LA CAÍDA DE SERAPHINE CAPÍTULO 34
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CAPÍTULO 34

Las noticias sobre el enfrentamiento se propagaron rápidamente a través de los canales informales que Ophelia seguía cultivando dentro del Dominio Celestial, llegando hasta Sera y Malakai a través de un mensaje urgente entregado por Talia menos de veinticuatro horas después.

—Uriel está furioso —reportó Ophelia a través del mensaje cuidadosamente codificado—. Está reuniendo un escuadrón todavía mayor, con órdenes más explícitas sobre el uso de fuerza letal si es necesario. Necesitan moverse más rápido que nunca.

La presión creciente los forzó a acelerar dramáticamente el ritmo de las extracciones restantes, abandonando cualquier lujo de planificación cuidadosa en favor de la acción rápida y decisiva.

Trabajando en conjunto con Talia y una pequeña red de Guardianes que ella logró movilizar a través de contactos propios, lograron completar la extracción segura de dos sobrevivientes más en rápida sucesión —una mujer que vivía aislada en las montañas suizas, y un hombre mayor que administraba, sin que nadie sospechara, un pequeño orfanato en las afueras de Lisboa.

Cada extracción exitosa traía consigo tanto alivio genuino como agotamiento creciente, el cuerpo y la mente de ambos siendo puestos a prueba más allá de cualquier límite que jamás hubieran enfrentado individualmente.

Sera sintió, por primera vez en semanas, una esperanza frágil pero real empezar a solidificarse —tal vez, a pesar de todos los obstáculos crecientes, lograran realmente salvar a los siete antes de que fuera demasiado tarde.

Fue durante esa breve ventana de optimismo cauteloso que recibieron la noticia devastadora sobre el sexto sobreviviente, el joven inestable en Asia sobre el que Miriam los había alertado específicamente.

—Voss llegó hasta él primero —reportó Talia, el rostro pálido de horror al transmitir la información que acababa de recibir a través de su propia red de contactos—.

Todavía no sabemos si está vivo o muerto.

Los últimos reportes indican un enfrentamiento violento, pero ninguna confirmación definitiva sobre el resultado.

El peso de aquella noticia golpeó a Sera como un golpe físico, el optimismo frágil que había empezado a construir derrumbándose ante la posibilidad real de que, a pesar de todos los esfuerzos, pudieran haber fallado en proteger por completo a quien Miriam había considerado el más vulnerable de todos.

—Necesitamos ir hasta allá —dijo Malakai, de inmediato, ya moviéndose para reunir lo necesario para un viaje urgente a través de medio mundo.

—¿Y si es demasiado tarde?

—Entonces al menos vamos a descubrir la verdad, y vamos a asegurarnos de que Voss pague por lo que sea que haya hecho. —La determinación sombría en su voz cargaba un peso que Sera rara vez había visto en él, la furia protectora sustituyendo por completo cualquier resto de cautela calculada.

Partieron horas después, el corazón de Sera pesado con miedo y determinación en partes iguales, conscientes de que aquel viaje representaría, probablemente, la prueba más difícil que habían enfrentado desde que aquel viaje improbable había comenzado.

Durante el largo vuelo a través de medio mundo, organizado apresuradamente a través de uno de los contactos de Malakai capaz de proporcionar transporte discreto y demasiado rápido para cualquier medio convencional, Sera revisó repetidamente cada fragmento de información que Talia había logrado reunir sobre la situación del sexto sobreviviente.

El joven, identificado solo por el nombre Kenji, aparentemente había desarrollado, a través del accidente que había revelado su naturaleza híbrida, capacidades que iban mucho más allá de lo que cualquier híbrido documentado anteriormente había demostrado —una anomalía que probablemente había atraído la atención de Voss con urgencia todavía mayor que los demás sobrevivientes.

—Si realmente tiene ese tipo de poder descontrolado —dijo Malakai, pensativo, estudiando los fragmentos de informe que lograron reunir—, entonces Voss probablemente no quiere solo eliminarlo.

Probablemente quiere capturarlo, estudiarlo, tal vez incluso intentar replicar o controlar ese poder para sus propios fines.

—Eso puede significar que sigue vivo —dijo Sera, una grieta de esperanza cortando a través del miedo constante que la acompañaba desde que recibieron la noticia.

—Puede significar eso. O puede significar algo peor, dependiendo de lo que Voss planee hacer con él.

Talia, sentada en silencio durante buena parte del viaje, finalmente rompió su propio silencio contemplativo—.

Conocí a Kenji brevemente, hace algunos años, durante una verificación de rutina que Miriam organizó.

Ya cargaba mucho miedo entonces, incluso antes de cualquier manifestación descontrolada de poder.

Si Voss lo capturó, debe estar aterrorizado más allá de cualquier cosa que logremos imaginar por completo.

La descripción añadió un peso emocional adicional a la ya urgente misión, transformando la búsqueda de una extracción táctica más en algo profundamente personal —la necesidad desesperada de alcanzar y proteger a alguien que ya había sufrido tanto, incluso antes de aquella crisis más reciente y más aterradora.

Antes de finalmente aterrizar, después de horas de viaje tenso, Sera recibió un mensaje urgente de Talia confirmando que la extracción en Suiza se había completado con éxito —un sobreviviente más seguro, elevando el número total protegido a cinco de los siete originales.

La noticia trajo un alivio momentáneo, un recordatorio de que, a pesar de todo, seguían haciendo progreso real, salvando vidas reales a través de un esfuerzo coordinado y una determinación compartida.

—Cinco de siete —dijo Malakai, un fantasma de esperanza cruzando su rostro cansado—. Estamos más cerca de lo que empezamos a creer que sería posible.

—Todavía faltan dos —recordó Sera, pero la voz cargaba ahora un resto de esperanza genuina mezclada con la preocupación constante—. Y lo más difícil todavía está frente a nosotros.

—Entonces vamos a enfrentarlo con todo lo que tenemos —respondió él, la determinación regresando con fuerza total a su voz mientras el avión finalmente empezaba a descender hacia el suelo desconocido donde, esperanzadoramente, encontrarían a Kenji todavía vivo, todavía salvable, a pesar de todas las probabilidades aterradoras que parecían acumularse en su contra.

Al aterrizar, un contacto local proporcionado por Talia ya los esperaba, un híbrido anciano que servía como Guardián en aquella región desde hacía décadas, el rostro grave cargando noticias que claramente no traerían alivio.

—Encontré rastros de la lucha —dijo el viejo Guardián, guiándolos rápidamente a través de calles estrechas hacia el lugar donde Kenji había sido visto por última vez—.

Sangre, mucha sangre, pero ningún cuerpo.

Eso puede significar que logró escapar, herido pero vivo.

O puede significar que Voss se lo llevó para interrogarlo en algún lugar más controlado.

Sera sintió el corazón apretarse ante aquella incertidumbre dolorosa, cada posibilidad cargando su propio peso de miedo y esperanza entrelazados.

Siguieron al Guardián a través de callejones cada vez más estrechos, cada paso cargando la urgencia desesperada de encontrar cualquier pista adicional antes de que fuera demasiado tarde para cualquier intervención significativa.