CAPÍTULO 41
El silencio que siguió a la pregunta de Sera se extendió por un tiempo que pareció interminable, Metatrón considerando genuinamente, por primera vez, una alternativa a la contención violenta que había definido su enfoque durante seis décadas.
Fue exactamente en ese momento de deliberación frágil que todo se derrumbó.
Una explosión distante retumbó a través de las paredes de mármol, seguida de gritos de alarma resonando por los corredores. Un mensajero apresurado irrumpió en la sala, el rostro pálido de terror.
—¡Señor Metatrón! ¡Ataque al Dominio! ¡Fuerzas demoníacas invadiendo a través del portal oeste!
Sera sintió el corazón helarse, reconociendo de inmediato la firma de energía que el mensajero describía—. Voss.
—Debe haber descubierto que estás aquí —murmuró Uriel, la comprensión horrorizada atravesando su rostro—. Y decidió aprovechar la oportunidad para atacar directamente, sabiendo que la atención de Metatrón estaría distraída.
Metatrón se volvió abruptamente, cualquier resto de deliberación cuidadosa evaporándose ante la amenaza más inmediata—. Esto lo cambia todo. Si el Abismo está atacando directamente el Dominio Celestial, ya no tengo el lujo de considerar soluciones pacíficas para cuestiones secundarias.
—Espere —dijo Sera, desesperada por no perder aquel frágil momento de posible reconciliación—. Esto puede ser exactamente lo que Voss quiere —forzar una escalada que beneficia solo sus propios objetivos de poder personal.
Pero Metatrón ya se había alejado, convocando fuerzas y organizando defensas con una eficiencia que sugería siglos de experiencia en crisis similares.
Sera se quedó momentáneamente sola con Uriel, ambos procesando el súbito giro que amenazaba con destruir cualquier posibilidad de resolución pacífica que habían empezado a vislumbrar.
—Necesitamos encontrar a Malakai —dijo Sera, la urgencia sustituyendo cualquier otro pensamiento—. Si Voss está atacando, probablemente está involucrado directamente en el enfrentamiento.
Uriel asintió, ya moviéndose para ayudar a organizar defensas—. Ve. Voy a intentar contener a Metatrón lo suficiente para que no tome decisiones precipitadas en medio del caos. Tal vez todavía exista posibilidad de terminar esta conversación después de que la amenaza inmediata sea neutralizada.
—Gracias, Uriel. Por todo esto. Por finalmente elegir el bando correcto.
—Debí haber elegido hace sesenta y tres años —respondió él, un resto de tristeza antigua atravesando su expresión normalmente controlada—. Pero nunca es demasiado tarde para intentar corregir errores del pasado, aunque sea parcialmente.
Sera partió corriendo, abriéndose camino a través de corredores cada vez más caóticos, el sonido de combate intensificándose mientras se acercaba al epicentro de la invasión.
Pasó junto a ejecutores luchando desesperadamente contra sombras demoníacas que parecían multiplicarse a cada segundo, cada rostro familiar cargando ahora un terror genuino ante una invasión que ningún entrenamiento podría haber preparado por completo.
El portal oeste, cuando finalmente lo alcanzó, se reveló como un campo de batalla completo, energía celestial y demoníaca colisionando en explosiones de luz y sombra que iluminaban el cielo nocturno con una violencia aterradora.
Sera evaluó rápidamente la escena frente a ella, contando fuerzas, identificando puntos de mayor peligro, cada instinto de años de entrenamiento táctico asumiendo control automático a pesar del terror que amenazaba con consumirla ante aquella devastación.
Cuerpos heridos, tanto celestiales como humanos que trabajaban en las proximidades, yacían esparcidos entre los escombros de estructuras que habían sido, apenas horas antes, parte de la arquitectura tranquila y ordenada del Dominio Celestial.
Se abrió camino a través del caos, cada movimiento calculado para neutralizar amenazas sin desperdiciar energía preciosa que necesitaría preservar para el enfrentamiento todavía mayor que sabía que se aproximaba.
Subordinados demoníacos, muchos de ellos reconocibles como pertenecientes específicamente al círculo íntimo de Voss, atacaban con una ferocidad que sugería órdenes específicas y urgentes, no simple caos oportunista.
—Esto no es un ataque aleatorio —murmuró ella para sí misma, reconociendo patrones tácticos que sugerían planificación cuidadosa—. Voss está ejecutando un plan específico.
