CAPÍTULO CINCUENTA
Intenté dormir, pero después de la llamada de Leslie para vernos a la mañana siguiente, mi mente no dejó de dar vueltas con infinitos escenarios catastróficos durante toda la noche.
De tanto dar vueltas en la cama, acabé levantándome sobre las cinco.
Me preparé una taza de té y me senté en el balcón a esperar a Leslie, que llegaría entre las ocho y media y las nueve.
Cuando dieron poco más de las nueve, llegó, y yo ya me había bebido una tetera y media.
Los niños ya se habían levantado y estaban desayunando mientras veían la tele.
—Perdona el retraso —dijo cuando abrí la puerta.
—No pasa nada. Hay té en el balcón.
Nos acomodamos y Leslie no perdió tiempo en ponerme al día de lo que había averiguado sobre el ataque a Fang.
—¿Todo el ADN ha desaparecido? —pregunté.
—Destruido, pero el Dr. Fang ya había elaborado perfiles de ADN y los envió al FBI. Mencionó que vuestros chicos no podían hacer mucho más en cuanto a análisis.
—Mi contacto ya me había advertido que no me hiciera muchas ilusiones, pero nunca se sabe. Al menos podemos cotejar los perfiles con nuestra base de datos.
—Todo suma —dijo Leslie.
Sacó el móvil del bolso y me enseñó las grabaciones de las cámaras de seguridad. No hice ningún comentario hasta haberlo visto todo. Quería estar completamente segura de mi opinión. Cuando terminé de verlo, no me cupo la menor duda de que aquellos hombres eran de las Tríadas.
—Lo siento, sé que no querías llegar a la misma conclusión que yo, pero…
—Leslie dejó la frase en el aire un par de segundos—.
Pero hay un lado positivo en todo esto: el tatuaje.
Ahora mismo, Lee está revisando todos los tatuajes de dragones que tenemos en los archivos para que el Dr. Fang los examine.
Si conseguimos identificar a ese hombre, tendremos a alguien más con quien hablar.
Podría ser el avance que llevamos tiempo buscando.
—Lo sé, lo sé. Pero es precisamente ese avance lo que me preocupa. No puede traerme buenas noticias.
—Oye, eso no lo sabes. Ahora que creemos que las Tríadas están implicadas, podrían estar detrás de todo esto.
Puede que Po Po esté diciendo la verdad: que Peng no tuviera nada que ver con la muerte de su hermano ni con el otro cuerpo.
Y además, esto vuelve a poner a la banda en el punto de mira por el asesinato de tu marido.
Podrías tener la conexión entre ellos y el asesinato de Peng que te faltó la primera vez.
—Ya lo sé, pero ¿cómo llegaron los cuerpos al edificio? —Levanté las manos—. Todavía me cuesta creer que Peng no supiera nada. Se mire como se mire, es difícil no verlo como cómplice.
—Sí, pero ahora estamos trabajando con una nueva premisa. Quien puso esos cuerpos en el edificio también los sacó del laboratorio.
Me coloqué el pelo detrás de las orejas.
—Vale, supongamos que Peng se entera después de que hay cuerpos en el edificio, y de algún modo descubre que uno de ellos es su hermano, del que estaba distanciado. Ahora se convierte en un cabo suelto.
—Exacto.
—Así que se deshacen de mi marido.
—Exacto —dijo Leslie—. Ahora la única persona que sabe lo de los cuerpos en el edificio es quien los puso ahí.
—El plan era perfecto hasta que empezó la demolición.
—Lo que obligó a esa persona a deshacerse de los cuerpos de una vez por todas.
—¿Sabes qué creo yo que hay detrás del robo de los restos? —pregunté mientras me recostaba en la silla.
Leslie levantó las cejas y negó con la cabeza.
—Alguien no quiere que se descubra la identidad de esas víctimas. Eso podría ser lo que está detrás de todo. Quizá la identidad de los cuerpos... espera, tacha eso... la identidad del segundo cuerpo es lo que puede perjudicar al asesino. No el hecho de que encontraran los cuerpos.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Leslie.
—Hmm, interesante. No lo había enfocado así. Eso explicaría por qué no hicieron nada cuando encontramos el primer cuerpo.
—Y como dije antes, quizá no contaban con que se descubriera el segundo cuerpo.
—Me gusta cada vez más esta teoría. Nada se te escapa, ¿verdad?
Le quité importancia con un gesto de la mano.
—Venga ya, nos retroalimentamos. Yo solo te sirvo para contrastar ideas. Este es tu caso, no el mío.
—¿Sabes qué me gusta de la señorita Abby Kane?
—Ni idea. ¿Por qué no me lo cuentas, señorita Leslie Choi?
—Bueno, aparte de que dejaste tu puesto, lo que me permitió colármelo y quedármelo, con la subida de sueldo que eso conllevó…
—Sí —dije conteniendo la risa—. Dime, dime.
La sonrisa de Leslie se ensanchó.
—Tu amistad genuina y desinteresada.
Noté que se me llenaban los ojos de lágrimas y que se me tensaba el rostro.
—Espera, no llores todavía. Tienes que decir algo bonito sobre por qué soy una buena amiga.
Relajé la expresión, apoyé una mano en la mesa y tamborileé con los dedos.
—¿Ahora mismo?
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¡Sí, ahora!
—Vale, eh… Uf, la presión… Eh, veamos… Bueno… —Me rasqué la cabeza.
—Tienes seis segundos más para disfrutar de mi sinceridad brutal antes de que me retracte —Leslie arrugó la nariz y levantó el puño.
—Vale, vale. En serio, eres la hermana que nunca tuve. No me imagino la vida sin ti —dije, y extendí el meñique—. Hermanas para siempre.
Leslie entrelazó su meñique con el mío. —Amigas del alma para siempre.
—Bien —dije, dando una palmada—. Ahora que hemos relajado el ambiente, atrapemos al hijo de puta responsable de manchar el nombre de Peng.