La bruja Winter (Misterios Históricos de Nicole Rayburn 7)
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Prólogo
La celda habría estado en completa oscuridad de no ser por la rendija bajo la puerta mal ajustada, que dejaba entrar una estrecha franja de luz junto con un soplo de aire fresco pero gélido.
La joven se estremeció con violencia, se puso de pie y recorrió a paso vivo la estructura circular.
Si no se movía, se congelaría. Las paredes y el suelo de piedra estaban helados, y no tenía nada con que abrigarse salvo su chal.
Solo podía pensar en su hija. ¿Dónde estaba?
¿Alguien la habría acogido? ¿Tendría hambre?
¿Frío? ¿Miedo? Era apenas una bebé, pero ya tenía edad suficiente para reconocer a su madre, y lloraría por ella.
Las horas transcurrieron lentamente, pero nadie acudió, y finalmente la mujer, exhausta, se dejó caer al suelo. Si sobrevivía a la noche, se enfrentaría a un juicio, una farsa de justicia cuyo único propósito sería condenarla sin escuchar su versión de los hechos.
Y entonces la colgarían. O algo peor.
«Vaya suerte la mía» , pensó mientras recostaba la cabeza contra el áspero muro de piedra. Años de soledad y privaciones. Una vida sin amor. Había estado tan cerca de tener una familia, de ser querida, pero ahora, una vez más, sería juzgada y declarada culpable.
La luz bajo la puerta se tornó lavanda, luego violeta. Y entonces la celda quedó en completa oscuridad y la temperatura se desplomó. Pero poco importaba si moría esa noche.
Porque aunque sobreviviera hasta el amanecer, aquel era el fin de todo.