La confirmación de aquella sospecha llegó cuando finalmente avistó al propio Voss, no luchando aleatoriamente entre la multitud caótica, sino avanzando con determinación implacable hacia un punto específico del Dominio Celestial —exactamente en la dirección donde Malakai luchaba, rodeado de múltiples adversarios que claramente intentaban mantenerlo ocupado mientras el príncipe rival se acercaba para lo que Sera temía fuera un ataque final y decisivo.
Corrió más rápido, cada músculo protestando contra el agotamiento acumulado de días de tensión constante, pero decidida a alcanzar a Malakai antes de que Voss completara cualquiera que fuera su plan terrible.
En el camino, se cruzó con Nadia, que luchaba ferozmente contra dos subordinados demoníacos simultáneamente, su técnica refinada por décadas de entrenamiento superando visiblemente la habilidad más bruta de sus adversarios.
—¡Sera! —gritó Nadia, al verla acercarse—. ¡Draven está luchando contra Voss directamente, cerca del jardín central. Está resistiendo, pero Voss trajo refuerzos que nadie esperaba.
—Necesito llegar hasta allá.
—¡Ve! ¡Yo cubro tu retaguardia! —Nadia despachó a los dos subordinados con movimientos precisos y calculados antes de unirse a Sera, las dos avanzando juntas a través del caos creciente.
Mientras corrían, Sera notó patrones adicionales en la forma en que el ataque se desarrollaba —pequeños grupos de subordinados posicionados estratégicamente alrededor de puntos específicos del Dominio Celestial, casi como si estuvieran cercando algo, o a alguien, más allá del simple objetivo de causar caos generalizado.
—Esto es una distracción más grande de lo que parece —dijo ella, más para sí misma que para Nadia, calculando rápidamente las implicaciones de aquella observación—. Voss no solo está atacando. Está intentando aislar algo específico.
La percepción trajo un nuevo nivel de urgencia a la ya desesperada carrera hacia el enfrentamiento principal, cada segundo adicional de retraso pareciendo, cada vez más, una ventaja peligrosa concedida al enemigo.
Cuando finalmente avistaron el jardín central, la escena que se desarrollaba ante ellas confirmó los peores temores de Sera —Malakai luchaba no solo contra Voss, sino también contra dos subordinados adicionales que el príncipe rival había posicionado estratégicamente para reforzar el ataque principal, cada movimiento calculado para desgastar sus defensas antes de que Voss asestara lo que parecía ser un golpe final planeado con precisión quirúrgica.
—Necesitamos separar a sus subordinados del combate principal —dijo Nadia, evaluando rápidamente la situación con la misma mirada táctica que había definido su carrera como ejecutora de élite.
—De acuerdo. Yo voy por los subordinados, tú ayudas a Malakai directamente.
Se separaron, cada una dirigiéndose hacia el objetivo designado, Sera interceptando a los dos subordinados con una secuencia de golpes precisos que los forzaron a desviar completamente la atención del enfrentamiento principal.
El combate fue rápido pero intenso, cada movimiento exigiendo concentración total a pesar de la preocupación constante que seguía tirando de su atención de vuelta hacia donde Malakai seguía luchando contra Voss.
Cuando finalmente neutralizó a ambos subordinados, Sera se volvió justo a tiempo para ver a Voss asestar un golpe particularmente violento contra Malakai, el impacto lanzándolo contra una de las columnas de mármol que todavía permanecían en pie en medio de la devastación creciente del jardín antes tranquilo.
—¡Malakai! —El grito escapó de ella antes de que pudiera contenerlo, el terror puro sustituyendo cualquier cálculo táctico remanente. Corrió a través de los últimos metros que la separaban del enfrentamiento principal, cada paso cargando urgencia desesperada.
Él se recuperó rápidamente, para alivio profundo de ella, rodando lejos antes de que Voss pudiera capitalizar por completo aquella ventaja momentánea.
Cuando Sera finalmente alcanzó el campo de batalla inmediato, encontró a Nadia ya enfrentada directamente con Voss, ganando tiempo precioso mientras Malakai se recomponía por completo.
—Terminemos esto juntos —dijo Sera, posicionándose junto a Malakai, quien asintió, gratitud y determinación renovada evidentes en su expresión a pesar de las heridas visibles que cargaba de aquel enfrentamiento brutal.