John Hayes: Libros 1–3 Capítulo 81
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Capítulo 81

DOS MESES DESPUÉS.

J ohn abrió la puerta con su tarjeta y entró en la habitación del hotel, quitándose las zapatillas de correr de una patada en la entrada.

—Ya he vuelto.

Adriana levantó la vista del escritorio donde estaba trabajando en su portátil.

—¿Qué tal ha ido?

—Bien. He corrido en la cinta del gimnasio. En Dubái hace demasiado calor en esta época del año para correr fuera. —John se acercó y le dio un beso en la frente.

—¡Oye, que estás todo sudado!

—Sí, me ducharé en cuanto me enfríe un poco. —John se dirigió a la cocinita, abrió la nevera y sacó una botella de agua fría. Desenroscó el tapón, se bebió media botella de un trago y se apoyó en la encimera.

—¿En qué estás trabajando?

—¿Has visto las noticias? Mira esto. —Adriana le giró la pantalla.

—Un segundo. —John cogió una toalla de mano del baño, se secó el sudor de la cara y se acercó, inclinándose para mirar la pantalla.

—El Bangkok Post de hoy. Mira.

John leyó el titular:

Detenido un alto mando de la policía en la investigación en curso sobre el campo de refugiados.

Volvió la cabeza y sonrió a Adriana.

—Por fin.

El general de policía Paween Thawonsiri fue detenido ayer por su implicación en el tráfico ilegal de refugiados musulmanes rohinyás y migrantes económicos.

El general Thawonsiri es el último de una serie de arrestos de alto nivel, que incluyen a cuatro funcionarios de la administración, siete políticos locales y cinco policías, desde el descubrimiento del campo de detención en la selva de la provincia de Satun.

La investigación sobre los campos de detención en la frontera entre Tailandia y Malasia ha cobrado mayor urgencia tras una serie de artículos de la periodista de investigación Adriana D’Silva…

—Bien hecho —dijo John sonriendo y abrazó a Adriana.

…que sacaron a la luz la dramática situación de los refugiados en Tailandia y su explotación por parte de traficantes y una red de policías y funcionarios corruptos.

La presión de gobiernos extranjeros y el intenso cabildeo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, junto con la amenaza del Departamento de Estado de EE.

UU. de rebajar la calificación de Tailandia del Nivel 2 al Nivel 3 en su informe anual sobre la Trata de Personas, han impulsado a las autoridades a actuar y han dado lugar a las últimas detenciones.

John se enderezó, se giró y apoyó el trasero en el escritorio, mirando a Adriana con orgullo y sonriendo.

—Lo has hecho muy bien.

—No —negó Adriana con la cabeza—. Hemos sido los dos.

John asintió lentamente.

—Por desgracia, probablemente no se detendrá del todo. La gente es cruel y codiciosa, pero creo que se lo hemos puesto mucho más difícil.

—Eso espero. —Adriana extendió la mano y le dio un apretón en la suya—. Oye, eso no es todo. He recibido un correo de Amira. Mira. —Cambió de ventana en el portátil y John se giró para echar un vistazo.

—Mira, ella y Zaara se han matriculado en un colegio de Chittagong. Mira, ha enviado fotos. Aquí están delante de su nueva casa.

Sintió una cálida sensación en su interior y sonrió.

—Parecen felices.

—Sí, y todo gracias a ti. —Adriana le rodeó las piernas con un brazo y lo abrazó—. Eres un buen hombre, John Hayes.

John no respondió; le puso la mano en el hombro, se lo apretó y se apartó.

Adriana, con expresión perpleja, lo vio caminar hacia el baño, preguntándose qué habría dicho que estuviera mal.

Un momento después, John asomó la cabeza por la puerta del baño y le dedicó una media sonrisa.

—Voy a darme una ducha y luego nos vamos a celebrarlo.