58. FUERA DEL MONUMENTO NACIONAL MASÓNICO DE GEORGE WASHINGTON
FUERA DEL MONUMENTO NACIONAL MASÓNICO DE GEORGE WASHINGTON
Un enorme camión de dieciocho ruedas avanzaba ruidosamente en dirección noroeste por King Street , pasando junto al monumento.
A unos cuatrocientos metros más allá del complejo museístico había una pequeña calle, Carlisle Drive , que se convertía en una vía de acceso al complejo del monumento: esto les daría mucha mejor cobertura.
Ossana iba sentada en la cabina junto al conductor.
Mientras giraban a la izquierda en Carlisle, habló por su radio.
—Espero que todos estén en posición. Esperen mi orden —dijo, con voz gélida.
El camión subió por Carlisle y continuó recto por la vía de acceso. Solo había un guardia de seguridad apostado en la entrada trasera del monumento, y el camión se detuvo. El guardia se acercó a la cabina.
—Esta entrada está cerrada —dijo—. Tendrán que dar la vuelta con este trasto.
—Lo siento muchísimo, señor —dijo Ossana desde el asiento del copiloto con su voz más dulce. Luego, como una serpiente al atacar, se inclinó por delante del conductor y disparó al guardia entre los ojos.
—¡Ahora! —ladró por su radio. Perfectamente sincronizados, diez rifles con silenciador dispararon y diez guardias de seguridad cayeron.
Ossana activó el transmisor de interferencias, que bloqueó todas las redes de telefonía móvil y frecuencias de radio de la zona, excepto la suya, por supuesto.
El camión entró en el aparcamiento detrás del monumento, y Ossana bajó de la cabina, vestida con un espectacular vestido de noche blanco con una abertura hasta la cadera.
Se dirigió hacia la entrada lateral mientras sus soldados avanzaban rápidamente hacia la escalinata principal.