31
VIOLET HARPER
Me desperté con el sol golpeando suavemente la cortina de mi habitación. El despertador ni siquiera había sonado todavía, pero mi cuerpo ya estaba despierto. Respiré hondo, estiré los brazos por encima de la cabeza y me quedé mirando al techo por unos segundos.
Dos meses atrás, un día normal de clase significaba despertarme temprano, tomar café sola, estudiar un poco antes de las clases y pasar el día entero enfocada en los libros. Hoy… hoy era diferente y ya no sabía si eso era bueno o malo.
Me levanté, me duché y elegí una ropa simple: jeans claros, blusita blanca de manga corta y mis tenis blancos favoritos. Me recogí el cabello en un moño desordenado y me pasé un gloss rápido. Mientras me miraba en el espejo, no pude evitar la sonrisita tonta que apareció.
Ser la novia de Noah Whitmore había cambiado muchas cosas. Incluso mi sueño. Dormía menos, salía más, iba a fiestas que ni imaginaba frecuentar un día… y, en consecuencia, estaba bastante atrasada en las materias.
Tomé mi mochila, tiré los libros que necesitaba devolver y salí del apartamento.
Scarlet todavía estaba durmiendo, ella y Tyler habían estado hablando hasta tarde ayer, así que caminé sola hasta el campus.
El día estaba bonito, el cielo azul sin nubes, y el aire de Westbridge parecía más ligero de lo normal.
Entré en la primera clase del día, Teoría de la Comunicación, y me senté en medio del aula como siempre. La profesora ya estaba hablando sobre algún autor cuyo nombre ni siquiera recordaba. Intenté prestar atención, anoté algunas cosas, pero mi cabeza no paraba de viajar.
Necesitaba entregar un libro en la biblioteca hoy. Lo tenía desde hacía casi tres semanas y la multa ya debía estar alta. El problema era que apenas tenía tiempo de respirar últimamente. Ser “la chica del 27” era más cansado de lo que parecía.
Cuando la clase terminó, tomé mi mochila y caminé por el campus. El césped central estaba lleno de estudiantes esparcidos, algunos estudiando, otros solo conversando. Estaba casi llegando a mi próxima clase cuando lo vi.
Noah.
Estaba apoyado en el árbol grande cerca de la entrada de la biblioteca, conversando con Ryan y Tyler. Usaba una camiseta negra simple, jeans y la gorra de los Wolves puesta hacia atrás. Incluso de lejos, su sonrisa llamaba la atención y cuando me vio, la sonrisa se hizo más grande.
Cambie de dirección sin pensarlo dos veces.
—Hola —dije cuando me acerqué, sonriendo también.
Noah se apartó del árbol y vino hacia mí, pasando el brazo por mi cintura y tirándome para un beso rápido en la boca, justo allí, en medio del campus. No fue un beso largo, pero fue suficiente para que sintiera su olor y el sabor de chicle de menta.
—Hola, mariposita —respondió bajito, solo para mí. Luego miró a los chicos—. Ustedes vayan adelante, los alcanzo.
Ryan se rio y le dio una palmada en la espalda.
—Ve, Whitmore. No llegues tarde al entrenamiento otra vez.
Tyler solo puso los ojos en blanco, pero estaba sonriendo también. Los dos se fueron y Noah volvió toda su atención hacia mí.
—Tienes cara de quien no durmió bien —comentó, pasando el pulgar debajo de mi ojo.
—Porque no dormí bien —admití, suspirando—. Estoy bastante atrasada en las materias, Noah. En serio. Desde que empezamos a estar más… serios, he estado saltando lecturas, dejando trabajos para el último momento… y ahora estoy asfixiada.
Levantó una ceja, curioso.
—¿Y qué quieres que haga, amor?
Me mordí el labio y saqué de la mochila el libro que había estado cargando durante semanas.
—¿Puedes entregar esto en la biblioteca por mí? Iba a llevarlo hoy, pero tengo que ir a la oficina del profesor Mendes a resolver unas cosas y después todavía tengo que estudiar un poco antes de la próxima clase. Si pierdo más tiempo caminando hasta allá…
Noah tomó el libro de mi mano y miró la portada.
—Claro que lo entrego. No es nada.
—Gracias —dije, aliviada. Luego suspiré de nuevo—. Solo necesito ponerme al día con algunas materias. Porque, en serio… desde que me convertí oficialmente en la chica del 27, mi vida se convirtió en un caos organizado. Fiesta, entrenamiento, tú… y los libros quedaron en segundo plano.
Noah se rio. Una risa grave, agradable, de esas que hacían que mi pecho se apretara.
—¿La chica del 27, eh? —repitió, divertido—. Me gusta ese título.
Le di un golpe suave en el pecho.
—¡Deja de reírte! Hablo en serio. Nunca había quedado atrás en las materias y ahora estoy casi reprobando en dos. Esto es culpa tuya, ¿sabías?
—¿Culpa mía? —fingió estar ofendido, pero la sonrisa no se le quitaba del rostro—. Yo te llamé a la fiesta una sola vez. El resto fuiste tú quien quiso ir.
—Porque tú pones esa carita de “ve, ve conmigo” y yo termino cediendo —me quejé, pero también estaba riendo.
Noah se acercó más, sujetó mi barbilla con dos dedos y me dio un beso más largo esta vez. Un beso que hizo que mi estómago diera un salto.
—Te llevo el libro —murmuró contra mis labios—. Y después, si quieres, te ayudo a estudiar. Puedo quedarme calladito en tu casa mientras haces resúmenes. O puedo distraerte. Depende de tu humor.
Me reí contra su boca.
—Eres imposible.
—Y tú me amas por eso.
Le di un último beso, más rápido, y le entregué el libro de una vez.
—Gracias de verdad. ¿Te veo más tarde?
—Seguro, pero tengo entrenamiento, así que paso bastante tarde por tu casa —confirmó, guardando el libro debajo del brazo—. Ve a ponerte al día con las materias, chica del 27. No quiero que mi novia repruebe por mi culpa.
Puse los ojos en blanco, pero estaba sonriendo cuando se alejó. Noah se giró una sola vez, me guiñó un ojo y siguió por el camino hacia la biblioteca.
Me quedé parada allí unos segundos más, viéndolo irse. El día estaba caliente, el campus lleno de vida, y yo… me sentía extrañamente ligera. Incluso atrasada en las materias, incluso con la vida de cabeza desde que empecé a salir con el número 27 de los Wolves… estaba feliz.
Realmente feliz.
Sujeté mi mochila con más fuerza y caminé hacia la próxima clase, todavía con el sabor de su beso en la boca y una sonrisa tonta que ya ni intentaba ocultar.
Ser la chica del 27 tenía sus problemas.
Pero también tenía a Noah.
Y, por ahora, eso era más que suficiente.