Kai (Romance militar de héroes alfa nº 13) Epílogo #4
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Epílogo #4

—Eres tan dulce y amable. Y eso que nos dijeron que eras una bruja dura y astuta. Ups.

Hizo una mueca y me miró con los ojos muy abiertos.

—¿Perdón?

—No te disculpes.

Me gustaba su franqueza.

—Dura, astuta y bruja son cumplidos para mí, y tu honestidad me recuerda a... bueno... a mí.

—De una tía dura a otra, salud y bienvenida, hermana perdida de mis hermanas.

Pulsó una última tecla.

—Allá vamos.

—Espera.

Kai había estado rondando cerca, observándome, como si intentara descifrar mis emociones. Se quitó los zapatos y trepó por encima de Missy.

—Perdón. Disculpa. Lo siento.

Se deslizó detrás de mí, apartó las almohadas y se acomodó a mi espalda.

—Estoy aquí —me susurró al oído—. Justo aquí.

Sus brazos me rodearon la cintura, y me sentí bien pertrechada y lista para cualquier tormenta que se nos viniera encima.

—Buena idea, K-man.

Javier se dejó caer junto a Missy y me miró.

—Tu hombre tiene la mejor inteligencia emocional de todo el grupo.

—Qué mono eres.

Missy le plantó un beso en la nariz.

—He madurado mucho, nena.

Javier la cogió en brazos y la sentó en su regazo.

Le dediqué a Javier un leve asentimiento. Le decía que lo veía y lo aprobaba. Él me devolvió el gesto.

Mi colchón crujió con el peso añadido de Dash. Tomó la mano de Thena. A esas alturas, mi cama se resentía bajo el peso de esta nueva familia ensamblada que mis hermanas y yo habíamos formado. Me dio un poco de pena. El único que quedaba de pie era Micah.

—Te invitaría a sentarte en la cama —le dije al grandullón—. Pero no creo que te apeteciera.

—Estoy bastante cómodo de pie.

Micah juntó las manos a la espalda.

No es de los que abrazan. Otro pensamiento aleatorio surgió de la nada. Affie sí lo es.

Antes de que pudiera seguir dándole vueltas a la posibilidad de haberme equivocado, Mina pulsó un icono y el rostro de Padre apareció en la pantalla.

Se me cortó la respiración. Estaba sentado como un rey, mirando a la cámara desde detrás de su escritorio en su cavernoso estudio, dentro de esta misma casa.

Kai me estrechó con más fuerza.

Hacía tanto que no veía a mi padre que su imagen me golpeó como un puñetazo en el estómago, igual que la fuerza que animaba sus expresiones tan familiares. Estaba muerto, pero ahí estaba, con aspecto de estar muy vivo y cabreado, como siempre.

Aunque conservaba la belleza clásica que siempre había impresionado a la alta sociedad, las arrugas alrededor de los ojos, la boca y la frente se le hundían cada vez más en la piel pálida.

Su melena blanca, peinada hacia atrás, le caía sobre el cuello del traje, elegante como siempre, pero un solo mechón le cruzaba la frente, fuera de lugar.

Era un detalle menor, pero no era propio de él.

Reconocí la caja de fotos sobre su escritorio y las venas azules que se marcaban en el dorso de la mano con la que protegía mi caja. La rabia le retorcía la boca y brillaba en su mirada gris. Había visto esa ira antes. En sus ojos, y... en los míos.

Sin pensarlo, invoqué su aura. No apareció. Qué alivio no tener que verla. Estaba muerto. Los muertos no emiten energía.

—Para cuando recibas mi mensaje, estaré de crucero.

Vosotras, chicas, podéis uniros a mí en cualquier momento —comenzó con voz autoritaria—.

Eso también significa que tú, Cersi, recibirás este mensaje.

Podría decir que te llamé porque sabía que tu mente brillante lo entendería, pero da igual dónde estés ahora mismo, sigues siendo una maldita díscola, y no me creerás.

Apreté los dientes.

Kai me acarició el hombro, aliviando parte de la tensión que me atenazaba el cuerpo.

Mi mente se aferró a las palabras de Padre como el metal al imán.

No pude evitarlo. «Crucero de placer» era su código para referirse a su asesinato.

Cuando grabó este mensaje, ya era un prisionero, sentenciado a muerte y esperando a su verdugo.

¿Por qué?

No estaba segura. Lo de que pudiéramos «unirnos a él» significaba que éramos las siguientes. Había mostrado la caja de fotos para confirmar que había escondido el mensaje allí.

—Si esperas que te llame para retirar toda la mierda que dije, bájate del burro —torció el labio superior con esa crueldad tan suya—.

Nunca he sido un tonto sentimental, y me queda poco tiempo.

¿Para qué, de todos modos? Me odias. Tus hermanas me odian.

Me gané vuestro desprecio a pulso. El daño está hecho y al diablo le dará igual.

—Hijo de puta —murmuró Mina con rabia, y luego hizo una mueca—. Ups. ¿Lo he dicho en voz alta?

—Sí —dijo Javier entre dientes—. Todos lo estamos pensando.

La resignación acentuó las arrugas en el rostro de Thena, y los ojos de Missy se oscurecieron, secos, valientes y acerados mientras nos enfrentábamos a nuestro donante de esperma.

Un extraño entumecimiento se apoderó de mí.

Todo lo que decía Padre sonaba a teatro, ensayado, calculado.

Conocía ese tono. Quería algo de nosotras.

De mí.

