba.

—¡No deberías estar aquí! —gritó ella, abriéndose paso a través del caos para alcanzarlo.

—Dije que iba a intervenir si las cosas se salían de control —respondió él, esquivando un ataque con movimientos fluidos antes de neutralizar al agresor—. Y claramente se salieron.

Juntos, se movieron a través de la batalla con la sincronía que habían desarrollado a lo largo de semanas de peligro compartido, cada movimiento calculado para maximizar la protección mutua mientras neutralizaban amenaza tras amenaza.

Nadia luchaba cerca, los antiguos colegas de Sera ahora completamente convertidos a la causa después de haber sido testigos, a través de canales que Ophelia había cultivado cuidadosamente, de fragmentos suficientes de la verdad para cuestionar todo lo que la Orden representaba.

Fue en medio de aquel caos que finalmente avistaron a Voss, el príncipe rival abriéndose paso directamente hacia Malakai con una determinación asesina que dejaba claras sus intenciones reales.

—¡Esto termina hoy, Draven! —gritó Voss, las sombras acumulándose a su alrededor en una demostración de poder que Sera nunca lo había visto exhibir tan abiertamente antes.

—Estoy completamente de acuerdo —respondió Malakai, avanzando para encontrarlo directamente, siglos de rivalidad finalmente culminando en aquel enfrentamiento decisivo.

El combate entre los dos príncipes fue devastador en su intensidad, poder colisionando con poder de formas que hacían que el propio aire alrededor temblara con la fuerza liberada.

Sera luchó por acercarse lo suficiente para ayudar, pero cada intento era bloqueado por la violencia creciente del enfrentamiento entre los dos antiguos rivales.

A su alrededor, el combate más amplio seguía intensificándose, ejecutores y subordinados demoníacos intercambiando golpes en patrones caóticos que hacían casi imposible mantener cualquier estrategia coordinada.

Nadia luchó a su lado por un momento, las dos trabajando en sincronía a pesar del abismo de desconfianza que todavía existía parcialmente entre ellas.

—Debí haberte escuchado antes —gritó Nadia, por encima del ruido del combate, esquivando un ataque con precisión entrenada—. Sobre todo esto.

—No es demasiado tarde para arreglarlo ahora —respondió Sera, neutralizando a otro subordinado con un golpe calculado.

El combate continuó durante largos minutos que parecieron interminables, cada segundo cargando riesgo creciente mientras Malakai y Voss se acercaban peligrosamente a un desenlace que podría ser fatal para cualquiera de los dos.

Sera sintió el terror aumentar exponencialmente con cada golpe intercambiado, cada momento en que Malakai parecía vulnerable haciendo que su corazón se detuviera por completo hasta que él lograba recuperarse y seguir luchando.

—¡Nunca tuviste derecho a ese trono! —gritó Voss, asestando un golpe particularmente violento que Malakai apenas logró esquivar—. ¡Un ángel caído fingiendo una autoridad que nunca fue genuinamente suya!

—Al menos yo no construí mi poder a través de traición y manipulación constante —replicó Malakai, contraatacando con una fuerza que hizo que Voss retrocediera momentáneamente.

Sera finalmente logró acercarse lo suficiente para intervenir directamente, lanzándose contra uno de los subordinados que todavía intentaba mantenerla alejada del enfrentamiento principal, abriéndose camino a través de pura determinación y habilidad refinada por siglos de entrenamiento.

—¡Malakai! —gritó ella, alcanzando finalmente una posición donde podría genuinamente ayudar.

—¡Quédate atrás! —respondió él, sin desviar la atención de Voss ni por un segundo—. ¡Esto es entre nosotros dos!

—¡No, no lo es! —replicó Sera, avanzando de todos modos, negándose a permanecer pasiva mientras el hombre que amaba enfrentaba un peligro mortal solo—. ¡No estás solo en esta lucha, Malakai! ¡Nunca lo estuviste, desde que elegimos enfrentar esto juntos!

