22
TENTACIÓN
VIOLET HARPER
Abrí los ojos despacio, sintiendo el peso de un cuerpo extraño a mi lado. Por un segundo, no supe dónde estaba. Entonces todo volvió: la mansión, la cena, su familia… y Noah.
Giré el rostro lentamente.
Él dormía profundamente a mi lado, boca arriba, con el rostro girado hacia mí.
La sábana había bajado hasta la cintura, dejando el abdomen musculoso expuesto.
Mi mirada bajó, casi contra mi voluntad: los abdominales bien definidos, los cuadritos marcados incluso en reposo, la línea de la V que desaparecía bajo la sábana…
y el bulto evidente entre las piernas, grande y pesado incluso mientras dormía.
Tragué saliva.
Dios mío…
Me quedé mirando demasiado tiempo, tiempo suficiente para que mi cuerpo reaccionara, un calor traicionero extendiéndose por mi vientre.
De repente, la voz grave y ronca de sueño de él rompió el silencio:
—¿Disfrutando la vista, Harper?
Di un pequeño salto del susto, casi cayendo de la cama. Noah abrió los ojos, con una sonrisa perezosa y traviesa en los labios.
—¡No seas idiota! —repliqué, sintiendo el rostro arder.
Me levanté de la cama rápido, tomé la primera ropa que vi en la maleta y prácticamente corrí al baño, oyendo su risa baja y grave detrás de mí.
—No necesitas huir de mí, Violet… no muerdo. A menos que me lo pidas.
El desgraciado soltó una buena carcajada.
Cerré la puerta del baño con llave y apoyé la espalda contra la madera, respirando hondo.
Me miré en el espejo y señalé con el dedo a mi reflejo:
—Resiste, Violet. Solo un día más, no puedes caer en la tentación… sobre todo siendo la tentación quien es.
Tomé una ducha casi fría, me vestí con unos jeans y una blusita simple y salí del baño. Noah ya estaba vestido, cabello todavía húmedo, había ido a ducharse en otro cuarto.
—¿Vamos a desayunar? —preguntó, extendiendo la mano.
—Vamos —respondí, entrelazando mis dedos con los suyos.
Bajamos las escaleras despacio. Cuando llegamos al comedor, toda la familia ya estaba allí: Katherine, Richard, Claire y el novio de ella.
—¡Miren a nuestra pareja! —dijo Claire animada, aplaudiendo.
Nos sentamos y desayunamos mientras Katherine contaba historias vergonzosas de cuando Noah era niño.
—Era terrible! Una vez llenó la piscina de patitos de goma y dijo que iba a abrir un zoológico acuático —contó ella, riendo.
Noah puso los ojos en blanco, pero sonreía.
—Mamá, por favor…
Me reí con ellos, sintiendo una extraña sensación de pertenencia que me asustó.
El día pasó más rápido de lo que esperaba. Pasamos la tarde en la sala de juegos, que era enorme y equipada con todo: mesa de billar, flipper, un bar completo. Al comienzo de la noche, cuando el calor todavía era fuerte, Claire sugirió:
—¿Entramos a la piscina? El clima está perfecto!
Me cambié en la habitación y bajé con un bikini rojo que Scarlet había insistido en que llevara. Cuando llegué al área de la piscina, Noah ya estaba allí, solo con un bañador negro.
Dios mío.
Era ridículamente perfecto: hombros anchos, abdomen marcado, esa línea de la V que bajaba… No pude disimular la mirada. Y él tampoco, sus ojos bajaron por mi cuerpo lentamente, deteniéndose en el bikini rojo.
Claire y su novio ya estaban en el agua, y cuando nosotros entramos, ella gritó:
—¡Guerra de espaguetis!
Noah se acercó a mí, se agachó un poco y me levantó sobre sus hombros sin esfuerzo. Mis muslos quedaron a los lados de su cabeza, el contacto de su piel con la mía era caliente.
—Sujétate fuerte, Harper.
La broma estuvo llena de risas. Noah era fuerte, estable y competitivo, y claro que ganamos a Claire y a su novio. Cuando me bajó, nuestros rostros quedaron peligrosamente cerca. Nuestras miradas se encontraron y, como imanes, nuestros labios se tocaron.
Fue un beso calmado, pero intenso. Eso definitivamente ya no era fingimiento. Mis manos fueron a su pecho, las suyas apretaron mi cintura.
Cuando nos separamos, yo estaba sin aliento.
El resto de la noche pasó en un borrón. Cenamos en la terraza, conversamos, reímos, pero mi cabeza no paraba de volver a ese beso en la piscina, que podía intentar engañarme diciendo que fue solo para engañar a sus padres, pero en el fondo sabía que fue porque los dos quisimos.
Me desperté en medio de la noche.
El lado de la cama de Noah estaba vacío. Miré alrededor, él no estaba en la habitación.
Me levanté, me pasé la mano por el cabello y bajé las escaleras guiada por un sonido suave que resonaba por la casa.
Un piano.
Seguí el sonido hasta la biblioteca, la puerta estaba entreabierta, la empujé despacio.
Noah estaba sentado al piano de cola, sin camiseta, solo con un short. Los dedos largos se movían por las teclas con una delicadeza que nunca imaginé que tuviera. La melodía era preciosa, suave… “Can’t Help Falling in Love”, de Elvis Presley.
Me quedé parada en la puerta, admirándolo.
Terminó la canción y levantó la mirada, viéndome.
—¿Espiándome otra vez, Harper? —preguntó, con una sonrisa de medio lado.
—Tocas… —murmuré, entrando en la sala—. Ya sé que hay muchas cosas de ti que todavía no conozco.
