Júlia y los Creadores. Cambiar o Morir 11 De viaje a la placa Petri #2
54%

11 De viaje a la placa Petri #2

Capi le lanzó la roca con premura a su madre y Arquitectura se apresuró a colocarla en su lugar con su mano izquierda mientras que con la derecha se esforzaba al máximo por aguantar el peso del bloque para evitar que toda la construcción se derrumbara.

Cuando la roca de Bonlur volvió a su posición, todas las Bonlurtzragirt que formaban la estructura se dejaron ver emitiendo una potente luz verde al tiempo que esta piedra iba devolviendo todo lo que se había tragado y se iba reconstruyendo de nuevo este peculiar excusado.

—¿Quién ha podido hacer semejante barbaridad? —preguntó Capi.

—A mí solo se me ocurre una opción —contestó Arquitectura pensativa—. Rouna.

—¿Quién es Rouna? —preguntó Júlia.

—Es un Creador oscuro —respondió Karnaut .

—Fue el padre de nuestro hermano Escultura —aclaró Arquitectura—. Quien creaba las armas para cazar. En aquella época, solo le preocupaba que el animal sufriera lo menos posible pero después las usó para todo lo contrario.

—¿Pero cuántos Creadores oscuros hay? —preguntó Júlia histérica—. Y, si está vivo, ¿no ES el padre de Escultura?

—Mira Júlia —dijo Karnaut serio—. Cuando el control de Throuran sobre los animales se desvaneció y mientras Thrithri y los Creadores Superiores reclutaban a los Natura, Rou se abrió paso en nuestro planeta, Arhzlin no fue el único, muchos humanos, incluso algunas Artes, cayeron en la oscuridad.

—Vosotros estaréis muy tranquilos —interrumpió Júlia alterada—, pero yo, cuando voy al baño de mi casa, eso de estar a punto de ser tragada por una piedra no lo veo muy normal —dijo sarcástica—. ¡No sé! ¡A lo mejor me estoy volviendo loca!

—Júlia, mírate, no te ha pasado nada —dijo Karnaut dándole poca importancia.

—¡Otro como Evolución! —exclamó Júlia—. ¿Qué pasa? ¿Que la gabardina os afecta al cerebro? —Arquitectura tuvo que sujetar a Júlia a quién le estaba sobrepasando la situación y se había abalanzado sobre Karnaut sin saber muy bien para qué.

—Vamos a mi cabaña —comentó Arquitectura acariciándole un brazo a Júlia para intentar calmarla—. Allí estaremos más tranquilas —dijo mientras salía con Júlia del baño y le lanzaba una mirada reprobatoria a Karnaut .

Hace muchas páginas que no cuento nada acerca de los Creadores oscuros.

Te hablo de Anthropos y sus seguidores. ¿Recuerdas el polígono industrial abandonado donde se encontraban?

¿Aquella nave cochambrosa que hacía las veces de guarida?

¿La gigantesca máquina que Mecanos construía?

¿Los humanos que Guerra secuestraba y permanecían encerrados y en una especie de trance?

Bien, allí seguían, cada quién en su tarea correspondiente, poniendo todo a punto para poder perpetrar sin fisuras los planes de Anthropos.

Mecanos había logrado terminar su mastodóntico aparato, y se encontraba conectado a él a través del dedo índice de su robótica mano derecha.

Trataba de valorar el estado de su creación; tal como los humanos conectáis máquinas a los ordenadores para evaluar daños, pues Mecanos es su propio ordenador.

Observando a Mecanos y a la espera de recibir órdenes, se encontraban allí Rouna, la personificación de la tortura, un creador oscuro de cuerpo recio, muy parecido a su hijo, Escultura, pero con su cabello de color rojizo; y otro creador oscuro más, Tatuaje, el hermano de Moda.

Si no recuerdo mal, creo que te hablé brevemente de Tatuaje al contarte la historia del origen de Moda; fue a él a quién se le ocurrió la idea de usar su cuerpo como lienzo, pero su hermano Tatuaje se adelantó y le robó la idea.

También te mencioné de pasada su nombre en gluboniano, Leamzzrajin , ¿te resulta familiar?

zrajin significa «piel» y leamz fue la palabra que se acuñó para designar el acto que realizaba Pintura, me refiero a pintar, aunque también da nombre a las creaciones de esta Arte, las pinturas o los dibujos.

Leamzzrajin puede interpretarse literalmente como «pinta pieles».

Tatuaje era pequeño y escuálido y en aquel momento se mostraba cabizbajo y tembloroso al escuchar los gritos que provenía del almacén que Anthropos había habilitado como su despacho.

Guerra y él discutían con vehemencia y Tatuaje alcanzó a escuchar que el motivo de la disputa estaba relacionado con el paso siguiente que debían dar para acercarse un poco más al objetivo final de Anthropos.

En aquella improvisada oficina, Anthropos estaba sentado a su mesa, mirando intensamente, casi sin pestañear y con el ceño fruncido, a Guerra, que se dirigía a él enfurecido.