Voss aprovechó aquel momento de distracción emocional para lanzar un ataque particularmente traicionero, sombras convergiendo desde múltiples direcciones en un intento claro de finalizar el combate de una vez por todas.

Sera reaccionó por puro instinto, interponiéndose entre el ataque y Malakai, su propia luz colisionando violentamente contra la oscuridad concentrada que Voss había reunido.

El impacto la lanzó hacia atrás, un dolor agudo estallando a través de su brazo izquierdo donde parte del ataque logró penetrar su defensa improvisada, pero permaneció de pie, negándose a ceder terreno incluso ante aquella herida significativa.

—¡Sera! —el grito de Malakai cargó puro terror, el combate contra Voss momentáneamente olvidado mientras se volvía por completo para evaluar el daño que ella había sufrido.

—¡Estoy bien! —mintió ella, parcialmente, el dolor punzante contradiciendo la afirmación incluso mientras la hacía—. ¡Concéntrate en él, no en mí!

Pero la distracción ya había sido suficiente. Voss, reconociendo la ventaja momentánea que aquel intercambio emocional le ofrecía, avanzó con renovada ferocidad, forzando a Malakai de vuelta contra una pared parcialmente destruida por los combates anteriores.

Sera apretó los dientes contra el dolor, reuniendo cada resto de fuerza que todavía poseía, y avanzó de nuevo, esta vez con una estrategia más calculada que el impulso protector puro que la había guiado anteriormente.

Circuló por el flanco, buscando un ángulo que le permitiera atacar a Voss sin arriesgarse a herir a Malakai en el proceso, cada movimiento cuidadosamente calculado a pesar de la urgencia creciente de la situación.

Nadia se unió al esfuerzo momentos después, los antiguos colegas de entrenamiento ahora completamente unidos contra la amenaza común que Voss representaba, tres luchadores experimentados coordinando ataques desde múltiples ángulos que finalmente empezaron a sobrecargar las defensas del príncipe demoníaco, a pesar de todo su poder considerable.

—¡No puedes ganar contra tres de nosotros simultáneamente! —gritó Sera, aprovechando una abertura para asestar un golpe que finalmente logró alcanzar a Voss directamente, cortando a través de su defensa sombría con precisión calculada.

Voss se tambaleó, sangre oscura brotando de una herida profunda en su hombro, la expresión de confianza absoluta finalmente cediendo espacio a algo más cercano al pánico genuino ante aquel giro inesperado en las probabilidades del combate.

—Esto no termina así —gruñó él, retrocediendo gradualmente mientras evaluaba rápidamente sus opciones cada vez más limitadas.

—Termina exactamente así —respondió Malakai, recuperándose por completo del impacto anterior y avanzando con renovada determinación, la proximidad de la victoria evidente inyectando fuerza adicional en cada movimiento subsiguiente.

Fue en ese exacto momento, cuando la victoria parecía finalmente al alcance, que una presencia abrumadora atravesó el campo de batalla entero, haciendo que cada combatiente, independientemente de bando o lealtad, se detuviera instantáneamente ante aquella demostración incontestable de poder supremo.

Todos los ojos se volvieron en la misma dirección, siendo testigos de cómo Metatrón emergía a través de una abertura dimensional que parecía doblar el propio tejido de la realidad a su alrededor, su presencia tan abrumadora que hasta Voss, a pesar de todo su poder considerable, retrocedió instintivamente ante aquella manifestación de autoridad absoluta.

—Basta —dijo la voz que resonó no solo a través del jardín devastado, sino que pareció hacer eco a través de cada rincón del Dominio Celestial simultáneamente, una orden que ninguna criatura presente osaría desafiar directamente.

Sera sintió una mezcla de alivio y aprensión ante aquella intervención inesperada, insegura de si aquello representaba una salvación definitiva o solo una complicación más por navegar en medio de aquella situación ya caótica.