Kowloon Bay (Thriller del FBI de Abby Kane 6) CAPÍTULO TREINTA Y CINCO
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CAPÍTULO TREINTA Y CINCO

Po Po salió del Mass Transit Railway en la parada de Sham Shui Po y caminó por Cheng Sha Wan Road. Se dirigía a una zona densamente poblada cerca de Po On y Wai Wai Road. Conocía bien el barrio tras haber vivido allí cuatro años con Peng. Y además, su mejor amiga había vivido allí toda la vida.

Sham Shui Po era en gran parte un barrio obrero que rozaba la pobreza, con un grave deterioro urbano, tanto que la Sociedad de Vivienda de Hong Kong lo eligió como su primer proyecto de renovación de la ciudad.

El mercadillo callejero de Apliu Street era popular tanto entre turistas como entre lugareños, al igual que el cercano barrio rojo.

Po Po se abrió paso a duras penas por la estrecha acera abarrotada de vendedores, camiones de reparto aparcados y motocicletas.

El pavimento irregular hacía que su maleta con ruedas rebotara más de lo que le habría gustado mientras sorteaba montones de basura apilados contra los edificios y los postes del tendido telefónico.

Grandes ratas correteaban de un lado a otro entre los montones y los agujeros de los edificios.

Un anciano con muletas escupió una flema verde en la acera cerca de ella.

Nada de eso la amedrentó. Estaba acostumbrada.

Tras quince minutos esquivando, sorteando y bordeando obstáculos, Po Po giró a la derecha por un callejón estrecho que conducía a un patio tranquilo flanqueado por tres pequeños edificios de apartamentos de dos plantas.

Se dirigió a un apartamento en la planta baja del edificio más alejado.

Al llamar, la delgada puerta de madera traqueteó en su marco.

Un instante después, el pomo giró y la puerta se abrió hacia dentro. Una mujer menuda apareció en el umbral.

—Ethel. Pasa —dijo Liu en cantonés.

Una vez dentro, las dos mujeres se abrazaron. —Liu, cuánto tiempo —dijo Po Po.

—Ya lo creo. Deja la maleta aquí. Ya he preparado té —dijo, guiando a Po Po hacia una pequeña mesa en la cocina. El apartamento no era muy grande: una salita, una cocina, un baño y un dormitorio.

Po Po observó a su amiga servir té verde en dos tazas.

—¿Te costó encontrarlo? ¿Tuviste que pedir indicaciones? —preguntó Liu con gesto burlón mientras se sentaba.

Po Po sonrió. —Claro que no. Nunca olvidaré Hong Kong.

Po Po tenía diecinueve años y Liu dieciocho cuando las contrataron como camareras de cócteles en el club de cabaret Cherry Blossom. Un percance con una bandeja de bebidas que se derramó sobre un cliente las unió, y desde entonces habían sido inseparables. Hasta que Po Po se mudó a Estados Unidos.

Las dos mujeres pasaron la hora siguiente poniéndose al día. Po Po habló de la vida en Estados Unidos y de lo agradecidas que estaban de vivir en San Francisco, junto a un gran Chinatown. —Creo que me volvería loca si viviéramos en otro sitio. Chinatown me hace sentir como en casa.

—¿Crees que algún día volverás a Hong Kong?

Negó con la cabeza. —A los niños les encanta vivir allí.

Liu asintió y dio un sorbo a su té. —Tendrán más oportunidades en Estados Unidos.

Tras unos momentos de silencio en los que ambas bebieron su té, Po Po carraspeó. —Abby sabe lo de los padres de Mei.

—¿Qué? ¿Cómo?

—Llevamos a los niños a Shek Kip Mei para que vieran dónde vivió su padre de pequeño. Pasamos por el parque donde Mei solía ir. Bueno, ya conoces a Abby. Empezó a hacer preguntas, y no para hasta saberlo todo.

—Ya sé lo persistente que es.

—Ryan y Lucy no lo saben. Abby coincidió en que era mejor no contárselo.

Liu dejó escapar un suspiro de alivio. —Después de tantos años guardando ese secreto, parte de mí se alegra de que lo sepa. Es una persona menos a la que tengo que mentirle.

Po Po se rio. —Tengo que vivir con ella. No lo va a dejar estar. Tarde o temprano volverá a sacarlo y usará sus técnicas de interrogatorio policial para sonsacarme más.

—¿Qué hay que ocultar ya? El secreto ha salido a la luz. —Liu se recostó en la silla y apoyó las manos entrelazadas en el regazo.

Po Po desvió la mirada y se mordió el labio inferior.

—Ethel, conozco esa cara.

Po Po se removió inquieta en la silla. —¿Sabes lo del esqueleto que encontró la policía en el edificio?

—Claro. Sale en todas las noticias. Lo llaman la Momia Desaparecida. —Liu volvió a buscar la mirada de Po Po—. ¿Ethel?

Po Po respiró hondo y se irguió. —Oí a Leslie Choi hablar de ello con Abby durante la cena.

—Ah, me acuerdo de Leslie. Es tan tenaz como Abby, ¿no?

—Está investigando el caso y descubrió que Peng construyó el edificio. Se lo contó a Abby y luego las dos me preguntaron por ello.

Liu inspiró hondo mientras se llevaba una mano al pecho. —¿Qué les dijiste?

—Les dije que no sabía nada de ese negocio. Que era imposible que Peng tuviera un negocio del que yo no estuviera enterada.

—¿Te creyeron?

—No lo sé —dijo Po Po con la mirada clavada en el suelo.

—Ethel, ¿Leslie dijo algo de si han identificado el cuerpo?

Po Po miró los ojos preocupados de su amiga. —Creo que aún no lo saben.

—¿Y si lo descubren? ¿Qué diremos?

—Eso es lo que me da miedo.