Capítulo 42
S erían las siete cuando sonó el telefonillo de John y este le abrió a Adriana. John la esperaba antes y le extrañaba que llegase tan tarde. La había llamado, pero le había saltado el buzón de voz.
Adriana entró con la cara sonrojada por el calor y el pelo, que normalmente llevaba bien peinado, recogido en un moño deshecho en lo alto de la cabeza. Soltó el bolso en el suelo junto a la puerta y se desplomó en el sofá con un suspiro mientras John y Amira la observaban.
—¿Un día duro? —preguntó John.
—Y que lo digas. —Adriana se quitó los zapatos, echó la cabeza hacia atrás contra el sofá y cerró los ojos.
Amira fue a la cocina a por un vaso de agua fría. —Señora —dijo, y le pasó el vaso a Adriana antes de sentarse a sus pies con las piernas cruzadas.
Adriana abrió los ojos y sonrió. —Gracias, Amira. —Bebió un sorbo y luego miró a John, que seguía observándola con el ceño ligeramente fruncido.
—Creo que voy a necesitar algo un poco más fuerte, John.
John asintió, esbozó una media sonrisa y se dirigió a la cocina. Sacó la botella de Botanist, preparó dos gin-tonics bien cargados y regresó al sofá.
—Toma. —Le pasó el vaso a Adriana y luego se sentó en el sillón mientras ella daba un largo trago.
—Ah, necesitaba esto.
John bebió un sorbo de su copa mientras la observaba, esperando a que dijera algo más. Ella dio otro sorbo, dejó el vaso en la mesita y miró primero a Amira y después a John.
—Creo que me están siguiendo.