La Cabaña Familiar Capítulo 21
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Capítulo 21

S arah puso la mesa y los hombres se sentaron mientras ella emplataba la comida y se la llevaba.

—Gracias —dijo Vic. Echó un vistazo a su plato y cortó un trozo de filete. Se lo llevó a la boca y se recostó en la silla, sacudiendo la cabeza—. Vaya. Es el mejor filete que he probado en mi vida.

Mike sonrió. —Yo elegí el corte. Dawn sabe cocinarlo como a mí me gusta.

—No es broma, chicos. Es el mejor filete que he probado en mi vida. —Vic tragó—. La única atrocidad de esta situación es que no tengo una cerveza con la que bajarlo.

Era el tercer o cuarto comentario que hacía Vic desde que llegó a la cabaña sobre la falta de alcohol. Y desde luego no sería el último.

Sarah le dio una palmada en el hombro de nuevo. —Tienes que esperar a que todo el mundo tenga su plato antes de empezar a comer. ¿Qué clase de bárbaro eres?

Vic la miró con desdén. —Lo que tú digas.

Mike hizo una mueca. —Gracias por el cumplido, Vic.

Me senté al otro lado de la mesa, frente a Mike, observando cómo comían todos. Nadie parecía tener ninguna preocupación en el mundo mientras seguían charlando. Mike y Vic continuaron su conversación sobre su nueva arma.

—Era el rifle de mi padre —dijo Mike—. Lo usaba siempre cuando iba de caza conmigo y con Rick.

—¿Cómo está Rick?

—Está bien.

—Hace mucho tiempo que no le veo. —Victor dio otro bocado, y yo lo observé fijamente. No sabía que Vic conociera a Rick, más allá de las historias que Mike contaba en nuestras cenas de parejas. Aunque tampoco sabía mucho sobre la relación entre Vic y Mike al margen de Sarah y yo.

—Está bien —repitió Mike—. Aunque ojalá encontrara a alguien.

—Tu hermano no parece del tipo que se asienta.

—Eso es cierto, desde luego —dijo Mike—. Supongo que solo necesita encontrar a la mujer adecuada. —Mike me miró a mí y luego volvió la vista hacia Vic.

—¿Y cuándo vamos a cazar? —preguntó Vic, con los ojos puestos en el arma que ahora reposaba en el sofá.

—Yo ya no cazo. Hace años que no lo hago.

—¿Por qué no? Está claro que no eres vegetariano —dijo, mientras Mike se llevaba a la boca un trozo enorme de filete.

—Eso también es cierto. Perdí el espíritu de la caza hace mucho tiempo.

—¿Y qué vas a hacer con la escopeta si no vas a cazar con ella?

Mike se encogió de hombros. —Ir al campo de tiro, quizás.

—¿Dónde la vas a guardar? Tendrás que comprarte un armero para casa.

—Estoy pensando en alquilar una taquilla en algún campo de tiro y dejarla allí. —Me miró—. La verdad es que no quiero tenerla en casa, ya sabes, por Junior.

Sarah asintió. —Bueno, los niños y sus juguetes. Yo no querría tener una pistola en casa. Y le clavó los ojos a Victor con intensidad.

—¿Y qué? Nosotros no tenemos hijos. ¿Qué más te da? ¿Tienes miedo de que te la pegara? —Se rió, pero Sarah puso los ojos en blanco y comió otro trozo de filete.

—El mes que viene es vuestro aniversario, ¿no? —me preguntó para cambiar de tema.

Mike respondió por mí. —Exacto.

—¿Cuántos años ya?

—Catorce años —dije en voz baja, mirando fijamente a mi marido. La mayoría habían sido felices, pensé. Estuvieron llenos de tanto amor como podría desear una mujer. Cuando nació Junior, nuestra casa fue aún más luminosa. Todo eso cambió cuando descubrí a Amber Townsin.

Vic asintió y terminó su último trozo de filete. —Muy bien. —Se volvió hacia Mike—. ¿Cómo es que no te vuelve loco después de tanto tiempo? —Sarah volvió a poner los ojos en blanco.

Mike me miró, como diciéndome «esto es lo que quiero decir con Vic», antes de responder.

—Encuentras las cosas que os gustan el uno del otro y te centras en eso.

