Capítulo 66
Nicole
Fuera hacía frío y soplaba el viento, pero la casita era acogedora y cálida, y las vistas al mar eran espectaculares.
Los niños estaban encantados de explorar su nuevo entorno, y Kyle se sumergió en el trabajo, avanzando a toda velocidad con el segundo borrador de la siguiente entrega de la serie del Inspector Shaw.
Había cumplido su palabra de no consultar las redes sociales, pero después del primer día me sorprendí a mí misma echando mano al teléfono con cada vez más frecuencia.
Kyle llevaba años escribiendo la serie del Inspector Shaw y había aumentado su base de seguidores hasta varios millones de lectores.
La mayoría de sus fans no sentían la necesidad de opinar, pero había quienes se habían abalanzado sobre la historia como moscas a la mierda.
Hablaban de Kyle como si lo conocieran y hacían suposiciones y acusaciones con la autoridad de expertos.
Aparecieron fotos de Kyle y Leo en internet.
Por los ángulos y la calidad, probablemente las habían tomado con móviles sin que Kyle lo supiera ni hubiera dado su consentimiento.
Me hervía la sangre ante esta invasión de la privacidad, pero lo que realmente quería saber era: ¿cómo se había enterado la persona que había filtrado la noticia del embarazo de Amy?
Estaba segura de que la policía no había emitido ningún comunicado que mencionara el estado de Amy, así que ¿podría haber sido alguien que trabajaba en el hospital o en el depósito de cadáveres?
¿O quizás incluso alguien de la comisaría?
¿O podría ser aquel sórdido administrador del edificio?
Parecía saber muchísimo sobre la vida de Amy y se había enfadado cuando Kyle se negó a darle más dinero.
Probablemente nunca lo averiguaríamos, e incluso si lo hiciéramos, poco podríamos hacer al respecto.
Las personas que decían cosas aborrecibles solían escudarse en su derecho a la libertad de expresión, pero ¿qué pasaba con nuestros derechos, y los de Leo, a que no le exhibieran la cara por todas las redes sociales mientras la gente discutía sobre su paternidad?
Lo único que podía hacer era seguir el ejemplo de Kyle y centrarme en las cosas que podía controlar.
—Estaremos bien si quieres acercarte a Truro —dijo Kyle al verme con el ceño fruncido mirando el teléfono después del desayuno—. Y quizás puedas pasar por las tiendas. Comprar algo para la cena.
—De acuerdo —acepté. Me vendría bien un poco de tiempo a solas, y Kyle sabía que estaba deseando trabajar en mi propia historia.
El viento me azotaba el pelo y me llenaba el abrigo de aire mientras me apresuraba hacia el coche.
No estaba lloviendo, pero una fina neblina flotaba en el aire, y el cielo tenía el gris blanquecino de una larva.
Me habría encantado un viaje panorámico, pero mientras estuviera caliente y seca, estaba dispuesta a hacer el trayecto hasta Truro.
Y aquel era el tipo de día perfecto para refugiarse en una biblioteca.
Un edredón de nubes grises y espesas envolvía las torres gemelas de la catedral de Truro.
Las calles estaban congestionadas con el tráfico del mediodía, así que tardé un rato en llegar a la biblioteca, un edificio encantador que en otros tiempos podría haber sido la casa solariega de alguna familia.
Decidí comenzar mi investigación en octubre de 1816, ya que era mi único punto de referencia en lo tocante a Rosina, y avanzar desde ahí.
No había garantía de que encontrara nada en absoluto, pero si Rosina realmente procedía de estas tierras, podría haber venido por aquí después de desaparecer.
O podría haber ido a cualquier otro lugar, posiblemente incluso al extranjero.
Era una posibilidad remota, muy remota, pero no tenía nada más a lo que aferrarme.
Consulté con la bibliotecaria, que estuvo encantada de enumerar los periódicos que se habrían publicado en aquella época y ofrecer su opinión sobre qué publicaciones tendrían más probabilidades de comentar asuntos locales.
No todos habían sido digitalizados, y no todas las ediciones estaban disponibles, pero las que sí lo estaban podían verse en microfilm.
Comencé el tedioso proceso de buscar en los periódicos cualquier nombre que me resultara familiar.
Llevaba horas frente al terminal y había revisado dos años de publicaciones cuando un nombre que reconocí me llamó la atención.
Casi aplaudí de alegría, pero quizás mi reacción entusiasta resultaba un poco inapropiada dado el contenido.
El artículo estaba fechado el 7 de abril de 1817 y era del Royal Cornwall Gazette .
LADRÓN DE CABALLOS CONDENADO
En las últimas Audiencias, Luca Iven, un hombre de carácter notorio, bien conocido en varias partes del país por pertenecer a una banda de gitanos errantes, fue condenado por robar un caballo, propiedad de un caballero muy respetado y representante del gobierno local.
Las pruebas contra el prisionero fueron claras y decisivas, y el Jurado, sin vacilar, emitió un veredicto de Culpable.
Acto seguido se dictó Sentencia de Muerte de la manera habitual.
Su aprehensión ha causado gran satisfacción, pues el individuo llevaba largo tiempo bajo sospecha de numerosas fechorías de índole similar.
Según el artículo, la sentencia se había ejecutado con prontitud antes de que el condenado pudiera intentar escapar de la justicia.
Pero a menos que Rosina hubiera venido por aquí, no habría tenido forma de saber que su marido había sido ejecutado.
Y era muy posible que para cuando ejecutaron a Luca, Rosina también hubiera muerto.
Mi incapacidad para hacer progresos en la historia resultaba extremadamente frustrante, y seguía pensando en la esquiva mujer cuando salí de la biblioteca.
El teléfono me sonó en cuanto me subí al coche. Era Jonah.
—Hola —dije, gratamente sorprendida de oír su voz.
—Tengo algo para ti —dijo. Sonaba verdaderamente exultante—. He encontrado a Rosina.