La cacería equivocada (Los solteros 3) Epílogo
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Epílogo

Cinco años después…

Wulfric y Stella vivían en Londres, en la casa del marqués, pues desde un principio acordaron que se quedarían en su propia casa, porque acomodarse en casa del abuelo de Wulfric solo produciría acostumbramiento a un lugar que no sería de ellos cuando este falleciera. Acostumbraban visitarlo todos los días.

—Este niño cada vez es peor —masculló el anciano al ver al hijo de cuatro años de su nieto.

—Octavio lo quiere mucho, abuelo. No lo juzgue.

—Te dije que esperaras a casarte y lo primero que haces es fugarte con la mujer equivocada y embarazarla en el camino.

El marqués miraba hacia el techo sabiendo que ese sería un reproche eterno o al menos hasta que su abuelo decidiera partir de este mundo.

—Milord, no le recuerde eso a su nieto, porque vuelve a ponerse de malhumor. Es cierto que, al regresar a Londres después de casarnos en Gretna Green, ya estaba embarazada de Octavio.

—Al menos me voy de este mundo sabiendo que tengo un bisnieto y que te hiciste gente, Wulfric. Tú has logrado cumplir tus sueños. Una parte de mí ha logrado la felicidad.

—¿Por qué lo dice, abuelo?

—Siempre has querido saber sobre el odio que la duquesa viuda y yo sentimos. Es hora de contarte la verdad…

Stella se acomodó en un asiento y le señaló a su hijo unos juguetes para que se perdiera jugando un poco, ella necesitaba escuchar el chisme.

—Ella y yo nos enamoramos en el pasado, pero nuestras familias habían arreglado nuestro compromiso con las personas con las que a fin de cuentas terminamos casándonos.

Para evitar lo inevitable, decidimos huir una noche para casarnos en Gretna Green, pero fui descubierto y mis padres me llevaron lejos de Londres por años y me obligaron a cumplir con el compromiso que tenía.

Ella nunca creyó que yo no pude ir, solo se enfocó en odiarme durante toda una vida y yo también le cogí un odio inmenso por eso, aunque no sé si es odio o rabia.

Nuestro amor jamás pudo concretarse. No creo en la reencarnación, por eso sé que este capítulo se cerró.

—Abuelo, ya suponía que lo de ustedes era un mal de amores. Stella y yo seremos felices por usted, porque esto que tenemos está basado en el amor construido después del dolor.

—Siempre quise que esperaras a estar seguro de que escogiste a la correcta. Por suerte, fue a la hermana que sí te quería.

—Mi cuñada no es lo que imaginaba. Es la pareja perfecta del consejero. Él rompió la tradición familiar y se casó antes de los cuarenta.

—Es gracias a mi truco de seducción que lo logró o, de lo contrario, nuestros hijos no se llevarían solo meses de edad —confesó Stella con una sonrisa pícara.

—Eres toda una maestra. Abuelo, ¿no quiere ir con nosotros a casa de mi suegro? Tenemos una cena.

—No, ya no estoy para esos acontecimientos sociales. Es una verdadera tontería. Vayan ustedes. A mí déjenme…

Ellos dos se despidieron del abuelo del marqués y fueron con dirección a la residencia de lord Coventry.

—¿A quién le escribiste esa carta? —curioseó Stella que cargaba a su pequeño dormilón.

—A Harold. Le cuento lo que dijo mi abuelo, esperando que él se lo diga a la duquesa viuda.

—¿Qué quieres conseguir?

—Que mi abuelo sea tan feliz como yo y que, aunque en el final de su vida pueda estar con quien siempre deseó.

—Eres muy considerado. En verdad eres alguien de buen corazón. No me equivoqué contigo. Amarte es un premio que busqué y conseguí.

—No sé quién se ganó el premio, pero creo que fui yo al decidir que me casé con la mujer correcta y dejé de lado la cacería equivocada. No podría vivir sin ti, Stella. Eres mi amor.

—Y tú el mío para siempre.

Fin.