La boticaria de Dern Capítulo 20 - La carta #3
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Capítulo 20 - La carta #3

La pregunta no es Caldavar contra Dern.

La pregunta es qué hacer con treinta días y una carta que existe y una decisión que tiene que tomarse antes de que el plazo la tome por mí, que es la peor manera en que puede tomarse una decisión: que el tiempo se agote sin que la persona haya decidido.

No voy a dejar que el plazo decida por mí.

Pero tampoco sé todavía qué voy a decidir.

Que es el estado honesto de las cosas a las diez de la noche de este miércoles con la campana sonando una vez y el jardín fuera y las cuarenta y tres casas durmiendo en su mayoría y Vidar no del todo dormido porque la campana sonó.

Duermo al fin, con la carta sobre la mesa y la vela apagada y el jardín fuera que necesitará atención mañana pase lo que pase, que es lo que hacen los jardines: necesitan atención independientemente del estado interno de quien los cuida.

La campana suena una vez a las diez.

No me despierto.

Pero la oigo, al borde del sueño, y me quedo con el sonido un momento antes de dormirme del todo, y con lo que me quedo es simplemente esto: todavía estoy aquí, y la campana sigue sonando, y estos dos hechos coexisten aún esta noche, lo cual es suficiente para esta noche.

Mañana tiene sus propias preguntas.

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Por la mañana Signe aparece a las siete cuarenta con Brum y con la mirada que tenía ayer por la tarde cuando dije que estaba bien, que guardó para traer hoy, porque eso es Signe: guarda con intención y usa cuando es el momento.

—La carta —dice.

—La carta —confirmo.

—¿Qué decía?

Me quedo un momento con las opciones.

Hay maneras de responder que son verdad sin ser toda la verdad, que es lo que hice ayer con quizás y todavía estoy evaluando.

Hay maneras que son toda la verdad y que requieren más de lo que tengo disponible ahora.

Y está lo que Signe merece, que es más de lo que di ayer pero que todavía no puede ser todo, porque todavía no tengo todo que dar.

—Caldavar quiere que me presente ante el Consejo de Práctica en treinta días —digo—. Para dar cuenta del procedimiento que quedó pendiente cuando vine aquí.

Signe guarda silencio.

—¿O? —pregunta. Porque Signe sabe que siempre hay un o cuando hay un plazo y un Consejo y una carta urgente, la aritmética que aprendió viviendo con un adulto que no explica más de lo necesario.

—O la licencia queda revocada en todo el archipiélago.

El silencio que sigue tiene una duración específica: la de Signe mientras procesa y aún no tiene nada que decir, lo cual es inusual.

—¿Vas a ir? —pregunta al fin.

—Aún no lo sé —digo.

Me mira con esa mirada que registra todo.

—¿Cuándo lo sabrás?

—Antes de que el plazo tome la decisión por mí —digo—. Que es lo que puedo garantizar ahora mismo.

Signe se queda con eso.

—De acuerdo —dice. Y esta vez el de acuerdo tiene esa cualidad específica de Signe que no es ni resignación ni aprobación sino simplemente el reconocimiento de que le han dado la información disponible y que presionar no producirá más, el reconocimiento que aprendió de Vidar, que a su vez lo aprendió de Dern.

Brum va al rincón cálido con ese sonido de patas palmeadas sobre el suelo de madera.

La botica comienza el día.

Pero la carta está sobre la mesa y seguirá sobre la mesa hasta que se tome la decisión, que es el estado de las cosas que necesitan resolverse y que permanecen presentes hasta que se resuelven. No pueden guardarse bajo la cama. No pueden esperar indefinidamente.

Necesitan una respuesta.

Que llegará.

En treinta días, que es el plazo que existe, que es el plazo con el que trabajo ahora porque es el plazo que hay. Un plazo no es un enemigo. Un plazo es estructura. La estructura ayuda cuando la decisión es del tipo que podría quedarse suspendida indefinidamente sin ella.

Esta decisión tiene estructura ahora.

Treinta días.

Que comienzan hoy, que comenzaron antes de hoy, cuando la carta se estaba escribiendo en Caldavar, que comenzaron realmente mucho antes, cuando Becker tomó la poción que funcionó demasiado bien y decidió que era mi problema y no el suyo.

Pero es el plazo que tengo, y es el plazo con el que trabajo, y el primer paso ya está hecho: la carta a Dagna con las preguntas que necesito que me responda antes de decidir, la carta que irá en el barco del miércoles, dentro de dos días.

Lo cual es suficiente para hoy.

El jardín necesita atención mañana. La campana sonará esta noche. La botica estará aquí el jueves por la mañana con las cuarenta y tres casas a su alrededor y Signe a las siete cuarenta y Brum en el rincón cálido y el martillo en la ladera que empieza antes del sol pleno.

Eso seguirá estando aquí en treinta días.

Lo cual es información que importa más de lo que parece cuando la mente está llena de plazos y cartas y Consejos y una decisión aún no tomada.

Duermo con eso.

Y la campana suena una vez a las diez, y no me despierto, y Dern guarda silencio a mi alrededor, y estaré aquí mañana para el jardín y para los pacientes y para la carta a Dagna que irá en el barco del miércoles.

Lo cual es suficiente para esta noche.

Lo cual es suficiente para empezar.

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