No os enfadéis el uno con el otro durante demasiado tiempo, si podéis evitarlo.

—Se encogió de hombros—. Cuando te enfades de verdad, recuérdate a ti mismo por qué te casaste con esa persona.

Sarah sonrió. —Qué bonito, Mike. Siempre me encantó la historia de cómo os conocisteis vosotros dos. Vic nunca la ha oído. Dawn, cuéntasela tú. Tienes mucho don para contar historias.

Me aparté. No quería mirar a mi marido. Normalmente me encantaba contarla y aprovechaba cualquier ocasión para hacerlo. Incluso estaba segura de habérsela contado ya a Victor y Sarah antes.

Ahora no podía contarla. Lo único en lo que podía pensar era en Amber. En lo que Mike podría haberle hecho. ¿Dónde estaba ahora? ¿Quizás había escapado? ¿Adónde habría huido si lo hubiera hecho?

Aunque sabía que era poco probable. ¿Por qué iba a recoger el pienso del perro antes de huir para salvar su vida?

Al otro lado de la ventana, el coche de Victor apenas era visible entre la nevada.

—Ya te conté cómo nos conocimos —le dije a Sarah.

—Victor no la ha oído. Venga, anda.

—Puedo contarla yo —dijo Mike, dando un sorbo de agua—.

He oído a Dawn contársela a tanta gente que estoy seguro de poder igualar sus dotes narrativas aunque sea una vez…

Tenía veintisiete años. Estábamos aquí, en la cabaña, con mi padre.

Era un día de verano con un calor sofocante, y Rick y yo bajamos a Crescent Lake a darnos un baño.

Normalmente, el sitio estaba desierto. Ese día fue diferente.

—Mike me miró con una sonrisa—. Un grupo de chicas jóvenes en bikini estaban saltando al agua, excepto una, que estaba tomando el sol sola.

—Ya me gusta adónde va esta historia —dijo Victor. Sarah volvió a poner los ojos en blanco. Era como si Victor estuviera intentando llevarse el gran premio a ver cuánto podía poner de los nervios a su mujer en un solo fin de semana.

—Para cuando Rick y yo llegamos al lago, las chicas estaban recogiendo sus cosas, excepto…

bueno, ya sabéis quién. —Señaló hacia mí con un gesto—.

Dawn era la chica que tomaba el sol. Sus amigas querían irse y volver a la casa rural que habían alquilado.

Dawn dijo que ni siquiera había tenido la oportunidad de bañarse todavía.

Así que sus amigas la dejaron sola y se pusieron a cargar todo hasta el coche.

Dawn se levantó, luciendo ese cuerpo bronceado, y en ese mismo momento ya estaba enamorado. —Mike se rió, y Vic también.

Negué con la cabeza. Así no era como yo solía contar la historia.

—El caso es —continuó— que a mucha gente le gusta meterse al agua desde la orilla, pero muchos saltan desde el embarcadero. Puede ser bastante profundo, eso sí. Dawn, que no nada muy bien, se quedó de pie al final del embarcadero y miró a su alrededor, y fue entonces cuando me vio.

—Más bien te pilló mirándola boquiabierto —se rió Vic.

Mike esbozó una sonrisa de medio lado. —Intenté que no se notara, pero es que era preciosa. —Mike me miró otra vez, y yo aparté la vista rápidamente—. Dawn al fin saltó al agua. Un chapuzón enorme. Y… nada.

—¿Nada? —repitió Vic, sin entender.

—No volvió a salir. Esperaba que aquella chica tan guapa emergiera del lago, pero no la veíamos.

Al cabo de un minuto miré a Rick, que tenía la misma expresión de preocupación que yo.

¿Dónde se había metido? Fui el primero en quitarme la camiseta y correr hasta el final del embarcadero.

Rick me siguió. Salté al agua y encontré a Dawn enseguida.

—¿Qué había pasado?

—Un paro cardíaco —dijo Mike, frunciendo los labios—. El agua fría, después de haber estado tomando el sol, fue demasiado para su cuerpo.

—¿Eso puede pasar? —dijo Vic, sorprendido.

Mike asintió. —Estaba sufriendo un infarto dentro del agua.

Rick me ayudó a sacarla al embarcadero, y salió corriendo a avisar a sus amigas y a pedir ayuda.

