Capítulo Doce #2
—Y ahora que hemos dejado todo eso atrás... —Arqueó las caderas y se deslizó en mis profundidades húmedas—. Déjame mostrarte lo agradecido que estoy.
***
Kass
Un pitido se filtró hasta la parte de mí que siempre permanecía despierta, incluso cuando dormía. Me alertó de que había llegado un nuevo correo a la bandeja de entrada de Tee.
Me resistía a abrir los ojos, receloso de lo que podría encontrar, o mejor dicho, de lo que podría no encontrar. Sentía los brazos llenos, pero existía la posibilidad de que la noche anterior hubiera sido una alucinación. Dios sabía que soñaba con Tee con bastante frecuencia.
Cuando me forcé a abrir los párpados, ella estaba justo ahí, en la cama, acurrucada a mi lado, pegada a mi costado.
Solté un suspiro de alivio. Por si acaso, me incliné y le rocé la sien con los labios.
Sus labios se curvaron en una sonrisa somnolienta y la luz amarilla de sus ojos anunció el amanecer de un nuevo día.
—Buenos días, guapo —dijo mientras deslizaba los dedos por mi mandíbula sin afeitar—. Me encantaría tenerte de desayuno, pero quizá deberíamos revisar ese correo antes de aprovechar la verga... quiero decir... la jornada.
—Supongo que tienes razón —solté una risita ante su descaro, le tomé los dedos y se los besé—. Vuelvo enseguida.
Me escurrí de debajo de ella, salí de la cama y crucé la habitación. Algunos músculos me ardían recordando las acrobacias del día anterior, pero la tensión en los glúteos se la achaqué a Tee.
Esa mujer sabía cómo dejarme agotado. Mantenerla satisfecha era un trabajo a tiempo completo, uno placentero que atesoraba. Sonreí con suficiencia mientras me agachaba a desenchufar su portátil.
—Mm-hmm —dijo Tee, y soltó un silbido de admiración.
Miré por encima del hombro y la pillé devorándome con los ojos sin ningún disimulo.
—¿Se te ofrece algo?
—Ya lo has hecho —sonrió—. Tu culo de alabastro es todo un ejemplar.
—Me alegra que te guste —dije—. Porque el tuyo a mí también me encanta.
—Entonces date prisa y ven aquí, para quitarnos el trabajo de encima y volver a admirar nuestros culos, digo, nuestros encantos.
Riendo, llevé el fino portátil a la cama y se lo pasé a Tee. Había olvidado que era una de las pocas personas en el mundo capaz de hacerme reír sin parar.
Bostezó, se incorporó en la cama y se puso el portátil en el regazo, ajena al efecto que la visión de sus pechos espectaculares y sus pezones erectos provocaba en cierta parte de mi anatomía.
Se mordió el labio inferior, tecleó sus contraseñas y abrió el correo. Me arrodillé junto a la cama, le ordené a mi polla que se estuviera quieta y leí el correo por encima de su hombro.
El remitente no perdió tiempo con saludos. Fue directo al grano.
El código numérico del proveedor de servicios no se refiere a un piloto ni a un avión, sino a un barco. Especificaciones a continuación:
Designación decodificada: Quijote.
Análisis de referencia refinado a la mayor probabilidad regional: Buque de carga Quijote.
Uso: Servicio tramp, carga fraccionada, grano, minerales metálicos, fosfato, cemento.
Carga del barco según manifiesto: Contratado para transportar sacos de pellets de fertilizante.
Propiedad: Desconocida. Navega bajo bandera de conveniencia liberiana.
Ubicación actual: Terminal Petrolera Norte CXX, Lago de Maracaibo.
Destino: Puerto Cortés, Honduras.
Distancia a Puerto Cortés: 1532 millas náuticas.
Velocidad de crucero promedio: 12 nudos
Tiempo estimado en el mar: 5 días
Buena caza.
Seguían las coordenadas exactas de la ubicación actual del barco, junto con imágenes de satélite de las terminales a granel de la petrolera con anotaciones de seguridad.
Me rasqué la barba. Dado el gran despliegue militar que se veía en las fotos, infiltrarse en el puerto iba a ser complicado.
El puerto en cuestión quedaba lejos de nuestra posición actual, al sur del lago. El Quijote estaba atracado al norte de la ciudad, un largo trayecto por carreteras plagadas de controles militares. Llegar hasta allí requeriría tiempo y una planificación cuidadosa.
