Kai (Romance militar de héroes alfa nº 13) Capítulo Dieciocho #3
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Capítulo Dieciocho #3

No fue hasta sentir la última de sus contracciones que aflojé la presión, y aun así mantuve los dedos dentro de ella.

Deshecha y sin fuerzas, se desplomó sobre la piedra.

Lentamente, deslicé los dedos fuera de ella y la abracé contra mi pecho, acariciándole la espalda, trazando pequeños círculos sobre ella.

Hundió el rostro en el hueco de mi cuello y se acurrucó en mis brazos, todavía sin aliento y temblando. Su cálida humedad me cubría la mano. Era como si hubiera sumergido los dedos en el mar y encontrado la corriente cálida que podía llevarme a casa.

—¿Kai? —susurró—. ¿Quieres que yo...?

—No —solté con más brusquedad de la que pretendía mientras los recuerdos me golpeaban. Era como si un poderoso imán me arrastrara hacia el espacio oscuro y frío de mi cabeza donde la muerte siempre me esperaba.

—¿Kai?

Sacudí la cabeza y me encontré con los ojos de Cece, muy abiertos, fijos en mí. Brillaban con emociones que no tuve tiempo de descifrar mientras me apresuraba a ocultar mis secretos, mi vergüenza, mi dolor.

—Estoy bien, Hechicera.

Mi intento de suavizar el tono resultó en un sonido ahogado y falso.

—La verdad es que no quiero…

Cierra la puta boca, Marine. Es una orden.

¿Qué clase de estupidez me llevó a mentirle así a Cece?

Tristeza. Arrepentimiento. Culpa.

Mi polla se tensó, exigiendo liberación, pero aunque ella se había ofrecido, no podía, no lo haría. Mi cuerpo estaba preparado, pero mi conciencia se interponía. Al final resultó que no estaba listo. Los hombros se me hundieron, derrotado.

Me aferré a ella con todas mis fuerzas, luchando por permanecer en el presente.

Por ahora, su placer tendría que bastar para los dos.

Cece me había permitido tocarla, sentirla, llevarla al clímax.

Era un regalo que me negaba a dar por sentado.

Mi polla estaría frustrada, pero al menos había podido darle la liberación que necesitaba.

Sosteniéndola, embriagado por su aroma y mareado de deseo, sospeché que Cece podría ser la luz que mi abuela había predicho. Reconocí la oportunidad que tenía ante mí, pero... ¿la merecía?

No.

Los recuerdos regresaron para atormentarme, vívidos y crueles. El peso de mis fracasos me golpeó en el estómago. Cerré los ojos y me obligué a respirar pausadamente, apartando los recuerdos de otra puesta de sol en una isla diferente.

Los recuerdos solo se intensificaron, una pesadilla aunque estaba despierto.

El rugido del oleaje. El rostro gris y la mirada vacía que ya no contenía luz.

Mi corazón adolorido latía contra las costillas.

Esta vez, la pesadilla era aún más cruel, porque esos ojos vacíos eran azul plateado, y el rostro sin vida pertenecía a Cece.

Joder, joder, joder.

No es real. Me obligué a controlar la respiración. No está pasando.

Apliqué cada técnica que había aprendido para mantener los recuerdos a raya, todas las prácticas excepto una. Quizás si le contaba a Cece...

Los labios se negaron a obedecerme, pero reuní valor.

Estaba a punto de hablar cuando Cece se zafó de mis brazos, me apartó y se recolocó la ropa. No dijo una palabra. Observé impotente mientras recogía la gorra del suelo. Con la espalda recta como una vara y las cejas fruncidas, comenzó a bajar por el sendero.

¿Había escuchado mis pensamientos? ¿Había percibido mis dudas? ¿Había captado mi agonía? ¿Ya sabía que, a pesar de intentarlo con todas mis fuerzas, no era la persona que ella creía?

Imposible. Nadie, ni siquiera Dagger, conocía mi pasado.

Sacúdetelo, Marine. Ella está bajando sola por el sendero empinado. Muévete.

Pasé a la acción, reuní mi equipo y me apresuré a alcanzarla. Le entregué una linterna frontal y encendí la mía. Intenté entablar conversación, pero ella no habló en absoluto durante el descenso. No me miró a los ojos ni una sola vez.

¿Se arrepentía de lo que había pasado en la cresta? ¿Qué estaría pensando? Demonios, ¿qué estaba yo pensando, sintiendo?

El viejo vacío se abrió dentro de mí y me engulló.

La desolación que me aplastaba el pecho me hizo cuestionar todo el trabajo que había hecho para llegar hasta aquí, mi capacidad de superación, mi determinación de seguir adelante.

Era un Marine, joder, entrenado para luchar por lo que creía, por lo que quería.

Y sin embargo, mientras afrontábamos el empinado descenso y la tierra crujía bajo mis pies, no pude evitar preguntármelo.

Con los recuerdos tan vívidos en mi cabeza, ¿tenía lo necesario para superar a mis fantasmas?

¿O las sombras que atormentaban mi mente me robarían la única oportunidad de vivir y amar de nuevo?

Las viejas dudas lanzaron un asalto en toda regla. ¿Y si no podía proteger a Cece? ¿Y si moría? ¿Y si le fallaba como había fallado a otros antes que a ella?

Al final resultó que no estaba listo. Ni siquiera era sabio, y todo lo que había aprendido se había esfumado. Como hoy había quedado claro, era un impostor. El apodo que Cece usaba para burlarse de mí no me pegaba en absoluto. No era ningún Obi-Kai Kenobi. Solo era Kai el jodido King.