Yo me quedé con ella. La tranquilicé hasta que llegaron los paramédicos.

Y al día siguiente fui al hospital donde Dawn se estaba recuperando.

Le dejé una tarjeta en la mesilla de noche, deseándole una pronta recuperación.

Dawn estaba dormida. Ni siquiera llegué a hablar con ella.

Mike se volvió hacia mí, y esta vez le devolví la mirada. Sus suaves ojos marrones me contemplaban llenos de amor. Ojalá hubiera podido corresponder a esa expresión, pero no podía. Ya no podía seguir fingiendo.

—¿Y cómo acabasteis juntos después de eso?

—Mi suegra. —Mike se rió—. Cuando llevé la tarjeta, ella y el padre de Dawn ya estaban allí.

Me preguntó quién era yo. Le conté cómo había encontrado a Dawn en el lago.

Me llamó su héroe y me pidió mi número, para que Dawn pudiera darme las gracias cuando se encontrara con fuerzas.

Cuando llamó —dijo Mike con una sonrisa—, hubo una conexión inmediata entre nosotros, y aquí estamos hoy.

El recuerdo me afectó. Noté que se me humedecían los ojos.

Sarah aplaudió. —No está nada mal cómo has contado la historia, Mike. No tan bien como Dawn, pero muy cerca.

—Mi chico, todo un héroe —dijo Vic—. Bien hecho, Mike. Ahora, lo de disparar esa escopeta esta noche.

Sarah puso los ojos en blanco por última vez y me miró con preocupación. Intenté evitar su mirada, pero siguió observándome mientras los hombres hablaban.

—No eres tú misma desde que llegué —dijo—. ¿Qué te pasa?

—Nada —mentí. Levanté la cabeza y sostuve su mirada. Ya no podía seguir mintiendo. Tenía que hacer algo—. Es que… ya no puedo seguir fingiendo. No puedo pretender que no sé lo que está pasando.

—¿Qué está pasando? —dijo. Fulminó a Vic con la mirada—. ¿Se lo has dicho tú?

—¿Qué, lo de tu trabajo? ¡No! —dijo Vic con una carcajada—. Creía que ibas a esperar para contárselo a todo el mundo.

—¿De qué estáis hablando? —preguntó Mike.

—Que lo deja —soltó Vic sin más. Sarah negó con la cabeza.

Miré a Sarah con la boca abierta. —¿Lo dejas?

—Sí —dijo Sarah—. Es demasiado. No puedo con Ronald.

No puedo con los clientes. Ya no aguanto más.

Es demasiado. Pensé que quizás por eso estabas disgustada.

Pensé que lo sabías… Le dije a Ron que no se lo contara a nadie.

Solo quería marcharme en silencio. Sabía que te iba a ver este fin de semana y te lo iba a decir.

No quería que estropeara todo lo que teníamos planeado con Mike, pero es que allí ya no puedo más.

—Ese cabrón de Ron —dijo Vic con desdén—. Me gustaría enseñarle esa escopeta.

Sarah le dio otro golpe en el hombro. —¡Victor!

—Es verdad. Me dijiste lo mucho que lo odias.

Sarah negó con la cabeza. —Son sobre todo los clientes. No puedo con todas esas llamadas negativas y los enfrentamientos continuos. Es demasiado. —Me miró—. No sé cómo lo haces tú. Eres capaz de aguantar toda esa negatividad, todos esos comentarios terribles y abusivos, y… sonreír.

—No sabía que ibas a dejarlo —dije en voz baja.

—Entonces, ¿qué es? ¿Por qué tienes esa cara de que el mundo se va a acabar?

Miré por la ventana delantera, con la esperanza de encontrar una respuesta. Con la esperanza de verla. Con la esperanza de dar algún sentido a todo lo que estaba ocurriendo. Había intentado fingir que todo era normal, pero no lo era.

Amber Townsin estaba ahí fuera, en el bosque, y yo estaba atrapada aquí con esta gente, fingiendo que todo iba bien, fingiendo que no sabía lo que estaba pasando. Pero sí lo sabía. Sabía exactamente lo que estaba pasando. Y ya no podía aguantar más.

—Tengo que irme —dije, levantándome de golpe—. Vosotros también tenéis que iros.

