La Agencia del Pecado Capítulo 2 — El negocio #11
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Capítulo 2 — El negocio #11

—Exacto. Y eso es lo que me hace bueno en esto.

Ambas rieron, y la sesión empezó a sentirse más ligera.

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Luego del contenido inicial, el tono subió.

Ropa más corta, poses más jugadas.

Marcela se puso un vestido de tirantes ajustado, Daniela un crop top con un short diminuto.

El juego de imágenes cambió.

Ahora no eran solo madre e hija en fotos casuales.

Ahora eran mujeres seguras, en control de su imagen.

Jey les daba instrucciones con calma, pero también les hablaba para que no se pusieran rígidas.

—Marcela, ponete de costado y mirala como si estuvieras evaluándola. Daniela, apoyá la cabeza en su hombro.

Click.

Daniela se acomodó en el sofá, cruzando las piernas.

Jey sonrió.

—Ahí va. Esa pose vende. Seguro más de uno va a querer cambiar a su novia por vos.

Daniela rió, con un leve rubor.

Marcela resopló.

—Ni lo digas, que ya me imagino los mensajes asquerosos.

Jey sonrió.

—Sí, pero también los billetes.

Marcela entrecerró los ojos.

—Bueno, eso sí me interesa.

Daniela giró los ojos.

—Mi mamá y su relación con la plata…

Jey se recargó en la cámara y la miró con diversión.

—Y vos también vas a tenerla. No te hagas la santa.

Daniela sonrió, pero ya no estaba tensa.

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Las dos con lencería sutil, pero sin que fuera demasiado obvio.

Jey acomodó las luces para que todo se viera más cinematográfico.

—Marcela, apoyate contra la pared. Daniela, mirala con actitud, como si estuvieras desafiándola.

Daniela rió.

—Eso es fácil, lo hago todo el tiempo.

Marcela puso los ojos en blanco.

Jey sonrió.

—Entonces mostralo en cámara.

Las poses cambiaron.

La sesión dejó de ser solo fotos y se convirtió en una historia visual.

Madre e hija en el mismo set.

Sin contacto innecesario.

Solo la sugerencia.

Jey miró la pantalla y se cruzó de brazos.

—Esto es jodidamente bueno.

Marcela suspiró.

—¿Terminamos?

Jey tomó una última foto y bajó la cámara.

—Sí. Y esto va a romper el puto mercado.

Daniela exhaló.

—Bueno… no fue tan terrible.

Marcela sonrió de lado.

—Eso es porque todavía no vimos cuánto va a vender.

Jey las miró con una satisfacción fría.

—Chicas… esto es solo el comienzo.

• • •

El loft estaba en silencio, iluminado solo por las pantallas de las laptops y los celulares vibrando con notificaciones constantes.

Las cuentas de Marcela y Daniela habían explotado.

Miles de suscriptores nuevos.

Los ingresos triplicados.

Y los comentarios…

Jey revisaba la interacción en tiempo real mientras bebía café, sin sorprenderse.

—"Nunca pensé que vería algo así en mi vida."

—"No puedo con esto, necesito más."

—"Ustedes dos juntas son lo mejor que le pasó a internet."

—"Pagaría lo que fuera por contenido exclusivo de madre e hija."

No había dudas.

El mercado se había vuelto loco.

Y ahora era el momento de que ellas lo vieran con sus propios ojos.

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Jey esperó en el estudio con un sobre en cada mano.

Cuando Marcela y Daniela llegaron, su actitud era distinta.

Más seguras. Más confiadas.

Ya no estaban nerviosas como en la primera sesión.

—¿Qué tan bien nos fue? —preguntó Marcela, apoyándose en la mesa con los brazos cruzados.

Jey les extendió los sobres sin decir nada.

Marcela y Daniela los tomaron, se miraron entre sí y los abrieron al mismo tiempo.

Silencio.

Daniela contó los billetes una vez. Luego otra.

Marcela tamborileó los dedos sobre el fajo, midiendo el peso del dinero.

Hasta que finalmente, Daniela soltó una carcajada nerviosa.

—Esto… esto es una joda, ¿no?

Jey sonrió.

—No. Esto es lo que valen.

Marcela dejó el sobre sobre la mesa y lo miró con una mezcla de incredulidad y satisfacción.

—Esto es ridículo.

Daniela la miró con una ceja arqueada.

—Decilo de nuevo, mamá. Pero esta vez sin sonreír.

Marcela trató de mantener la expresión seria, pero falló.

—Ok, sí… es jodidamente hermoso.

Daniela volvió a contar el dinero.

—Esto es más de lo que mi papá gana en seis meses…

Jey se recargó en la mesa con una sonrisa calmada.

—Y esto fue con una sola sesión.

Marcela rió entre dientes.

—Dios, esto es casi obsceno.

—No "casi" —soltó Jey con burla—. Es directamente obsceno.

Daniela lo miró con una mezcla de emoción y nervios.

—No sé si debería estar orgullosa o asustada.

Marcela le dio un codazo juguetón.

—Yo te diría que te sientas rica.

Daniela soltó aire y negó con la cabeza.

—Definitivamente, ya no me siento pobre.

Jey sonrió.

—Bienvenidas al siguiente nivel.

Marcela tomó su sobre y se lo guardó en la cartera con una sonrisa maliciosa.

—Si seguimos así, Jey, creo que te vas a quedar sin competidores.

Jey la miró con su expresión fría habitual.

—Ese es el plan.

Daniela rió, todavía procesando todo.

—Bueno… creo que es hora de irme de compras.

Marcela la miró de reojo.

—No vayas a gastar todo en boludeces.

Daniela sonrió.

—Mamá, ahora podemos darnos ese lujo.

Las dos se rieron y se levantaron, listas para irse.

Antes de salir, Marcela se giró hacia Jey.

—Próxima sesión, vos decís.

Jey asintió.

—Yo aviso.

Cuando la puerta se cerró, Jey miró la pantalla de su laptop otra vez.