—¿¡Por qué el robot no nos acompaña!? ¿¡No crees que nos vendría bien!? —preguntó Guerra desafiante como de costumbre. Anthropos se levantó lentamente dando un golpe contra la mesa. Mientras un aura oscura comenzaba a envolver su cuerpo.

—Cómo te atreves. —Anthropos no levantó la voz, pero su tono perverso te helaría la sangre en cuestión de segundos.

Mientras atravesaba a Guerra con la mirada, desde su espalda comenzaron a oírse unos gruñidos aterradores—.

No podemos dejar que Karnaut vea a Mecanos.

—El oso, más bien algo parecido a un oso, que adornaba la espalda de Anthropos empezó a salir de su piel cobrando vida—.

¡Se supone que lo tienen preso! —Anthropos incrementó el volumen de sus palabras y el oso salió definitivamente.

He matizado que el animal que emanó de la espalda de Anthropos era «algo parecido» a un oso porque aquella bestia era un plantígrado que duplicaba el tamaño normal de un úrsido y, además, su pelaje, lejos de estar cubierto por el pelo típico de estos animales, no era tal cosa sino espinas que le daban una apariencia de un puercoespín con las terroríficas fauces de un furioso oso pardo.

Creo que sería bastante acertado otorgarle el nombre de osospín.

—¡Solo piensas en pelear! —El osospín se giró y lanzó un rugido potente que arrastró a Guerra y lo llenó de saliva—. ¡Usa esa neurona por una vez en tu vida! —increpó Anthropos tan fúrico como su oso.

Fuera de ese despacho, Rouna y Tatuaje observaban la escena con atención, mientras Mecanos se mantenía impasible y concentrado en su labor.

Tatuaje, como es lógico, parecía incómodo y muy asustado, pero Rouna, quién también debería estar aterrorizado, mantuvo una fría sonrisa inmisericorde, como si disfrutara de lo que estaba viendo. De hecho, así era.

Guerra no dijo nada más, se pasó la mano por la cara para quitarse el osuno salivazo, dedicó una mirada desafiante a Anthropos y este le respondió lanzándole con desprecio un papel donde aparecía una dirección.

Guerra estrujó el papel y se fue de allí furioso, acompañado de un altivo Rouna y un enclenque Tatuaje.

Cuando se abrieron las puertas de la nave abandonada, se pudo divisar la silueta de un enorme vehículo que se asemejaba a un autobús.

Karnaut siguió a la Elegida y a Arquitectura hasta el jardín de la Hermandad que, desde que Júlia mostró sus respetos a Naturaleza y esta aseveró su alma limpia devolviendo la vida a aquel vergel, rezumaba más vida que nunca y se alzaba en mitad del edificio rebosante de color y alborozo, rociando el ambiente con una eterna primavera fulgurante.

Al mando del caos del baño quedó Capi que, con la firmeza heredada de su madre, reorganizó de nuevo la piscina y comprobó el estado del resto de hermanos y hermanas que también se encontraban allí durante el incidente.

La pequeña cabaña de Arquitectura, que antes destacaba en el centro del patio interior, ahora se perdía entre la frondosidad del jardín de Naturaleza, camuflada entre árboles y plantas trepadoras y con numerosas criaturillas salvaguardándola.

La puerta de la casita era de madera rústica y estaba circundada por unas jambas y un dintel tallados con forma de enredadera.

En el centro, una aldaba también de madera y cincelada con forma de rosa custodiaba la entrada.

Al atravesar el umbral, Júlia quedó pasmada, algo a lo que ya empezaba a acostumbrarse.

Lejos de encontrarse con una choza similar a la cabaña de Zoo, por un momento se creyó en una exposición de modelismo.

Estanterías que se alzaban hasta el techo y varias amplias mesas, exhibían un sinfín de maquetas de todo tipo: estructuras como puentes, templos, teatros, pero también vehículos como autogiros, galeones o carromatos abarcaban todo el lugar y lo impregnaban del olor de la madera típico de una carpintería.

Entre todas las piezas expuestas se dibujaba un gran restirador, situado estratégicamente bajo una de las tres ventanas que iluminaban la estancia, dejando penetrar los rayos de Sol, que ya casi coronaba el cielo, y el canto acalorado de los pájaros bajo su estuoso velo.

Al otro lado de dicha mesa de dibujo, lo que pretendía ser una sala de estar, con un par de sillones acogidos en torno a una pequeña chimenea, se hallaba rodeada de materiales y piezas a medio construir.

Arquitectura sentó a Júlia en un sillón amplio y antiguo, se inclinó juntó a la chimenea y preparó un brebaje que luego le ofreció a la chica, asegurándole que aquella infusión serviría para calmarla y recomponerla del estrés vivido escasos minutos antes.

Debo explicarte que la medicina en el resto de planetas no es como la del tuyo.

Mientras los humanos os limitáis a curar el cuerpo, algunos uormitzrar, que son usuarios del mitz especializados en el elemento uor , sanan a los seres vivos interactuando directamente con la energía de sus cuerpos, puesto que los seres vivos nacen de uno o varios elementos a los que Vida inyectó uor y, por ende, toda vida creada a partir de El Principio estaba constituida por energía.