—¿Adónde vas? La verdad es que me estás asustando.

—¡Y con razón! —espeté.

Victor, confundido, miró la nieve por la ventana.

—No os preocupéis. Ya sabíamos que iba a haber una tormenta.

De todas formas, contábamos con quedarnos con vosotros este fin de semana.

No pasa nada si las carreteras no están en condiciones el lunes.

Por favor, dadme una razón para no ir a trabajar.

—Se rio, y luego se volvió hacia Sarah y dijo—: Tú ni siquiera tienes trabajo, así que no tenemos nada de qué preocuparnos.

Sarah levantó una mano. —Tranquilos, chicos, está bien. Si de verdad queréis que nos vayamos, podemos intentarlo. Pero con esta tormenta, si nos quedamos tirados en medio de la nada…

—¿Es nuestra primera pelea de parejas? —dijo Vic con una sonrisilla—. Mira, podemos irnos si no somos bienvenidos aquí, o lo que sea que esté pasando ahora mismo, pero fuera es el último sitio donde me gustaría estar.

Amber solo llevaba una sudadera y calcetines. Sin zapatos. Estaba en peligro. Y cada minuto que pasaba sentada en esta mesa fingiendo lo contrario, lo único que hacía era contribuir a su asesinato, si es que no estaba ya muerta.

Mike me miró. —Cariño, está bien. Siéntate. Son nuestros amigos.

Negué con la cabeza. —¿Qué has hecho? —dije, mirando fijamente a mi marido. La sonrisa desapareció del rostro de Mike. Vic y Sarah intercambiaron una mirada. Golpeé la mesa con la mano. —¿Por qué la tenías allí?

—¿De qué estás hablando? —Mike levantó las manos en el aire, rindiéndose.

—Amber Townsin. ¿Por qué la tenías en el sótano?

Victor se inclinó hacia él. —¿Quién es Amber y por qué no me has contado nada de ella? —Se rio. Nadie más lo hizo.

Sarah me miró a mí y luego a Mike. —¿Es una broma? No lo entiendo.

—¡He estado actuando toda la noche! —grité—. Ahora necesito respuestas, y ayuda.

—Mike, ¿de qué está hablando? —preguntó Sarah de nuevo.

—Dawn… ¿qué estás diciendo? —preguntó Mike.

—¡La mujer que tenías encadenada en el sótano! —grité—. Se llama Amber Townsin. ¿Por qué estaba allí? ¿Qué pensabas hacerle?

Mike se levantó de la mesa. —¿Estás diciendo que hay una mujer encadenada en nuestro sótano?

Asentí con vehemencia. —La tenías comiendo pienso de perro y bebiendo de un cuenco, haciendo sus necesidades en un cubo. ¿Por qué estaba allí? ¿A cuántas más has hecho esto?

Mike no respondió y siguió mirando al vacío alrededor de la habitación.

—Ahora ha desaparecido —dije. Señalé con el dedo a mi marido—. ¡Llevabas el móvil encima cuando estábamos en el pueblo! ¿A quién llamaste cuando nos fuimos? ¿Quién entró en la sala de despiece y se llevó a Amber? ¿Dónde está ahora?

Vic soltó el aire. —Vale, estoy confundido. O sea, ¿no hay ninguna mujer en el sótano?

Miré a Sarah. —Tienes que coger el teléfono y llamar al 911.

—¿De qué está hablando? —dijo Vic, levantándose también—.

¿La sala de despiece? ¿Tenías a una chica en la sala de despiece?

... Ya te dije que no la dejaras allí. —Mike miró a Vic.

Yo también volví la cabeza hacia él, y me devolvió la mirada con una sonrisilla—.

Te dije que la movieras. —Vic le señaló con el dedo con la misma vehemencia con que yo lo había hecho—.

Te dije que no la trajeras a la cabaña para empezar.

Te dije que veníamos para tu fiesta sorpresa.

¿Lo olvidaste, viejo? —Mike lo miró a él, y luego a mí, desconcertado.

Vic se volvió hacia mí. —¿Cuánto sabes? —gritó.

Sarah le tiró de la manga. —¿Pero qué demonios estás diciendo, Vic? ¿Quién es Amber?

—Pues la chica que estaba en el sótano. La que Mike y yo vamos a matar.