Según el libro de contabilidad de Arturo, el barco zarparía mañana. Un vistazo rápido al horario de mareas adjunto al correo me confirmó que sería una salida a primera hora. Tenía mucho que hacer antes. El tiempo iba a ser justo.
Pero el correo incluía fotos, mapas e incluso un esquema detallado del Quijote. Era todo lo que un currante como yo necesitaba para planificar una operación de reacción rápida, y más.
Silbé admirado.
—Este tío es bueno.
—El mejor —Tee tocó la pantalla y amplió la imagen.
—Cuando vuelvas a hablar con él, dile que tengo un trabajo para él si le interesa —estudié las fotos ampliadas—. Él solito nos acaba de dar la forma de llegar hasta Zero Tango.
—Recapitulemos —Tee se recostó contra el cabecero—. Arturo está a punto de pasar de contrabando un cargamento de droga oculto en la bodega del Quijote. Se lo entregará a Zero Tango en algún punto de la costa de Honduras.
Mi mujer trabajaba rápido y era una analista de primera.
—El fertilizante puede que vaya destinado a Puerto Cortés —dije—. Pero la droga va a una isla frente a la costa de Honduras, un antiguo puesto militar alquilado a una empresa llamada EchoSat.
Tee frunció el ceño.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque ese es el lugar en el que Jax y yo estábamos a punto de infiltrarnos cuando tu padre llamó para decir que te habían secuestrado.
Hizo un gesto circular con la mano.
—Detalles, por favor.
—Resumiendo —me senté en el borde de la cama, frente a ella—.
Procesamos un montón de información de los mercenarios que nos cargamos cuando Zero Tango ordenó ataques contra mis hermanos.
Lo juntamos todo y conseguimos rastrear a un único pagador que nos llevó a un entramado complejo de empresas pantalla.
Tras ir quitando capa tras capa de relaciones financieras enrevesadas, dimos con el propietario de EchoSat, un magnate muy discreto llamado Gustav Viklund.
Tee frunció más el ceño.
—¿Y quién demonios es Gustav Viklund?
—Es un multimillonario muy reservado, dueño de una de las empresas de satélites más grandes del mundo. Seguimos el rastro de Viklund hasta esa isla.
—Así que la teoría es que Viklund es Zero Tango —concluyó Tee enseguida—. Pero ¿por qué un magnate multimillonario del sector de los satélites estaría tan metido en el narcotráfico?
—Todavía no entiendo la conexión. Podríamos especular con que el narcotráfico es muy rentable.
Quizá sea la verdadera fuente de ingresos que financia el resto de las empresas de Viklund, alias Zero Tango.
Necesitaremos más información para tener una respuesta clara.
Pero me jugaría el cuello a que la isla de EchoSat es el destino de Arturo. Hemos cerrado el círculo.
Tee me sonrió con suficiencia. —Ahora sí que empezamos.
—Estamos. Oh, mierda. Tenía que ser estamos o si no…
Esta era la mujer que había tramado una vida mejor para mis hermanos, para mí.
Sostuve su mirada, ya chispeante.
—Ah, ah, ah. —Agitó el dedo en el aire con aire de superioridad moral—. Ni se te ocurra decirme que vas a hacer esto solo. Si lo haces, te estrangulo aquí mismo, ahora mismo, y ningún jurado me condenaría por matarte.
—Eh, para. —Levanté la mano—. Yo no he dicho eso.
Se echó hacia atrás y me miró, visiblemente sorprendida.
—¿No?
—No. —Tragué saliva—. Iba a hacerte otra pregunta.
Entrecerró los ojos, mirándome fijamente.
—¿Y cuál es?
Miré el hábito de monja colgado en el armario y volví a fijarme en el rostro expectante de Tee. Era hora de evolucionar. Asimilar la idea me costó otro trago amargo, pero entonces me tocó a mí sonreír con suficiencia.
—¿La hermana Rose quiere embarcarse en una aventura loca con el padre Bill?
La sonrisa que me dedicó me deslumbró como un relámpago. Saltó del colchón y, desnuda como Dios la trajo al mundo, me estrujó en un abrazo antes de separarse de nuevo.
—Kass Battleson —dijo, sin dejar de sonreír—. Creí que nunca me lo pedirías.