—Culpad a vuestra madre de que vuestro padre sea una mierda —continuó con su tono cortante—. Ella murió. Me dejó. Cuando lo hizo, si alguna vez hubo algo bueno en mí, se fue con ella. Así que os tocó un padre de mierda. ¿Y qué? Superadlo de una puta vez.

—Incluso desde la tumba, sigue intentando darnos órdenes —murmuró Thena.

—Ya no puede —Dash le acarició el vientre plano distraídamente—. Ya no.

—Cuando termine aquí, devolveré esta baratija fea —Padre dio unos golpecitos en la caja de fotos—.

Si eres tan lista como crees, Cersi, lo descubrirás.

Si te contara todo sobre mi viaje, mi crucero empezaría antes de lo previsto.

Te dejo este mensaje por si no tengo tiempo de reorganizar mi viaje.

Esta es mi única oportunidad de meterte algo en esa cabeza dura. ¿Queda claro?

Lo estaban vigilando. Algún sistema de espionaje interceptaba sus comunicaciones y marcaba ciertas palabras.

Todavía se negaba a aceptar la muerte. Por eso hablaba de «reorganizar» su viaje.

Pensaba que esta podría ser su única oportunidad de sacar el mensaje a escondidas.

Para lograrlo, había engañado a sus captores haciéndoles creer que estaba lidiando conmigo, la problemática de siempre. Y de momento, lo estaba bordando.

—¿Por qué me molesté en hacer nuevos amigos?, te estarás preguntando —continuó Padre—. Tenía pasta de sobra para no preocuparme. Pero no era la pasta lo que querían mis amigos. Lo que querían era mi cooperación, a cambio de algo precioso.

Algo precioso. ¿Qué podría ser?

—Así que sí se unió al NWO —murmuró Dash, con el rostro endurecido—. El muy cabrón traicionó a su país.

—Consiguieron lo necesario para asegurar una colaboración sólida —la furia le tensó la mandíbula a Padre, aunque mantuvo el tono uniforme—. Les di dinero, influencia, acceso. Necesitaba tiempo para decidir un itinerario, pero en cuanto me decidí, todo el maldito asunto se torció.

Me froté los ojos. ¿Qué quería decir con eso?

—No hay perdón para mí —dijo—. Pero si me voy en el crucero y el chico hace su trabajo, mis viajes os darán algo de tiempo.

Intercambié una mirada cómplice con Dash. Él era el «chico». Padre lo había llamado así siempre que quería provocarlo, es decir, casi siempre. Mi padre le había encargado a Dash nuestra protección y, hasta ahora, lo había hecho de maravilla.

—¿Entiendes, Cece? —exigió Padre—. Yo navego para que mi sueño pueda vivir.

¿Su sueño?

—El yate zarpa pronto. Estaréis pensando: ¿por qué tú?

—Padre sacudió la cabeza y tomó aliento—.

Tus hermanas son demasiado débiles. Intenté hacerlas fuertes, duras, inquebrantables, como yo.

Pero fracasé. Thena puede dirigir el conglomerado Astor, pero su integridad se interpone.

Es demasiado honesta y demasiado complaciente para serme útil.

—Él se lo pierde —susurró Dash a Thena—. Nunca llegó a conocer el acero que hay en ti.

—Que me critique es un halago —dijo Thena.

—Affie tiene lo necesario —continuó Padre—.

Pero es una fiestera. Nunca llegará a nada.

En cuanto a Missy, bueno, pobre chica patética.

No hay nada en ella salvo bondad y buen corazón.

Se desmaya con un ¡bu! —agitó las manos en el aire con teatralidad—.

Será la primera en caer. Van a comérsela viva.

—Ángel, ya le has demostrado que estaba equivocado —dijo Javier, antes incluso de que yo pudiera hacerlo—. Eres la viva imagen de la fortaleza silenciosa, y has sobrevivido a los enemigos de tu padre cuando él no pudo.

—Ya no me desmayo, y «ellos» no me comieron viva —la mirada de Missy seguía impasible—. Qué lástima. Padre nunca aprendió que la bondad no es debilidad.

Se me encogía el corazón por ella, por todos mis hermanos, pero a la vez se me henchía de orgullo. ¿Mis hermanas? Eran fuertes, y nada de lo que dijera Padre las destruiría ya.

—Pero tú, Cersi, tú eres diferente —las palabras de Padre me golpearon como un bate en la cabeza—. Contigo tuve éxito. No te dejas pisar por nadie, y eso me incluye a mí. Eres despiadada y sabes defenderte. Tienes una cabeza bien amueblada, y la venganza corre por tus venas. Eres mi obra de arte.

Se me escapó el aire de golpe. ¿Tenía razón? ¿Me había moldeado a su imagen y semejanza?

—Tú no eres como él —el murmullo de Kai destilaba una furia inusual—. Nunca serás como él.

Había estado cerca, pero mi camino se había cruzado con el de Kai, y yo había tomado el control del cincel. Ya no era la obra de arte de Padre. Era mi propia obra, aún por terminar.

—Así que, Cersi, te reto —la intensidad de su mirada me heló las entrañas—. ¿Por qué me voy en un crucero de placer? Ódiame, sí, pero véngame. Redímeme, y sobre todo, mantén vivo mi sueño.

La grabación se cortó. Un silencio espectral cayó sobre la habitación. Lo que Padre había dicho era horrible, y sin embargo, no era nada nuevo. ¿Qué había cambiado?

Lo único fuera de lo normal era que había pedido ayuda.

Mi ayuda.

—¿De qué sueño sigue hablando? —Missy frunció el ceño—. Solo tenía un objetivo: ser el hombre más rico del mundo.