La boticaria de Dern Capítulo 14 - La Reparación Colectiva #3
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Capítulo 14 - La Reparación Colectiva #3

En un momento dado añade un detalle sobre el roble de doscientos años: que su abuelo plantó uno junto a él cuando era niño y que ese creció y duró sesenta años antes de que una tormenta lo derribara, lo que significa que hubo una intención de continuidad, pero la continuidad no llegó tan lejos como la intención quería.

No es una historia sobre Vidar, es una historia sobre un abuelo, un roble y una tormenta.

Pero tiene esa cualidad específica de lo que se dice en público y es más que la historia superficial, y la mesa escucha con la atención que esas historias reciben en Dern: completa, sin interrupción, con el silencio posterior que dura exactamente lo que la historia dejó en el aire.

Signe me mira cuando el silencio termina.

Yo miro mi té.

Luego miro hacia la ventana, donde la luz de la tarde entra en ese ángulo otoñal que hace que todo parezca más presente de lo que es.

El roble del abuelo de Vidar duró sesenta años. El roble de al lado tiene doscientos. Hay continuidad que no llega tan lejos como la intención quería, y continuidad que va más allá de cualquier intención.

No sé qué tipo de continuidad está forjando esta isla conmigo. Pero estoy aquí para averiguarlo.

✿

Al salir, Vidar arregla la bisagra de la puerta de la botica.

Nadie se lo había pedido, yo no lo había pedido, y la bisagra llevaba dos semanas dando problemas pero funcionaba lo bastante bien como para no ser urgente, el tipo de cosa que se sigue posponiendo hasta que deja de posponerse.

Pasa por la puerta de la botica cuando volvemos del almuerzo, se detiene, mira la bisagra con el ojo técnico de quien lee un problema estructural antes siquiera de pensarlo.

Saca herramientas del bolsillo del delantal —siempre lleva herramientas básicas ahí— y en menos de tres minutos la bisagra está ajustada.

No habla durante el proceso. No dice nada después.

—Gracias —digo.

Hace el hmm de reconocimiento y vuelve por el sendero de la colina con el paso de alguien que tiene más trabajo esperando.

Signe aparece a mi lado con Brum.

—Hace eso —dice.

—Lo sé —digo.

—¿Ibas a pedirlo?

—Iba a hacerlo —digo—. Probablemente la semana que viene.

—Él lo vio primero —dice, con la calma de quien confirma un patrón conocido.

—Como la barandilla de la Sra. Sigrid —digo.

—Exactamente como la barandilla de la Sra. Sigrid —confirma.

Nos quedamos mirando la bisagra durante un momento que tiene la textura de algo que no necesita más comentarios.

Luego Signe se va con Brum y la tarde queda para el trabajo del viernes aún pendiente, ese que la Reparación retrasó tres horas pero no eliminó, porque así es el trabajo: no desaparece, solo espera.

Entro en la botica con la bisagra funcionando perfectamente detrás de mí.

✿

Por la noche, en el cuaderno, escribo sobre el día con más detalle de lo habitual.

La Reparación Colectiva como ritual de mantenimiento que también es ritual de pertenencia: quienes aparecen son los de la isla, y aparecer es afirmar que eres de la isla, y la afirmación no necesita palabras porque la presencia es la afirmación.

Aparecí. Trabajé en los senderos. Trasplanté artemisia que Maret había dejado crecer demasiado libre.

Almorcé con toda la isla. Me presentaron el humor seco de Vidar de un modo que aún estoy asimilando.

La artemisia trasplantada del sendero al jardín de la botica será la primera planta del jardín elegida por mí y no heredada de Maret, una distinción que importa más de lo que esperaba.

El jardín de Maret se está convirtiendo en el mío no por sustitución sino por adición, igual que las marcas en las paredes están cubiertas por mis manojos pero siguen ahí debajo: el tipo de continuidad que Dern practica con todo.

La barandilla de la Sra. Sigrid que Vidar arregló sin que nadie se lo pidiera. La bisagra de la botica que Vidar arregló sin que nadie se lo pidiera. Más cuidado del que la cosa requiere, dijo Odi una vez. Nunca menos atención.

Brum y el queso. Esto merece mención aparte por razones que no requieren justificación clínica: Brum ejecutó una operación de adquisición de queso con eficiencia impresionante durante el almuerzo colectivo.

Petra lo registró. Decidió no comentar. Odi lo vio y no intervino.

Signe aplicó la responsabilidad mínima necesaria.

Brum no mostró remordimiento. El sistema funcionó.

Vidar se quedó a almorzar. Signe no comentó que fuera inusual porque no hacía falta. Toda la isla lo sabía sin que nadie lo dijera. Yo lo supe sin que nadie me lo contara.

Con letra más pequeña, porque se sitúa en el límite entre observación clínica y personal:

Hizo una broma en la mesa. Me reí un segundo tarde. No me miró, pero la cuchara se detuvo una fracción de segundo. Signe lo vio todo. Vi a Signe ver.

Cierro el cuaderno.

La campana suena una vez a las diez, el intervalo, el silencio.

No me despierto. La oigo en el borde del sueño y me quedo con el sonido que es Dern de noche, que he aprendido como se aprende el vocabulario de un lugar: por repetición, por presencia, por dejarlo entrar hasta que reconocer ya no requiere esfuerzo.

El vocabulario de Dern está dentro ahora.

El de Vidar también, lentamente, a un ritmo diferente pero que va llegando.

Duermo.