Jugada Imprudente (Yale University 1) Capítulo Doce #2
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Capítulo Doce #2

Tengo la cabeza hecha un desastre. Porque, por mucho que esté maravillado, también estoy... acalorado. Literalmente. La forma en que salta, la fuerza de sus movimientos, su flexibilidad... Joder, incluso la manera en que sonríe al final.

Mierda. Necesito un minuto. O un balde de agua helada.

Hace una reverencia en señal de agradecimiento. La chica de cabello rizado tiene la boca abierta. ¿Y yo? Soy el primero en levantarme y aplaudir. El público estalla en aplausos y gritos. Sebastian grita algo indecente, obviamente. Pero Chase corre a abrazar a su hermana, ignorándolo.

Ganó. No hay forma de discutirlo. No solo es buena. Es increíble. Incuestionable. Imparable.

Summer anuncia a las elegidas: Madison y una chica llamada Cora, la primera en presentarse.

Cora abraza a Madison. Celebran. Chase llega primero a la cancha y atrae a su hermana hacia un abrazo. Sebastian va justo detrás, dejando caer al suelo su ridículo cartel.

Yo me quedo inmóvil.

—¿No vienes? —pregunta Justin, volviéndose hacia mí.

Ni siquiera recordaba que seguía aquí.

—Yo... no sé. —Mi voz falla. Justin suelta una breve risa, como si supiera algo.

—Desde que llegó a casa, me di cuenta. —Cruza los brazos—. La miras como si el mundo entero desapareciera.

—¿Y qué se supone que significa eso? —replico.

—Que ya estás perdido, amigo. —Me da dos palmadas en el hombro—. Pero tu pequeño secreto sucio está a salvo conmigo.

Me quedo allí unos segundos, completamente sin reacción. Las palabras de Justin todavía resuenan en mi cabeza, dejándome más confundido de lo que me gustaría admitir.

¿Tiene razón? ¿De verdad ya estoy perdido? ¿Eso cambia algo? Me descubro mirando a Madison mientras se ríe con los demás, como si nada más importara. Y quizá, para ella, realmente no importe.

Respiro hondo, decido ignorar toda esta mierda y simplemente voy. Camino hacia ellos en la cancha antes de que mi propia cabeza me impida hacer cualquier cosa.

—Ay, vamos. Mi cartel fue el mejor. —Sebastian hace un puchero.

Ella se ríe. El sonido es dulce y me irrita porque él fue quien lo provocó.

—Fuiste creativo, Sebs. —Le aprieta la mejilla.

Toso a propósito, lo bastante fuerte para que me escuchen.

—Lo hiciste bien, enana —la felicito.

—Gracias, Nathan. —Me mira.

Me llamó por mi nombre. No por mi apellido.

Sonrío de lado. Ella pone los ojos en blanco. Madison lo entendió.

La chica del mechón azul se acerca, pide permiso, dice que necesita presentarle a los chicos del equipo, y se me revuelve el estómago.

Chase intenta impedírselo, pero Mads simplemente lo mira con firmeza. Él cede y asiente.

Creció, y Chase lo sabe. Le pidió disculpas por lo de la fiesta de ayer. Fue maduro. Lo está intentando. Pero eso no cambia el hecho de que seguirá protegiendo a su hermana.

Cuando Enzo, el imbécil del equipo de baloncesto, se acerca a ella, Chase me agarra de la camiseta.

—Nate, no. Solo están hablando.

—¿Hablando, eh? Porque se están riendo —refunfuño, con los ojos clavados en ellos.

—Yo hablaré con Enzo. Pero ustedes deberían hablar con la pelirroja de ahí. —La voz viene de Robbie, que aparece a nuestro lado como siempre: tranquilo, directo, casi invisible hasta que abre la boca.

Es uno de los pocos tipos del equipo de baloncesto a los que realmente respetamos.

Capitán de los Thunderwolves, tiene autoridad y no solo por lo que hace en la cancha.

El apellido Scott pesa, y mucho. Su hermano mayor fue uno de los mejores jugadores de los New York Dragons, una auténtica leyenda incluso después de dejar el equipo.

Eso hace que todos lo traten con admiración, aunque él nunca lo exija.

Físicamente, Robbie llama la atención. Mide casi dos metros, tiene hombros anchos y una presencia que impone respeto sin necesidad de levantar la voz. Siempre lleva una expresión neutra, como si estuviera analizando todo a su alrededor, y unos ojos claros que no revelan demasiado.

Es tranquilo, no se mete en problemas y nunca tuvo esa actitud arrogante que carga el resto del equipo. Aunque es amigo de Enzo, nunca ha justificado sus actitudes. Tal vez por eso todavía hablamos con él y toleramos su presencia.

Chase suspira e intercambia una mirada conmigo y con Robbie.

—Vamos a hablar con ella. Antes de que me arrepienta de no haberle dado un puñetazo a ese idiota —dice, y caminamos hacia la chica que, con una simple sonrisa, consigue poner todo mi mundo patas arriba.

Enzo ya recibió un puñetazo mío en una fiesta cuando decidió abrir la boca para burlarse de nosotros por un partido. No me enorgullezco, pero tampoco me arrepiento.

Desde entonces, el ambiente entre nosotros solo empeoró. De todos ellos, solo soportamos a Robbie porque es sensato, y a Tyler, que es amigo mío. ¿El resto? Un montón de provocadores a los que les encanta jugar con fuego.

Una chica de cabello rubio platinado aparece, tirando de Scott por el brazo, y su sonrisa se ensancha.

—Hola, chicos. Necesito a Robbie un momentito. —Junta las manos en un gesto suplicante.

—Claro, lo que tú quieras, princesa. —Sebastian se acomoda las gafas, sonriendo, pero Robbie se coloca inmediatamente delante de él.

—Ah, aquí no, Donovan. —Su voz sale firme, casi protectora.

Sebastian hace un puchero, provocándolo.

—Guau, Scott, tú no sueles ser celoso. —Le lanza esa sonrisita cargada de segundas intenciones.

Sé exactamente lo que significa. Estos dos idiotas ya han compartido a varias chicas en fiestas. Robbie puede tener cara de buen chico, de puritano, pero de puro no tiene nada.

Y Sebs... bueno, a él le gusta compartir.

También hemos estado con algunas chicas juntos.

Pero por la expresión de Robbie ahora mismo, está claro que Clarice Gilbert, su mejor amiga, está completamente fuera de cualquier juego.

Sí, tiene novio. Pero, sinceramente, su expresión no es la de alguien preocupado por el novio de ella...

sino la de alguien que siente algo más que amistad.

—Vamos, Scott. Necesito que me ayudes con una escena. Mi presentación es la próxima semana. —Clarice hace un puchero y parpadea rápidamente, haciendo temblar sus largas pestañas.

Lo entiendo. Si está enamorado, ¿quién soy yo para juzgarlo?

Quiero decir... ¿yo? ¿Que me estoy consumiendo por dentro viendo a Enzo poner las manos sobre los hombros de Madison?