—Exacto.
Empezó a tocar de nuevo, más bajo.
—¿Pero Elvis Presley? Es realmente sorprendente.
—Mi padre escuchaba mucho cuando yo era pequeño. Y creo que esta canción es preciosa…
—Es preciosa de verdad —respondí, acercándome.
Sin que lo esperara, Noah me tiró de la cintura, haciéndome sentar encima del piano, mi culo pasando sobre las teclas, haciendo un sonido apagado. Se levantó entre mis piernas, nuestros rostros tan cerca.
Y entonces me besó.
No fue un beso calmado, fue urgente, profundo, lleno de deseo. Sus manos bajaron por mis muslos, apretando mi culo con fuerza. Gemí contra su boca, tirando de él, queriéndolo más cerca, mis piernas rodearon su cintura.
—Te quiero, Harper… —su voz salió ronca, sexy, contra mis labios—. Te quiero de verdad.
Mi cuerpo entero respondió, estaba a punto de decir que sí cuando una voz resonó desde la puerta:
—¡No follen encima del piano de papá, te mata, Noah!
Claire estaba parada en la puerta, riendo alto.
Nos separamos rápidamente, mi rostro ardía de vergüenza.
Salí caminando rápido, pasando por ella casi corriendo en dirección a la habitación, porque ya no confiaba en mí misma. Si Claire no hubiera aparecido… habría dejado que me follara encima de ese piano.
¿Y lo peor?
Me habría gustado.
Al día siguiente, después del desayuno, la hora de irnos llegó más rápido de lo que esperaba.
Estábamos en la entrada de la mansión, al lado del coche de Noah. El cielo estaba despejado y el aire de la mañana en Hollywood Hills era fresco y perfumado. Katherine fue la primera en acercarse, tirándome para un abrazo apretado y largo.
—Violet, fue un enorme placer tenerte aquí —dijo, sujetando mis hombros con cariño—. Eres una chica adorable, inteligente, educada… y consigues lidiar con este hijo mío difícil. Eso ya es un milagro.
Me reí, sintiendo el rostro calentarse.
—Gracias por todo, Katherine. Ustedes fueron muy amables conmigo.
—Nada de eso, ahora eres parte de la familia —dijo, guiñando un ojo—. Y la familia siempre vuelve, puedes venir cuando quieras, ¿vale? Sin necesidad de invitación.
Richard se acercó luego, con ese estilo más reservado suyo, pero la mirada era visiblemente más suave que el primer día.
—Violet —dijo, extendiendo la mano. La apreté con firmeza—. Fue un placer conocerte de verdad. Mi hijo tiene suerte. Y yo… bueno, espero que esto no haya sido solo una visita, eres bienvenida siempre.
Me quedé sin palabras por un segundo, sentí un nudo en la garganta, porque en realidad les estaba mintiendo, todo esto era una farsa, aun así sonreí.
—Muchas gracias, Sr. Whitmore. Yo… me gustó mucho estar aquí.
—Richard —corrigió, con una media sonrisa—. Y el placer fue nuestro.
Claire fue la última. Me dio un abrazo fuerte, casi levantándome del suelo.
—Sabía que eras perfecta para él —susurró en mi oído, solo para que yo escuchara—. Se queda bobo cuando te mira, nunca lo vi así con nadie, de hecho nunca había traído a nadie aquí. Cuídalo, ¿vale? Y vuelve pronto, porque necesito a alguien para burlarme de él conmigo.
Me reí, apretándola de vuelta.
—Puedes estar tranquila.
Noah estuvo a mi lado todo el tiempo, callado, solo observando. Cuando finalmente entramos en el coche, todavía sentía el calor de esos abrazos. Por primera vez en mucho tiempo, no me sentí como una intrusa. Me sentí… parte de algo.
Mientras Noah conducía de vuelta a la universidad, me quedé en silencio un buen rato, mirando por la ventana.
—Tu familia es increíble —dije bajito, sin mirarlo.
Me miró y sonrió.
—Les gustaste —dijo simplemente—. De verdad, mi madre no para de hablar de ti desde ayer. Mi padre… bueno, él no elogia a nadie y tú conseguiste sacarle un “eres bienvenida siempre”. Eso es raro.
Giré el rostro hacia él, sintiendo el pecho apretarse de una forma buena.
—Yo también me gustaron ellos. Fue… bueno estar allí. Me sentí en casa de una forma que no esperaba.
Noah sonrió de nuevo.
—Entonces vuelve cuando quieras, conmigo o sin mí. La puerta siempre va a estar abierta para ti.
No respondí con palabras, solo sonreí de vuelta y me quedé mirando por la ventana, con una sonrisa pequeña y verdadera en el rostro.
Noah condujo en silencio la mayor parte del resto del camino, a veces me mostraba algo en el paisaje. Cuando nos detuvimos frente a mi apartamento, apagó el motor y se giró hacia mí.
—Gracias por haber venido conmigo.
—Yo te agradezco —respondí, intentando sonreír—. Tu familia es… genial.
Sujetó mi mano.
—Violet…
—No —interrumpí suavemente—. Todavía no, necesito pensar.
Asintió, respetando mi espacio.
—Está bien, cuando quieras hablar, estoy aquí.
Bajé del coche y él también. Noah sacó mi maleta del maletero y antes de tomarla, lo miré una vez más.
—Adiós, Whitmore.
—Adiós, Harper.
Tomé la maleta y entré al edificio, el corazón latiendo tan rápido que podría jurar que Noah podía oírlo.
Porque sabía que, después de este fin de semana, fingir se iba a volver cada vez más difícil.